Columna

El coctel Montiel: aguarrás con tachuelas

Escuchar las explicaciones de Ariadna Montiel, presidenta nacional de MORENA, sobre los futuros y cínicos destapes a las gubernaturas, porque eso son, sin camuflajes lingüísticos, es como beber un tarro de aguarrás con tachuelas cabezonas. Parece hipérbole la observación, pero no lo es.

Ha dicho la antigua discípula de René Bejarano, el “hombre de las ligas”, que no se tolerarán antecedentes que hagan impresentables a sus “coordinadores” estatales, pero en el caso de Chihuahua eso es más que imposible, por más suspenso que le ponga a la difícil tarea que le encomendaron la señora Sheinbaum y López Obrador, en disputa por los poderes en las potenciales intendencias en que se han convertido las entidades federativas para el oficialismo centralista.

Sus aspirantes en Chihuahua están en falta. Andrea Chávez Treviño trae sobre sus espaldas el peso de su padrino Adán Augusto López, señalado como uno de los corruptos más sobresalientes de MORENA por estar, en calidad de principal, al frente de una organización delictiva, de la cual conocemos parcialmente: la Barredora y su involucramiento en el tema del llamado “huachicol fiscal”.

¿De dónde ha sacado Andrea Chávez tantos recursos para sortear, desde hace dos años, su costosa campaña? La respuesta es más que obvia y es ridículo que la acompañe una izquierda claudicante que pretende cubrirla presentándola, falsamente, como un “relevo generacional” que en realidad apesta al viejo PRI.

Del otro lado está Cruz Pérez Cuéllar, oportunista que ha brincado de un lugar político a otro sin pudor alguno y ahora al amparo de la repepena obradorista.

Pérez Cuéllar tiene cuentas pendientes con la justicia por su complicidad con César Duarte; y eso todo mundo lo sabe en Chihuahua, menos la señora Montiel que en todo este asunto se mueve con rencores acumulados y resentimientos que hoy están, sin justificación alguna, permeando peligrosamente la vida política de la entidad.

Al parecer, la presidenta nacional del partido guinda perdonará a Pérez Cuéllar, como antes lo hizo el exgobernador Javier Corral por compadrazgo religioso. En estos políticos, es decir en su actuación, se acredita que el crimen sí paga. Y cómo no, si una bejaranista es la dirigente nacional de esta nomenclatura que ya hartó, como se ve por todas partes.

Y sí: para tomar en serio las palabras de la Montiel, hay que ejercitarse con un buen coctel como el que he referido en estas breves notas.