MORENA Cruzifica a Chihuahua
Nunca había visto en Chihuahua una lucha por la gubernatura como la que escenifica MORENA en estos días. Con el cetro partidario en la mano, Cruz Pérez Cuéllar sostiene una rivalidad contra Andrea Chávez Treviño –la defenestrada del día– que alcanza niveles increíbles, siendo integrantes del mismo partido. Directa e indirectamente se dijeron de todo y no ha habido ningún miligramo de debate serio que nos indicara para qué buscan el preciado cargo. Así es cuando el poder se busca por el poder mismo.
Es un patrón que tenemos en presencia, típico de los partidos que se autoarrogan la calidad de centros únicos de la disputa por el poder, sin más ni más, aunque digan tener los mejores y más altos ideales, justo como sucede en los totalitarismos. En el centro no está una futura batalla electoral; se piensa que eso viene adosado a un triunfo indefectible que se ve como un trámite más.
El encono desmesurado, que se trasladó a las redes sociales, no se vio, insisto, como una preparación para una futura competencia electoral, y para este par de morenistas fue primordial aparentar que la lucha real únicamente está confinada al partido de Estado, fundado por Andrés Manuel López Obrador. A eso contribuye la ausencia de oposiciones.
Lo que vendrá después puede esperar, de ahí que no hay en su riña asomo de proyecto alguno. Así son los partidos de aliento autoritario, y de ahí, también, que las crónicas de la pugna se hayan centrado en las señales, los guiños, aparecer retratados en las selfies con los poderosos, los mensajes cifrados, y por eso la política como ejercicio democrático a años luz de distancia.
Esto no importa a los rijosos morenistas, como tampoco les importan los ciudadanos, hoy convertidos en siervos o clientes. No duden, a eso se le llama ejercicio cupular del poder. Lo que importa es lo que venga de las alturas, donde todo se decide. En las apariencias, las buenas encuestas para tomar decisiones se presentan como virtuosas, pero los acuerdos definitivos los toman las camarillas que poco o nada de arraigo tienen en el estado, y sí mucho resentimiento y rencores, como los que acompañan a Ariadna Montiel en este balcón del país.
Cruz Pérez Cuéllar es el granuja convertido en candidato y Andrea Chávez el simple “relevo generacional” del más rancio oficio de tipo priista. Hoy sufre un temprano desdén que le ha de enseñar que su partido no es otra cosa que un instrumento muy difícil de derrotar, sólo armada de una retórica vacía y soberbia. Hoy es derrotada, y con ella una izquierda chihuahuense marcada por el sino del fracaso, entre otras causas por no hacer la tarea y haber renunciado al mínimo que toda izquierda debe depositar en el ejercicio de la crítica para su construcción sólida.
Pero no hagamos grandes a estas personas del morenismo. El problema no es Pérez Cuéllar ni Chávez Treviño. El problema se llama MORENA, instrumento del poder, avasallante cuando es necesario y que sin límites de ninguna especie estará dispuesta a ganar Chihuahua al costo que sea, con pandilleros y mañas de origen priista y otras formaciones políticas, con empresarios que sólo protegen sus bienes, con hombres carentes de toda barrera moral que se interponga en el ejercicio de una democracia instrumental sólo a modo del poder, sin ningún propósito, inspirado en las necesidades y sentimientos de la gente.
Por eso hoy Cruz Pérez Cuéllar se regodea y Andrea Chávez se declara “soldado” de Claudia Sheinbaum, pues sabe que los elogios abyectos de hoy abonan a permanecer en la senda de la nomenclatura en construcción.
MORENA es a conveniencia partido y movimiento, y se muestra cuando el más ruin utilitarismo facilita sus decisiones. Como partido compite hegemónicamente por el poder y en esa tarea no hay espacio para la militancia, que está pintada de ausencia. El más cínico éxito es el metro de su ética, si algo hay de esta. Y como movimiento permite el más siniestro reclutamiento de cuadros, y su experiencia dicta que le es indispensable que haya puertas abiertas a politicastros, traidores, personajes de lo más putrefacto de la clase política del antiguo régimen.
En la oscuridad oculta, no renuncia a los apoyos ni a los financiamientos del crimen organizado, que dicho sea de paso, ensombreció a la señora Chávez Treviño, quien creció al abrigo del grupo Tabasco y su Barredora.
En MORENA la corrupción política ha cobrado normalidad, garantizada con la impunidad y la justicia selectiva de un país en el que se ha concentrado todo el poder en una Presidencia compartida, que ha venido después de la destrucción del modelo constitucional que se diseñó para la existencia de la división de poderes, los consiguientes balances y contrapesos, y presuponiendo que existen ciudadanos y partidos libres. ¡Ese es el problema de fondo!
Esto es lo que sumariamente está en juego. Ahí no hay barruntos de política sino tenebrismo puro, y por tanto, lo principal, la tarea inmediata, es cómo encarar el peligro que nos amenaza. Esa es la cuestión.
Difícil, mas no imposible, y Cruz Pérez Cuéllar se torna, regionalmente, en la más siniestra metáfora para explicar a los chihuahuenses a dónde nos hemos derrumbado.
Hoy MORENA cuenta en su favor que no tiene una oposición partidaria seria y consistente. Eso es cierto. Pero está la apuesta por la fuerza ciudadana y la lucha cívica abiertas como una opción ineludible.


