Éranse dos diputadas a sendas narices pegadas
“¡Y encima aquella historia de la nariz! ¡Del primitivo órgano del olfato, el más bajo de los sentidos! Como si el infierno oliera a azufre y el paraíso a incienso y mirra”.
—Patrick Suskind
Las diputadas locales de MORENA en Puebla, Nayeli Salvatori y Graciela “Grace” Palomares, aman del pueblo bueno y sabio sus votos, pero no les gusta el “olor a baúl” de las personas de la tercera edad. En otras palabras, se deslindan de los aromas del famoso pueblo raso con el que se llenaba la boca López Obrador en sus discursos.
De sobra está decir que es un desprecio clasista, que demuestra nula pericia política para tratar sin discriminación a buena parte de la población, incluso para ellas y sus compañeros de legislatura, porque el “olor a baúl” arranca, según la ciencia, a partir de los 30 años.
Ya no extraña que los morenistas, por ejemplo Gerardo Fernández Noroña o Arturo Ávila, sean banal noticia por el empleo irresponsable de sus vocabularios y actitudes de soberbia y desprecio. Creen que siempre van a estar en la cima del poder y que eso les autoriza a conducirse de manera tan despreciable y distante de los ideales que dicen profesar.
Que las personas de la tercera edad transpiren un olor especial tiene que ver con la biología y la ciencia lo explica: el característico olor asociado a la edad avanzada no es falta de higiene, sino el resultado de un compuesto químico natural en la piel llamado 2-nonenal.
No es una hormona, sino una molécula (un aldehído) que se forma en la superficie de la piel y se origina cuando los ácidos grasos de las glándulas sebáceas se oxidan de manera natural (proceso conocido como peroxidación lipídica). A medida que envejecemos, el cuerpo produce menos antioxidantes naturales y cambian las secreciones de la piel, lo que facilita que este compuesto aparezca. Obvio que puede haber otros factores ligados indefectiblemente a la pobreza.
Sea cual sea el destino de este dueto legislativo, las sancione o no el partido MORENA, el hecho habla muy claramente de que la sumatoria que han hecho para construir su poder, no está modulada por el discernimiento racional y político, sino por la banalidad, las ocurrencias y la búsqueda del poder, independientemente de a quién se le entrega, en este caso a un par de mujeres poblanas clasistas, discriminatorias, elitistas y, por lo que se ve, muy afectas al Chanel número 5.
Tengo por seguro que ni siquiera se han tomado la molestia de leer obras eruditas sobre la historia de los olores, su impacto en el amor y el erotismo, y mucho menos que se hayan asomado al poema de Baudelaire en Las flores del mal que tituló Correspondencias:
Hay perfumes frescos como carnes de niños,
suaves cual los oboes, verdes como las praderas,
y otros, corrompidos, ricos y triunfantes…
Pero eso ya es otro tema.


