México y Cuba: criminalización del periodismo; Musacchio lo vivió en carne propia
Hay acontecimientos en la vida que aunque se sepan provocan dolor, y existen otros que, por su reiteración, causan indignación. Y eso ha sido lo que para muchos ha significado una doble noticia esta semana que concluye: la muerte del periodista y escritor sonorense, Humberto Musacchio, y la detención de otra periodista más en la intolerante y represiva Cuba de los Castro y Díaz Canel.
En el caso de Musacchio, fundador de La Jornada y autor de innumerables libros imprescindibles como los cuatros tomos del Diccionario Enciclopédico de México, Historia del periodismo cultural en México, o ¿Quién es quién en la política mexicana?, su insigne pluma se apaga porque a sus 83 años algo, en un hombre tan intelectualmente inquieto tenía que ocurrir.
Dos países, dos realidades que a veces se tocan. En México, Musacchio, de padre italiano y madre mexicana, se convirtió en un referente del periodismo, no sólo cultural, al que dedicó gran parte de su vida, sino a la crítica política.
Lo hizo, por ejemplo, cuando fue director de Cultura en el periódico El Universal, allá por la década de los setenta. Un par de artículos críticos sobre el escritor Martin Luis Guzmán, que había justificado el 68 de Díaz Ordaz, le valió su puesto, pero ya a manos de Luis Echeverría.
Ya más recientemente corrió la misma suerte que muchos otros periodistas que mantuvieron la crítica por encima de las geografías ideológicas de la política nacional: chocar con un sector de la izquierda mexicana por sus críticas hacia el gobierno de Andrés Manuel López Obrador, un censurador y persecutor nato del periodismo que, desde su propio designio, considera insana y adversa.
En esta misma columna di cuenta del libro que Musacchio presentó en febrero pasado, ¡Cállense! Los nuevos rostros de la censura, en el que recoge, digamos, una especie de muestras de 43 entrevistas con autores de notas, artículos, cartones, para evidenciar la censura del nuevo régimen a cargo de la Cuatroté.
A Musacchio algunos colegas lo acusaban de traición, pero entero y firme, siempre dijo que el periodista tiene que “alejarse del poder, sea de izquierdas o de derechas”.
Y no muy lejos de México, en Cuba, la periodista Yoani Sánchez, fundadora y directora de 14ymedio, fue secuestrada durante la mañana del jueves por la policía del régimen que hoy “dirige” Díaz Canel cuando salía de su casa, ubicada en el municipio Plaza de la Revolución.
Sánchez alcanzó a escribir unas cuantas palabras desde su celular, avisando a sus conocidos sobre su detención arbitaria, pero nueve horas más tarde, tras ignorar su paradero y debido a las presiones de periodistas, fue liberada. Su paso por las crujías, dijo después, le sirvieron para conocer de cerca que las instalaciones policiales “son utilizadas como instrumentos de represión política, al servicio de quienes persiguen y castigan el ejercicio de las libertades ciudadanas”.

No es el único caso reciente. Dos días antes, el pasado martes 3 de noviembre, la periodista Camila Acosta fue esposada violentamente y subida en una patrulla cuando llevaba a su mascota al veterinario, según denunció su esposo, escritor y expreso político, Ángel Santiesteban. Camila fue liberada, pero duró varias horas en el reclusorio, aunque advertida por las autoridades de la isla a través de un acta oficial en la que le ordenan no volver a difundir imágenes de un funcionario público, so pena de enfrentar cargos por el delito “contra la intimidad personal”.
Cualquier parecido con las reformas oficialistas en México (le llaman “ley anti meme”), no es coincidencia, porque la altanería gubernamental ha conducido a una soberbia tal en la que hasta el director del Fondo de Cultura Económica, Paco Ignacio Taibo II se asume con licencia, sin reparo alguno y sin sanción administrativa o legal, para “mandar a chingar a su madre” a los jóvenes que representan a la oposición política, a quienes acusa, simplonamente y por esa misma razón, “de derecha”.
El caso de Camila Acosta también es muy parecido al de su colega cubana Anna Bensi, solamente que ella la condenaros a dos años de “limitación de la libertad”.
Los casos de censura del régimen cubano pueden irse contabilizando, tanto como los trabajadores de los medios de comunicación y periodistas que “exhiben” en las mañaneras de la Cuatroté porque no se ajustan a sus criterios informativos y propósitos “transformadores”.
Se dice que es exagerado afirmar que México sigue políticamente una ruta similar a la de Venezuela, pero en el caso cubano contra la prensa, esas vías se han superado en el cuerno de la abundancia que administra Claudia Sheinbaum y en territorios donde gobiernan, por ejemplo, personajes como Rocío Nahle García, donde no detienen a los periodistas, sino que los matan. Por todo el país, la censura se paga con sangre.
Por eso digo que la muerte de Musacchio provoca dolor, y la represión a periodistas en Cuba causa indignación.


