Con Julián LeBarón tropieza Somos México en Chihuahua
El nuevo partido político Somos México empezó con el pie izquierdo en Chihuahua. Los ciudadanos no sabemos qué balance hayan hecho que los llevó a la conclusión de postular a Julián LeBarón para el gobierno del estado en la elección de 2027. Es más, ni siquiera se sabe en esta región quiénes integran ese partido, al que únicamente se asocia a Gustavo Madero Muñoz, que por pericia debiera estar distante, dado el desprestigio que se ganó dentro del PAN y durante el nefasto quinquenio de Javier Corral.
Si en Chihuahua repugnan las campañas anticipadas de MORENA y el PAN, que ya van para dos años, y más el centralismo que ofende cuando todo viene de un pequeño círculo lejano a la entidad, más molesta que el nuevo partido, que se asume como verdadero demócrata, intempestivamente ya tenga candidato elegido unilateralmente. ¿Cómo?, ¿por qué? Ojalá algún día se devele el secreto.
Se presentó a LeBarón en una conferencia de prensa que no dio oportunidad a los nuevos adherentes de la etnia rarámuri, como el pianista Romeyno Gutiérrez, ni a los representantes de la comunidad menonita. Todos los reflectores y el ambiente festivo fueron para LeBarón.
Van a continuación algunas notas que espero sirvan para justipreciar a este personaje en esta empresa con la que se le ha favorecido y que es incoherente con los juicios que él ha emitido en sus críticas a los modus operandi de la clase política mexicana.
Julián LeBarón pertenece a la comunidad mormona que se estableció a finales del siglo XIX en los municipios del noroeste de Chihuahua, principalmente Casas Grandes y hoy Nuevo Casas Grandes. A Galeana llegaron después quienes se escindieron de aquellos que no quisieron continuar con la ortodoxia religiosa que permitía la poligamia. En ese sentido, Julián forma parte de un fundamentalismo religioso cristiano.
Saltó a la escena nacional cuando se sumó a la lucha No+ Sangre que emprendió el escritor y exsacerdote católico Javier Sicilia durante la “guerra” calderonista contra el narco. Seguramente una de las afinidades entre ambos personajes se puede encontrar precisamente en la religión, en el cristianismo que cada cual profesa a su manera. Nunca se han hecho públicas las verdaderas razones de la separación LeBarón-Sicilia.
Consecuentes con la ética protestante y reformadora que profesan los mormones y que tienen al trabajo en un lugar central en sus vidas, representan el capital que ha explotado personas y recursos naturales en esa zona durante años. Se mueven en el país como un clan que siempre opera en favor de sus propios intereses, mientras tienen la mirada siempre apuntando hacia Estados Unidos con el fin de autoprotegerse, incluso apelando a su intervención.
En medio de la tragedia que padecieron en Bavispe, Sonora, hace casi siete años, algunos huyeron en caravana hacia Estados Unidos, portando banderas estadounidenses y despotricando contra los gobiernos mexicanos y solicitando el apoyo norteamericano. El propio Julián ha enviado a su familia a Montana, tras las amenazas que ha recibido repetidamente de grupos criminales que nunca se han identificado plenamente.
Los LeBarón han sido acosados frecuentemente y han sido víctimas de la delincuencia, y eso ha exacerbado su sentido de autoprotección comunitaria: se han armado y se mantienen a la defensiva contra quien ingrese a sus tierras, como la ocasión en que El Barzón, en pleno corralismo, trató de penetrar sus cultivos acusándolos de sobreexplotar un área ciertamente afectada por la sequía mediante pozos supuestamente ilegales.
En esa línea se inscribe la pretensión de obtener una autonomía, con tufo separatista, cuando hace cinco años reclamaron mediante un juicio ser declarados como una comunidad equiparable a los pueblos indígenas u originarios. Pero el Tribunal Electoral del Estado rechazó en 2023 la no procedencia de dicha demanda. Su intención es, en el fondo, el autogobierno y aplicar los recursos directos proporcionalmente entre el número de habitantes en el municipio de Galeana.
Todo el discurso de Julián LeBarón, ungido como candidato de Somos México, encabezado por el experredista Acosta Naranjo, está articulada en la derecha política. Y en esa geografía, donde Somos México no se define claramente, sino más bien se ubica en el pragmatismo, LeBarón encaja solamente como opositor, pero con un perfil de hombre de derecha, adicto a la acción.
Esto significa que Somos México ha desplegado una tarea recolectora de líderes regionales para afrontar sus primeras elecciones en 2027, en una actitud tan utilitaria como la que usó López Obrador cuando preparaba su triunfo en 2018, con la pesquisa de partidos conservadores y evangélicos como el PES (revivido ahora como PAZ) y otros actores, miembros y dirigentes de partidos satélite.
Un protagonista de discurso “popular”, bronco, directo, sin rodeos, que recuerda el rancio foxismo, puede lograr, en su elección inaugural, las primeras curules, como para irse instalando en el debate nacional en tribuna y de ahí aspirar a más. La especie de “heroicidad” que le han adjudicado los medios nacionales, lo han convertido en un candidato atractivo, pero sobre todo por ser un férreo opositor a la Cuatroté. Y esos son los personajes de los que Somos México está echando mano. Un poco más de lo mismo.
La identidad ideológica, consciente o inconsciente de Julián LeBarón, empata con la que ejerce el panismo en el poder hoy en el estado de Chihuahua. Los valores de la familia (el cuidado y protección de su propia familia), de su comunidad, agotan casi todo el espectro de sus propósitos, esa es toda su defensa; y de ahí, sólo de rebote, construye una narrativa para hablar de inseguridad, de economía, a través de “tener acuerdos” y mejores relaciones con Estados Unidos.
¿Hasta qué grado un candidato como LeBarón es útil para contener la tendencia hegemónica de MORENA o la continuidad de los valores que defiende el panismo regresivo de Jorge Romero y de Maru Campos en el estado?
Tengo para mí que Somos México inició tropezándose en Chihuahua.


