Javier Corral ha tenido que recurrir al aplauso comprado. Hace unos días, a plana completa, la empresa CARBYNE lo felicitó, responsabilizándose de los halagos el señor Mauricio Martínez, director de mercadotecnia de esa empresa, al parecer para México. 

Llama la atención, además, que CARBYNE se presente como líder mundial en tecnología de seguridad pública y hasta nos hable de que tiene oficinas en Estados Unidos, Brasil, Hong Kong y Europa, supuestamente en todo ese continente. 

Más allá de que no es mi deseo poner en duda la calidad de esa empresa, lo que sí llama la atención es que haga la defensa a ultranza que se “presta” a través del número 911 porque aparentemente usa tecnologías innovadoras que los usuarios ordinarios de ese número telefónico, en numerosos casos encuestados, llaman ahí para decepcionarse rotundamente de la ausencia de lo que viene después, o sea las instancias gubernamentales no se ve que brillen por su eficacia y ahí están las estadísticas. 

Pero si de lo que se trata es de aplaudir, pues lo hacen bien y juegan el papel de engañabobos. Quizá lo que CARBYNE quiere es refrendar sus negocios y que ruede la bola, y como Corral está sumamente necesitado de loas y ditirambos, pues qué mejor que vengan en su auxilio, como lo han hecho buena parte de las constructoras, que proveen y son contratistas del gobierno. No se ha dado cuenta Javier Corral que el peor aplauso es el comprado: hoy está, mañana se esfuma.