El ayuntamiento naufraga ante los intereses de los Mares
Se afirma, de manera recurrente, que el municipio es la célula política básica, que es la institución cercana a los ciudadanos, la que está más a la mano de los vecinos de una población o conjunto de pequeñas comunidades. Es palabrería pura, como también que el cabildo protege los intereses mayoritarios y con mucha atención.
Podemos decir que tanto los alcaldes como los regidores y los síndicos en muy buena medida se dedican a la molicie y a recibir jugosas percepciones, en ocasiones sin hacer absolutamente nada.
Eso se pondrá a prueba en estos días en que el ayuntamiento de Chihuahua, que capitanea Marco Bonilla, resuelva si enajena un bien del dominio público municipal en favor de la cadena de supermercados propiedad de la familia del empresario Leopoldo Mares Delgado.
Se trata de una cuadra de la calle Bustamante que desemboca en la avenida Universidad, justo en la lateral de lo que fue Futurama, cuyo edificio emblemático fue demolido recientemente.
Se habla de un precio que dice sustentarse, sospechosamente, en meros criterios catastrales y comerciales de 18 millones de pesos. De confirmarse esta venta, la ciudad perdería una parte de una calle transitable hasta hace unos días.
Como suele suceder, la información empieza a correr a cuentagotas, y hasta donde se sabe, será a mediados de esta semana cuando se tome la decisión de sacar de la órbita municipal ese bien para transferirlo a manos privadas.
Sin ver con prejuicio el planteamiento, la realidad es que se está presentando como un hecho consumado. En agencias informales seguramente que ya se tomó la decisión. Ahora de lo que se trata es de vestirla de legalidad. Tanto es así que ya la empresa comercial de los Mares tomó posesión del inmueble.
No es, y creo no será, la última vez que estemos ante un problema similar. Ha habido otros y siempre el sacrificio mayor ha sido para la comunidad, y los dividendos para la clase privilegiada.
A su vez, el municipio no dialogó con la ciudadanía, tal y como sucedió con la edificación del llamado Museo de Arte Contemporáneo, obra ante la que un grupo de ciudadanos formuló sólidos argumentos, no contra la idea de contar con un museo de esa naturaleza, sino sobre la pertinencia de esta obra en un viejo inmueble, ubicado entre Bolívar e Independencia, que no cubre los estándares internacionales.
En este caso, el municipio ciertamente escuchó a una comisión, pero los interlocutores dijeron un par de cosas concluyentes: uno, la decisión ya estaba tomada y nada la cambiaría, y dos, los representantes del gobierno municipal, sin pudor alguno, se declararon ignorantes de lo que es un museo con esas características.
Ahora está más fácil de comprender. Se favorecen los intereses de los compradores y sus proyectos de expansión, o por razones sólidas se privilegia que ese bien continúe como una calle necesaria para un sector amplio de la ciudad de Chihuahua.
La decisión oficial se tomará en breve, al margen de toda consulta y, como sucede, favoreciendo el interés privado de los de siempre.
Cuando todo esto haya pasado, no me extrañaría que los regidores morenistas comparezcan a cortar el listón inaugural, como lo vimos en el caso del museo.


