Columna

Menos presupuesto a cultura en 2027

En México el tema de la oferta cultural aparece constantemente en boca de las burocracias que gobiernan el país, y sólo de vez en cuando surge uno que otro destello que parecieran justificar el trabajo de las instituciones encargadas del tema.

Sin embargo, a nivel presupuestario la realidad es otra. Los rubros asignados año con año no encajan con los discursos que intentan mostrar preocupación, disposición y acción al respecto. Eso lo revelan, por ejemplo algunos estudios de organizaciones sociales, hoy llamadas think tanks, un gabinete estratégico que literalmente se traduce del inglés como “centro de pensamiento», o ya más sofisticado, “laboratorio de ideas”, una herencia de la Segunda Guerra Mundial cuando había necesidad de contar –y nombrar– con una sala segura en la que se diseñaban planes estratégicos. 

Pues uno de estos think tanks mexicano es Fundar, una vieja agrupación pero con renovados estrategas en sus puestos directivos, creada en el centro del país por la académica Helena Hofbauer en 1999 y que ha tenido entre sus miembros a politólogos y analistas como Sergio Aguayo, Olga Pellicer, o el ya fallecido derechohumanista Rodolfo Stavenhagen, quien fuera relator de la ONU, entre otros, algunos vinculados también al Colegio de México. En fin, Fundar es una una organización civil muy consolidada en el país, con un cuarto de siglo de existencia, dedicada al análisis de las políticas públicas, los temas de transparencia, la rendición de cuentas, los derechos humanos y el comportamiento legislativo, entre otras tareas.

Así, los resultados de su análisis al Paquete Económico de México para 2027, dados a conocer la semana pasada, revelan que el gobierno federal busca ampliar la participación de las personas en la vida cultural del país, pero el Presupuesto 2027 equivaldría a destinar apenas 155 pesos por persona, es decir, lo que cuesta hoy la suscripción de un mes a un servicio de streaming. 

Otro dato que expone las verdaderas metas de la administración en manos de la Cuatroté está contenido en el comparativo que Fundar explica de esta manera:

“Mientras la cultura aporta 2.8% del Producto Interno Bruto, el gobierno invierte a penas 0.05% del PIB”. Para 2027, agrega, el Presupuesto “mantiene la inercia de los últimos años: aumento de 1.1% para la Secretaría de Cultura y 1.3% para la subfunción cultura. Tan sólo en el caso de la Secretaría, el 54% se destinará a servicios personales y 29% a gastos de operación”. La inercia, dice, se refleja en la precarización laboral del sector, lo que dificulta el sostenimiento de recintos culturales y la protección del patrimonio.

En números, la organización expone que instituciones dedicadas al patrimonio y las arte tendrán reducciones el próximo año fiscal, lo que, afirma, “contraviene el principio de no regresividad y compromete la conservación de monumentos y enseñanza artística”. 

Por ejemplo, el INAH recibirá 5 mil 603 millones de pesos, lo que representa un 2.9 por ciento menos que el presupuesto anterior. Lo mismo ocurre con el supuestamente reformado INBAL, que tendrá para su gasto 4 mil 940 millones, o sea 3.6 por ciento menos para el 2027. A su vez para la Subsecretaría de Desarrollo Cultural se tienen contemplados 184 millones de pesos, lo que significa un 74.4 por ciento menos para ejercer el año entrante.

Otras reducciones importantes se detectaron en Paquete Económico proyectado por la administración Sheinbaum: Servicios educativos culturales (-35.8%); protección y conservación del patrimonio cultural (-14.1%); servicios cinematográficos (-12.2%); estímulos a la creación artística (-10.7%), y programas del FONART (-3.6%).

Este mismo 2026 que está por concluir, la cultura había recibido, hasta ahora, el presupuesto más bajo desde el 2013, del cual el 97.61% se destinó a gasto corriente, dirigido a cubrir la operación cotidiana y el funcionamiento de las instituciones públicas, y apenas el 2.38 % se reservó para inversión física, es decir, prácticamente nada se destinó a infraestructura, mantenimiento, equipamiento o proyectos de largo plazo.

Para el organismo analista, una de sus conclusiones ante este panorama es que para garantizar los derechos culturales se exigen mayores recursos, capacidades públicas y condiciones materiales para sostener instituciones, formación y acceso. “El aumento de los recursos –señala– debería plantearse como una política progresiva y sostenida, con una trayectoria de crecimiento que permita planear a mediano plazo”.

En términos generales, el corolario del organismo sobre el Presupuesto 2027 es que este no fue diseñado para crecer “al ritmo de las demandas sociales” y en cambio reasigna los limitados recursos públicos “en lugar de apostar por ampliar la capacidad del Estado para atender problemas estructurales y avanzar en la garantía de los derechos”.

Pero eso es precisamente en lo que los gobiernos fallan cuando piensan en financiar todo aquello que, suponen, no les reditúa electoralmente, porque los cautivos están en otra parte, y a ese sector hay que inyectarle, de manera directa, el gasto público. Cosas de la macroeconomía, pero también de los caprichos sexenales dictados desde Palacio Nacional, cuando no desde Palenque.