Chantajes de ‘partidos satélite’ hoy salen más caros
Cuando López Obrador y los suyos (digo suyos porque los concibe de su propiedad) decidieron fundar MORENA, no marcaron un proyecto que hiciera deslinde en cuanto a los adherentes potenciales y se dedicaron a reclutar a ton ni son.
Así llegaron al llamado partido-movimiento los sobrantes, renegados y chapulines priistas, panistas, perredistas, evangélicos, delincuentes, charros sindicales y hasta enemigos de la sociedad, como Manuel Bartlett Díaz, quien se benefició en la jefatura de la Comisión Federal de Electricidad.
En la conciencia pública ya ocupa un lugar importante la convicción de que se coludieron con el narcotráfico para financiar sus campañas. Hasta aquí nada que no se sepa.
En ese camino los que integraron la coalición “Juntos Haremos Historia”, que llevó a la Presidencia de López Obrador en 2018, fueron piezas importantes, como el Partido del Trabajo (PT) y, de facto, el Partido Verde (PV), entre otros. Ambos partidos, verdaderos mercenarios, han sido muy diestros para recibir oxígeno suplementario que los mantenga con vida. Lo mismo han sido aliados del PRI como del PAN cuando ambos han ocupado el poder, ya sea en las esferas federales y no se diga en las legislaturas estatales, donde siempre se han vendido al mejor postor y estado a disposición del gobernador en turno.
Esto ha contribuido a la crisis actual de los partidos en México que abarca al conjunto, quiero decir, incluido MORENA.
Hoy estamos viendo de manera más que clara que el PT, que medra de MORENA, está recogiendo los muertos que este partido va dejando en los estados en la selección de sus candidatos llamados “coordinadores”. Hay un quiebre que aún no se puede medir en todas sus consecuencias, pero lo que sí puede verse es que el gerente nacional del PT, Alberto Anaya, y el coordinador de los diputados federales, Reginaldo Sandoval, andan en la pepena de los náufragos que ha producido MORENA, ahora que todo lo confía a las encuestas y a las alianzas turbias en las entidades.
La militancia misma empieza a darse cuenta de que MORENA se está desintegrando como muégano aglutinador, porque no hay nada que le dé solidez a la coalición que hasta ahora encabeza. En otras palabras, al PT se le da el trato de “partido satélite” que se ha ganado a pulso desde hace mucho tiempo.
El PT Ha vivido de reciclar nefastas o fallidas candidaturas, como la que se intentó en Coahuila hace años, cuando le dieron cobijo al prepotente Ricardo Mejía Berdeja. Ahora, vistos los resultados de la selección de candidaturas, han echado sus redes para pescar aspirantes defenestrados.
Por ejemplo, en Michoacán le ofrecen cobijo a Raúl Morón tras la designación de Carlos Torres Piña; en Zacatecas apoyan abiertamente a la petista Geovanna Bañuelos y a inconformes del estado tras el nombramiento de Verónica Díaz; en Quintana Roo han extendido la invitación a Rafael Marín Mollinedo; mientras que en Chihuahua están dispuestos a respaldar a la senadora Andrea Chávez si eventualmente los resultados de esas bufonescas encuestas no le favorecen.
Dicen los morenistas que son diferentes. En realidad sus aliados están recibiendo el trato que se merecen, similar al que el PRI le imponía al PPS, al PARM, al PST y luego al PFCRN, a los que desde viejos tiempos se les conocía como “partidos satélite”.
Hoy estas alianzas son más costosas. Antes valían unas cuantas diputaciones, locales y federales, algunas regidurías y hasta una presidencia de algún municipio olvidado. En estos tiempos se cobra con más curules y hasta con gubernaturas. Pero para los efectos, se trata de la misma porquería.


