MORENA, Cruz y Andrea: el miedo a perder
El partido MORENA resultó muy diestro en la práctica del fraude a la ley. Esta figura es una de las herencias del colonialismo español en lo que hoy es México y que se contiene en la clásica frase de “se acata pero no se cumple”, la más siniestra simulación que en apariencia favorece al derecho pero que en esencia lo viola.
Hoy en el país, a ciencia y paciencia de los órganos rectores del proceso electoral, existe una despiadada pugna por el poder político que se expresa en campañas anticipadas que saturan el espacio público, presentando a aspirantes, hombres y mujeres, de prácticamente todos los partidos.
Quienes practican el fraude a la ley, entre más sofisticada sea su ambición, aparenta cumplir en todos sus extremos el derecho vigente, precisamente para violarlo.
En la experiencia mexicana actual esto está llegando al colmo de que ya se hace de manera discrecional y tolerada, y en ocasiones hasta de manera burda. El problema es que mientras el derecho no esté en el centro de la política para cumplirlo, se puede afirmar que el que se acostumbra a violarlo hoy, lo violará mañana, o en cualquier oportunidad y a conveniencia.
En Chihuahua, como en el resto del país, tenemos campañas electorales anticipadas desde hace poco más de dos años, centralmente para la obtención de las candidaturas al gobierno del estado, ya que al dirimirse esta, las demás pueden salir como cuentas de un rosario roto.
Tanto el PAN como MORENA son practicantes de esta bochornosa e ilegal maniobra. Desprecian al derecho y pasan por alto a la autoridad electoral que, por otra parte, pierde esa característica por voluntad propia al no intervenir de ninguna manera, pues todo lo tolera.
Habrá matices, y unos serán más simuladores que otros, pero a efecto de catalogar el fraude a la ley, todos están falta, y muy poco les interesa.
En todo esto el lenguaje juega un importante papel. Existen medios de comunicación que sólo sirven de parapeto para traficar con el espíritu que animaría a un sistema democrático en esta materia.
El estado está cubierto por grandes y costosos anuncios espectaculares, al amparo de que reproducen supuestas entrevistas a los reales contendientes por el poder. Y esos medios ni siquiera acreditan tener una oficina, un domicilio legalmente establecido de unos cuantos metros cuadrados. Son la muestra de que el fraude está ahí y que el órgano electoral competente no hace absolutamente nada.
Y ya que hablamos de lenguaje, en el caso de MORENA el caso es ejemplar por la falsedad y la mentira que contiene. Aquí los candidatos reales no se denominan si quiera de esta manera. A ellos se les busca un nombre rimbombante precisamente para ocultar su verdadera naturales, y entonces se les denomina Coordinadores de los Comités de Defensa de la Cuarta Transformación, pero no se atreven a incluirlo como parte del llamado “segundo piso”, un terminajo que en realidad queda a cargo de los oradores de plazuela.
El lenguaje establecido habla de “candidato” o de “precandidato” cuando se habla de un aspirante, sino de algo que permita violar flagrantemente la ley. Antes había “dedazo”, que hoy prevalece, pero con el que se supone en el que creen un elegante concepto de “coordinador”. Y bajita la voz, se corre entre todo el cuerpo ciudadano una ecuación muy sencilla: coordinador = a futuro candidato. Pero será candidato cuando se acceda a las pautas que la ley establece, quedando maltrecho el orden jurídico, que al parece también les estorba a estos codiciosos.
Así, hoy tanto el saltimbanqui Cruz Pérez Cuéllar como Andrea Chávez aspiran a ser “coordinadores”, es decir, candidatos de MORENA y sus partidos satélites a la gubernatura del estado de Chihuahua.
En otras palabras, se ponen un disfraz tan dúctil como un traje a la medida para aniquilar toda normatividad electoral.
Esto no es nuevo. Ya el clásico Alexis de Tocqueville lo examinó con suficiente lucidez cuando descubrió los contrastes que se dieron en Francia entre el antiguo régimen y la revolución de 1789. Ahí dijo que ya nada puede decirse con sencillez, porque de lo que se trata es de engañar, más cuando se tiene miedo de perder una elección, porque, a decir del francés, “en política, el miedo es una pasión que a menudo aumenta a expensas de todas las demás”. Y de ahí también el fraude a la ley.


