Columna

Revueltas: la reivindicación necesaria

El próximo 14 de abril se cumplirán 50 años de la muerte de José Revueltas, escritor mexicano extraordinario y rebelde, de una pieza. Prácticamente toda su vida acompañó a la utopía comunista y fue reprimido con muchos años de prisión y asedio en su militancia. 

Hoy su familia, en paralelo a los homenajes de las instituciones de la cultura (INBAL, UNAM, Universidad de Guanajuato) continúan con la exigencia al Estado mexicano para que pronuncie una disculpa pública por la detención ilegal de la que fue objeto el notable pensador debido a su participación en el Movimiento Estudiantil de 1968, cuando fue arbitrariamente capturado, encarcelado en Lecumberri y procesado penalmente de manera aberrante.

Sus delitos fueron, a los ojos de todo mundo, de naturaleza política y por el papel crítico que jugó con su adhesión al movimiento comunista, sus partidos, sindicatos y en contra de los gobiernos de la entonces llamada “familia revolucionaria”, particularmente del gobierno del presidente Gustavo Díaz Ordaz y su secretario de Gobernación, Luis Echeverría Álvarez.

Debe darse el desagravio, público reconocimiento de la injusticia que se cometió en su contra.

José Revueltas tiene en su haber una vasta y diversa obra. Ensayos políticos, guiones cinematográficos, estudios críticos, cuentos, novelas destacadas por la hondura con que trató el drama humano, la vida de los trabajadores y las desgarraduras de la militancia política, envuelta en la discordia por determinar ortodoxias que al final nunca existieron. Eran los tiempos en que la Revolución de Octubre de 1917 en Rusia anunciaba una aurora para la humanidad; o del frente a frente por la República española, derrotada por los militantes, el falangismo y la agresión militar del nazifascismo. Días turbulentos, sin duda.

Muchas de sus obras se pueden poner en el centro; algunos las estimaron superadas o muertas, pero sin duda son un patrimonio de la larga resistencia por redimir este país que no termina de construir lo que se merece, luego del colonialismo y las dictaduras padecidas y al triunfo de una revolución que naufragó entre el militarismo de los sonorenses vencedores y la larga estadía del régimen de partido de Estado del ahora derruido PRI, otrora todopoderoso, hoy una caricatura de sus “glorias pasadas”.

El México contemporáneo, sobre todo el del siglo XX, no se comprende sin leer a Revueltas. De ese tamaño es su importancia. 

La editorial ERA publicó hace algunos años sus obras completas, en una colección que casi llega a los 30 volúmenes. Ahí está gran parte de su producción y la búsqueda continua, a la par de no pocos materiales sobre su vida, en la variadas facetas que contuvo y que se pueden desprender de sus textos como Los muros de agua, El luto humano, Los días terrenales, Los errores, El Apando, El cuadrante de la soledad, entre muchos otros.

Apunto tres temas que he visto en particular: me di cuenta, cuando fui consejero nacional del PRD, del desinterés y desdén en ese partido por la obra de Revueltas. En una ocasión presenté un texto que partía de una de sus afirmaciones en México: una democracia bárbara (1958): 

“La democracia nos vino (…) de la Enciclopedia y de los Derechos del Hombre cuando en el país no teníamos aún una burguesía (…). En consecuencia (…) entró en contradicción inmediata con la realidad social y terminó por representar otra cosa muy distinta (…). Fue entonces cuando la realidad mexicana, ese genio de nuestra historia, decidió crear por su cuenta y riesgo las formas nuevas de contener al nuevo fenómeno, y ya no le importó que éste continuara llamándose con el nombre extraño y caprichoso con que sus padrinos europeos lo bautizaron (…)”.

Todo un tema, pero la Revolución Democrática iba por la desembocadura de la degradación.

Confieso que en su tiempo me impresionó Ensayo sobre un proletariado sin cabeza (1962), y lo mantuve en mi radar intelectual. Ese libro, en su edición rústica original, la trajo a Chihuahua Leopoldo González Baeza, en esa época estudiante de Derecho de la Universidad de Chihuahua. Me lo prestó y nunca se lo regresé, aunque tampoco él nunca lo echó en falta. Hace dos años lo releí y ya fue grande mi disenso. Lo hice al calor de una opinión vertida al respecto por el presidente López Obrador que, seguro estoy, jamás lo leyó. Eran sus tiempos tricolores. De todas maneras afirmo que esa “cabeza” no ha existido y lo vemos hoy con el neocharrismo morenista.

Los errores, en cambio, es para mí una obra presente. La parte que paso a citar me parece una reflexión fundamental y génesis para pensar hoy en torno al papel del hombre y la mujer en un mundo devastado. Dice Revueltas en voz de Jacobo, el personaje de la novela:

“EI hombre es un ser erróneo –comenzó a leer con la mirada, en silencio–; un ser que nunca terminará por establecerse del todo en ninguna parte: aquí radica precisamente su condición revolucionaria y trágica, inapacible. No aspira a realizarse en otro punto –y es decir, en esto encuentra ya su realización suprema–, en otro punto –se repitió– que pueda tener una magnitud mayor al grueso de un cabello, o sea, ese espacio que para la eterna eternidad, y sin que exista poder alguno capaz de remediarlo, dejará siempre sin cubrir la coincidencia máxima del concepto con lo concebido, de la idea con su objeto: reducir el error al grueso de un cabello constituye así, cuando mucho, la más alta victoria que puede obtener; nada ni nadie podrá concederle la exactitud. Sin embargo, el punto que ocupa en el espacio y en el tiempo, en el cosmos, la delgadez de un cabello, es un abismo sin medida, más profundo, más extenso, más tangible, menos reducido, aunque quizá más solitario, que la galaxia a que pertenece el planeta donde habita esta extraña y alucinante conciencia que somos los seres humanos. Pero no por ello dicho espacio deja de ser un error: es también el error de la materia, y por ende, ahí nacerán, de modo inexorable, otros seres racionales de los que acaso lleguemos a saber algo, quién sabe en qué remoto y desventurado día”.

Por tratarse de un pensador clave de la cultura mexicana y por la profundidad de sus ideas que hoy transmito, habrá que estar pendientes de la futura jornada revueltiana, obtener de ella lo mejor, ya que puede dar mucho en esta coyuntura en la que se observa un afán creciente de dogmatismo, y para darnos cuenta de lo distinto y mejor de aquella izquierda a lo que hoy tenemos.

De las disculpas públicas, esperemos que las pronuncie Claudia Sheinbaum, hija del CU de la UNAM y, al fin, polvo de aquellos lodos del 68 que Revueltas agitó.