Olson, el peligro vikingo
Soy un iluso, pero hay cosas que no cambian. Hoy les hablaré de una reliquia ancestral, de origen vikingo, que vive entre nosotros. Me refiero al diputado local panista Carlos Olson San Vicente, que se ha esmerado en sostener, incoherentemente, pues no se puede de otra manera, la agenda política ultra conservadora que se ha refugiado en un PAN cada vez más cercano a postulados fascistoides.
En los tiempos en los que el clamor es la interrupción legal del embarazo, la clonación, la eutanasia y el matrimonio igualitario, él se aferra a sus convicciones estrictamente privadas y personales, desentendiéndose de la naturaleza eminentemente pública que agitan las demandas de una sociedad plural y diversa.
Insisto que soy un ingenuo porque le voy a recomendar al diputado Olson, heredero de ancestros, la lectura de un libro de Mary Warnock que se titula Guía ética para personas inteligentes. Quisiera que lo leyera con atención, pero más que modificara su actual desempeño público y se ajustara a los principios constitucionales que se suponen vigentes en la república y que él protestó cumplir y hacer cumplir. El le llamaría juramento, pero ni así lo cumple.
Recordemos dos principios rectores en este tema: en primer lugar la definición de que vivimos en un Estado laico, que permite la convivencia entre convicciones diferentes sin la imposición de ninguna; y la otra, que hay una ley para prevenir y eliminar todo tipo de discriminación que, pienso, él como legislador sabe de su existencia.
La señora Mary Warnock formó parte de la Cámara los Lores y presidió el Comité de Fertilización Humana y Embriología (1982-1984) cuyo trabajo fundamentó la Ley de Fertilización Humana y Embriología de 1990, y con ello se regularon las técnicas de reproducción asistida y la investigación con embriones.
Además fue filósofa, gran académica, parte de instituciones de primer nivel en el ámbito de la educación y las ciencias, con lo que quiero decir que sabía de lo hablaba y de lo que escribía, apartándose de la pedestre praxis legislativa de Carlos Olson, quien sólo está pendiente del legado de los antepasados.
La científica británica nos brinda estos dos párrafos contenidos en su obra referida, con los que me propongo redimir al legislador local:
“Cuando las personas se convierten en legisladores o políticos, asumen nuevas responsabilidades. Tienen que ejercer la razón y la prudencia con el fin de prever las consecuencias que tendrán las medidas que proponen para todo el mundo, lo cual incluye a los grupos minoritarios. Esto no significa que puedan ser completamente maquiavélicos, dejando a un lado la sensibilidad de la moral por el éxito de su modo de gobernar, sino que hay una serie de juicios morales o decisiones que no están autorizados a hacer, decisiones que una persona podría tomar a título privado sobre la amistad, el amor o el deseo de sacrificarse por los demás y, por descontado, también otras que surjan de la indignación o de la lástima”.
“Además, tienen el deber de explicar porqué han llegado a una determinada conclusión ya que es necesario que se vea que piensan racionalmente; y, en un contexto público, esto significa decir que ha de verse que han reflexionado sobre las consecuencias a largo plazo de lo que proponen; ha de verse también que han adoptado una posición firme y coherente, no únicamente porque, si así se percibe, impulsará sus carreras políticas, sino porque la sociedad necesita de verdad un gobierno firme y basado en unos principios. Así pues, el solapamiento o mutua interrelación ente lo público y lo privado entra en juego cuando se articulan los principios y cuando se tienen en cuenta abiertamente las consecuencias que tendrán las decisiones que se tomen para la sociedad en su conjunto”.
Lo más probable es no logre mover ni un milímetro la actitud del diputado Olson, quien tendría que aprenderle mucho a los vikingos, sobre todo en su forma de resolver los conflictos internos, mediante asambleas y leyes para todos.
Pero parece que de ellos sólo hereda el saqueo.


