De la ‘austeridad republicana’ a la ‘pobreza franciscana’
Durante el sexenio anterior nunca se cumplió a cabalidad la llamada “austeridad republicana” que López Obrador copió, presumió y quiso implementar, como si de un heredero directo se tratara, del juarismo de antaño. Esa austeridad no tuvo contenido entre sus allegados, entre los del círculo cercano, cuyos derroches han sido más bien su característica, incluso a nivel institucional; y ejemplos hay muchos, con consecuencias que todavía arrastra su sucesora hoy en día.
Pero esta, Claudia Sheinbaum, acaba de anunciar lo que bien podría ser la segunda parte de esa supuesta austeridad: la “pobreza franciscana”, que no es otra cosa que recortar el gasto social con el argumento –con camuflaje electoral incluido– de no afectar los programas del Bienestar, por la contención al incremento en los combustibles. Esto, como impacto de la guerra por el petróleo que emprendió Estados Unidos contra Irán y la disputa por el control del Estrecho de Ormuz, ruta estratégica para el tránsito y comercio de buques de crudo de diversos países.
Desde la tribuna federal se ha insistido, casi en un nivel de jolgorio, en que la economía nacional creció 0.8 por ciento en 2025; es decir, un centésimo por encima del 0.7 por ciento estimado para ese año. El sexenio de López Obrador también mantuvo un promedio de 0.8 por ciento, muy debajo del 2.4 por ciento durante el sexenio de Enrique Peña Nieto, y el 1.8 por ciento de Felipe Calderón. Y nos parecía poco, porque la promesa histórica –todo un folclor en política económica– es alcanzar el 5.0 por ciento.
Los expertos, incluido el INEGI, cuentan con esos otros datos. Decir que se avanzó un peldaño cuando se está en el sótano es, ciertamente, un crecimiento. Pero es, más bien, un crecimiento relativo, un estado de ánimo insuflado artificial y manipuladoramente entre la población, como antaño hacían los gobiernos del PRI y los del PAN. “Vamos por el buen camino”, se anunciaba antes y se repite hoy desde el púlpito de las mañaneras.
Lo cierto es que la economía mexicana está en crisis, pero las maromas que ha tenido que hacer la Cuatroté para evitar el colapso, y al mismo tiempo no afectar sus programas electoreros, son para no sumirla en una ecuación embarazosa.
Es como en los personajes de Las niñas bien, de Guadalupe Loaeza, donde algunas familias burguesas, ante el colapso financiero del lopezportillismo, se aferran a su estatus y pretenden mantener las apariencias, apegadas infructuosamente a un estilo de vida que ya no corresponde a sus quiebras.
Con ellas, muy a su pesar, como en la Cuatroté, esa pobreza franciscana seguramente será pasada por el arco del triunfo, como ya lo han hecho en 8 años.


