Raúl Gómez Ramírez: vocación por la política
“La distancia entre la vida vivida y la vida imaginada constituye una de las formas más hondas de la soledad”.
—Fernando Sandoval Salinas
Confieso que de un tiempo a esta parte me gusta leer biografías de pequeños y grandes seres humanos, con todo lo relativo que sean estos conceptos. Toda una vida que trasciende a la colectividad cercana, tiene espesor, y en la medida de lo posible se somete a la valoración de los historiadores y de otras ramas del saber humano.
La obra de Fernando Sandoval Salinas, Profesor Raúl Gómez Ramírez. La voluntad de no rendirse, rescata para la memoria a un personaje de nuestra historia que vivió en tiempos de crisis y que no rehuyó el compromiso por su acendrada vocación por la política.
Sandoval Salinas no es, de ninguna manera, un improvisado en la tarea. Se advierte que ha hurgado en la obra de grandes autores como Braudel, Broch y el mexicano Luis González y González, famoso por fundar aquí la microhistoria, que nos presenta como un ente vivo su terruño, San José de Gracia, una ventana desde el microcosmos para observar a toda una nación.
Sin dogmatismos ni facciosidades académicas, reviste gran utilidad que los autores nos den a conocer sus orientaciones en torno a la historia, como ciencia o como disciplina. Así los entendemos mejor.
En la historia no sólo están los grandes héroes, los que al final logran el bronce y el mármol, sino también esas personas discretas que con su acción, su sencillez, su capacidad de escuchar y su ejemplo, contribuyen a que las mejores causas de una sociedad vayan avanzando, al menos en la visión de los ideales que se sustentan.
En este sentido, hablar del profesor Raúl Gómez Ramírez es adentrarse en un árbol genealógico cuyos raíces vienen desde el México colonial, la Independencia, la Reforma, la Intervención francesa, el porfiriato y la aurora que para muchos desheredados representó la Revolución mexicana de 1910 que, a decir de la época, tuvo en la Constitución de 1917 su más nítido programa en todos los órdenes de la vida del país.
Dar testimonio de un personaje de esta talla, como lo hace el autor, es penetrar en el escenario del pueblo de Saucillo, de su gente, de su atmósfera, de los ríos Conchos y San Pedro, de una vida bucólica al centro sur del estado de Chihuahua, para comprender el origen de una voluntad de redención, que nació en un hogar humilde y ha trascendido hasta nuestros días y que formó parte de una familia que reivindicaba una mejor vida material y espiritual en el ámbito rural.
Sus orígenes le dotaron de un sentido de justicia que no tenía bien delimitadas las vías para hacerla posible. La lucha por la tierra, a final de cuentas, lo que sería la orientación de una reforma agraria, no estuvo totalmente definida en la voluntad de los gobernantes. Chihuahua tenía una realidad distinta a la de Morelos, por ejemplo. La Constitución establecía muy claramente los mecanismos de la expropiación para el reparto agrario a través de la restitución y dotación de tierras y aguas para los campesinos.
Pero esos preceptos constitucionales en el Chihuahua de los años veinte se expresaban de manera diferente en los tiempos de Álvaro Obregón y en los de Plutarco Elías Calles, o en los de Lázaro Cárdenas, quien optó por la vía ejidal, llevando justicia a lo que sería el ejido de Saucillo, coronando el anhelado triunfo del liderazgo del padre y la madre del joven Raúl.
Esta familia fue prototípica en más de un sentido porque en ella se abrigaron profundos anhelos de superación que formaron profesionales en el ámbito de la educación, la medicina y otras actividades. De entre ellos destaca la figura de Pablo Gómez Ramírez, maestro y médico que murió en el intento de tomar el cuartel de Madera en 1965 al lado de un puñado de hombres capitaneados por Arturo Gámiz García.
Recomiendo la lectura de este libro porque recrea, precisamente, el contexto íntimo de esta familia y su trascendencia en la vida política y social de esa etapa histórica del país, integrando el paisaje natural donde se desarrolló. De ahí que estén presentes, también como personajes, el murmullo de los ríos y acequias, el polvo de los caminos, los cielos azules y abiertos, y la vegetación del desierto compartida con la exuberancia que poblaba la ribera de los ríos.


La lucha por la tierra a partir del cardenismo y de la proclamación de la educación socialista no se entienden sin el papel que jugó el Estado a través de las Normales rurales y de sus maestros y maestras, quienes se convirtieron en actores y líderes del reclamo agrario. Es el caso de Arturo Gámiz, según la visión certera que el politólogo Arnaldo Córdova expuso con brillantez en Cuadernos Políticos (1), la gran revista mexicana de editorial Era, y por extensión, a mi modo de ver, Raúl Gómez Ramírez. Esto es parte de la lucha campesina en Chihuahua que culminó una fase a finales de septiembre de 1963 con momentos conmovedores que el autor del libro describe con hondura y elegancia.
Otros han examinado los contrastes entre esa vía ejidal y la que se experimentó con la construcción de una obra hidráulica tan importante en Chihuahua como el sistema de riego 05 y la fundación de Delicias con una economía agrícola, capitalista y vinculada al mercado mundial en la posguerra.
Hasta ese momento la represión hizo víctima al profesor Gómez de un destierro laboral a Ojinaga, Chihuahua, a donde finalmente se trasladó y lugar donde recibió la noticia del Asalto al cuartel de Madera y del deceso de su querido hermano Pablo con el que había corrido en paralelo en la familia y sus mayores por las causas sociales asociadas al agrarismo.
Conviene señalar que el profesor Raúl Gómez Ramírez, a lo largo de su vida, fue teniendo un desempeño político que fue más allá de las luchas agrarias. Como maestro, en los lugares donde trabajaba, se integraba a las comunidades, asistiendo a la población en los más diversos aspectos, siempre con bonhomía y solidaridad. Eso está vivo en el recuerdo de quienes lo conocimos.
Pero hay una faceta que el libro narra y que es de una riqueza fundamental. Cierto que el origen estuvo en la tierras ribereñas del Conchos en Saucillo, pero las puertas que se abrieron al profesor Gómez, a partir de su estancia como alumno en la Normal de Salaices, víctima a su tiempo de la represión de Gustavo Díaz Ordaz, lo llevaron a una visión política mucho más amplia e integral. Y así lo vemos como fundador del Partido Popular de Vicente Lombardo Toledano en 1948, y un año después de la UGOCM, lo que lo ubicó durante mucho tiempo en una izquierda de anhelos socialistas alimentados por la existencia de la URSS y su campo de hegemonía.
Pero se trataba de un partido que hacía política en un país muy complejo, porque había desarrollado una revolución social que siempre fue difícil caracterizar, de tal manera que el PP tenía un pie adentro del Estado mexicano y otro afuera en las luchas agrarias y obreras, aparte de que no fue el único partido de izquierda existente en el país. Lo que está claro es que Raúl Gómez nunca optó por ingresar al Partido Comunista, de corte marcadamente estalinista, como seguramente no tuvo tampoco militancia en el henriquismo, que hizo crisis precisamente en la región donde operaba la familia Gómez Ramírez con actividades agrarias y políticas.
En efecto, en esa zona de Delicias, un pequeño grupo armado se rebeló e intentó tomar, el 14 de enero de 1954, el cuartel militar, luego de la ola de inconformidades con el gobierno federal y con el PRI, por la elección de Adolfo Ruiz Cortines en 1952, y el descarte del general Miguel Henríquez Guzmán y su Federación de Partidos del Pueblo, con el que pretendió la Presidencia de la república en ese año y alcanzó 579 mil 745 votos, un 15.87% del total.
En ese intento murieron Emiliano Laing, exalcalde de Delicias, y Rosendo Pérez, quien fuera candidato al mismo cargo.
Siendo diferente este levantamiento al de 1965 en Madera, tiene para el balance de la familia Gómez Ramírez que fue en su región, a pocos kilómetros de Saucillo y con ciertas similitudes, porque la familia priista en el poder transgredía los apartados sociales y políticos de la Constitución de 1917.
De su estancia en el PP, que después se asumió socialista, viene la apuesta del profesor Raúl Gomez por las vías políticas para cambiar al país y sus inocultables simpatías por la participación electoral como una palanca para obtener las metas de una nueva visión social para México con sentido nacional y antiimperialista.
A su tiempo, el profesor Raúl Gómez se divorció del ya PPS, por su actitud servil al gobierno, más aún cuando apoyó a Díaz Ordaz para su elección y luego en 1968. Después se reencontró con las vertientes que representaron las unificaciones de la izquierda mexicana bajo las banderas del Partido Socialista Unificado de México (PSUM), posteriormente del Partido Mexicano Socialista (PMS) y, a la postre, del cardenismo, que encarnó en el Partido de la Revolución Democrática (PRD). Fue fundador de partidos, dedicó gran parte de su vida activa al ámbito político y, a mi juicio, reivindicó las sendas no violentas para transformar al país.
Perteneció, de inicio, al Comité de Defensa Popular, que se fundó a iniciativa de la sociedad de alumnos de la Escuela de Derecho de la Universidad Autónoma de Chihuahua. Fue maestro en la Escuela Preparatoria de la misma universidad a la hora del golpe exterminatorio en contra de la misma. Y como miembro de la comisión mixta de alumnos y maestros, él y yo firmamos las relaciones de estudio que ninguna autoridad reconoció como válidas, salvo las instituciones educativas del Ejército.
Para mí, su compañía cotidiana en el PRD fue vital. Su apoyo a mi candidatura a gobernador en 1992 fue esencial, como invaluable su acucioso trabajo a la hora de vertebrar la primera iniciativa popular de naturaleza política que se ha propuesto en la república en materia de anticorrupción. En lo personal, me dispensaron a mí y a Irma Campos Madrigal su cariño imperecedero, incluido el de la infaltable doña Cuca, su mujer, a quien le pedía café con cinco cucharadas de azúcar y la indicación de que no la mezclara.
Estos pasajes biográficos pueden descubrirse, de muy diversas maneras, en el libro que recomiendo para su lectura.
El título de esta obra nos habla de una voluntad de no rendirse en Raúl Gómez Ramírez. Se puede entender, también, como el optimismo de la voluntad sin el cual, como en este caso, cualquier empresa política se torna inalcanzable. Hay riesgos y hay que correrlos. Tanto esta voluntad como este optimismo suelen generarse de manera espontánea en los que se adentran en las luchas políticas de alta peligrosidad, como asumirse revolucionario en un país como México, antes, en aquel tiempo, y aun ahora.
No es que a esa enseñanza se llegue de los libros a la acción, pero los libros lo han dicho de manera clara cuando se trata de definir la vocación política, y en este contexto, el profesor Raúl Gómez es un claro ejemplo de un hombre que supo decir, en términos weberianos, “sin embargo”, y siempre caminó hacia adelante. Es de los seres humanos imprescindibles. Y en esto no hay un metro que ponga a unos en las alturas y a otros en escalas menores, aunque siempre la distancia más honda de la soledad no deja de hacerse presente a la hora de los balances, como el que seguramente hizo el profesor Gómez, y ahora, el autor con la celebración de este libro.
O como lo dijo el marxista Gueorgui Plejánov, “no son sólo los ‘iniciadores’, los ‘grandes’ hombres, los que tiene abierto ante sí un ancho campo de acción, sino todos los que tienen ojos para ver, oídos para oír y corazón para amar a su prójimo. El concepto de grandes es relativo. En sentido moral, es grande todo aquel que, como dice la expresión evangélica, ‘sacrifica su vida por el prójimo’”.
Es la historia de Raúl Gómez Ramírez.
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SANDOVAL Salinas, Fernando. Profesor Raúl Gómez Ramírez. La voluntad de no rendirse. Editorial Movimiento de Expansión Literaria. 2026. Chihuahua, México.
1. “La política del Estado y la política de la izquierda mexicana, confluyeron hacia un mismo designio: cumplir con las tareas que se había fijado la Revolución y, entre estas, con tres fundamentales que eran la consolidación del régimen revolucionario, la realización de la reforma agraria y la nacionalización de los recursos naturales en manos del capitalismo externo (…). Nombre como los de Arturo Gámiz, Genero Vázquez y Lucio Cabañas, resumen y sintetizan la continuación de esa tradición de lucha, y hoy como ayer los jóvenes estudiantes de las Normales rurales, reunidos en la Federación de Estudiantes Campesinos Socialistas de México, siguen siendo una promesa para el futuro de nuestro país (Edición número 2, diciembre 1977. Pp. 89,92)


