Osvaldo Rodríguez y Javier Corral restañan heridas por enésima ocasión
Hay un aforismo jurídico que muchos abogados presumen frecuentemente: “A confesión de parte, relevo de prueba”. Acabamos de ser testigos de que los diarios de Osvaldo Rodríguez Borunda son ejemplos rotundos de la miseria periodística que padecemos en Chihuahua.
Porque convenía a sus intereses, desde el 2019 El Diario propaló fechorías que adjudicó al entonces gobernador Javier Corral por la adquisición, con malas artes, de un bien inmueble contiguo a otro de su propiedad.
Con la lentitud de una tortuga, siete años después El Diario publicó el domingo pasado:
“En la publicación de fecha 19 de septiembre de 2019 señalamos que el exgobernador encabezó personalmente abuso, corrupción, robo, despojo y otras denominaciones de ilegalidad, sin contar a esa fecha con toda la información disponible por nuestros periodistas, puesto que el 24 de septiembre de 2019 mostró en una entrevista en el Canal 28 de la ciudad de Chihuahua el contrato de promesa de compraventa, razón por la cual, no podemos sostener dichas afirmaciones”.
El Diario cayó en el pragmatismo que alguna vez el científico Albert Einstein describió: “Si los hechos no encajan con la teoría, cambia los hechos”. Es decir, durante esos siete años El Diario mantuvo una narrativa que debió servir al usufructo de ciertos intereses; y luego cambió la versión, ciertamente obligado por un acuerdo de conciliación con Corral, avalado por una corte estadounidense, tras la demanda de difamación que el hoy senador interpuso en su momento en El Paso, Texas.
Quizá su demanda la promovió en una corte del vecino país porque la información se publicó en la edición del periódico en aquella ciudad fronteriza, lo cual no es argumento suficiente sobre un hecho ocurrido en tierra juarense. O el nuevo Corral morenista no confía en la justicia nacional, a pesar de ser el actual presidente de la Comisión de Justicia del Senado, o actuó como el ciudadano norteamericano que es. Quién lo sabe.
Aunque no podemos reducirnos a esto, la pugna obedece en buena medida a las personalidades y temperamentos que ambos han mostrado a lo largo de los años, lo que debiera tenernos sin cuidado, si no fuera porque trascienden a la vida pública y afectan a la sociedad, unos como comunicadores sesgados, otros como políticos arrogantes y sin principios.
Hoy, visceralmente, se han “conciliado”. Tal vez mañana, por enésima ocasión, vuelvan a batirse en duelo, si quieren, como ya lo han mostrado antes del suceso referido.
El problema en realidad es de interés público, porque ambos involucrados tienen deudas con la sociedad que no se pueden arreglar con una amigable composición. No puede quedar en un mero asunto de orden privado el hecho de que El Diario mintió (como lo ha hecho con otras personas), que lo reconoce y lo arregló sin que sepamos el contenido de tal arreglo. ¿Hubo dinero? Se involucran otros propósitos que están ocurriendo ahora en el reacomodo de las élites en el poder. Javier Corral tiene por su parte una causa penal abierta que los tribunales tendrán, tarde o temprano, que resolver, en su favor o en contra.
Tampoco hay que pasar por alto que quien fuera su secretario de Hacienda, Arturo Fuentes Vélez, se ha sustraído a la acción de la justicia por su intervención como funcionario público en una negación leonina con la banca, que de ninguna manera se entiende sin el acuerdo, incluso explícito, del que fuera gobernador quinquenal.
El Diario vive del erario, de los muchos millones con que el gobierno lo subsidia, porque ya es inviable como empresa, tanto en lo periodístico como en la industria que representa. Si no fuera por el oxígeno monetario del gobierno del estado, hace tiempo que habría cerrado sus puertas. Económicamente, pues, no es rentable; periodísticamente no es confiable, y políticamente, después de confesar que en siete años no fueron capaces de observar un asunto simplísimo y de la cotidianidad abogadil, es lógico pensar que se sostiene como mero mecanismo persuasor de que estamos bien. Y a esa actividad dedica todo su tiempo, causando grave perjuicio a la sociedad. Ahora se quieren presentar ante nosotros como las buenas personas.
La falta de El Diario es tanto o más equiparable a lo que recientemente cometió El Universal con una falsa entrevista entre el escritor Carlos Monsiváis y Andrés Manuel López Obrador. Ese medio admitió el error y fue condenado, principalmente en los círculos morenistas. Ojalá el reclamo a Rodríguez Borunda sea igual de contundente y no termine con un simple “me equivoqué”, y borrón y cuenta nueva.
Creo que eso jamás lo conciliarán con sus escasos lectores. Algo se cocina para otras traiciones que vendrán de parte del exgobernador Javier Corral, que ahora puede quedar bien en las páginas del periódico de Osvaldo Rodríguez, pero no puede transitar libremente por las calles de Chihuahua sin ser increpado, justa o injustamente.
Por lo demás, ya sabíamos que ambos son así.


