Columna

El nazismo amenaza a Alemania, y Rusia en el atraso democrático

Las recientes elecciones en Alemania y Rusia parecen un viaje al pasado, como si hubiera una cápsula del tiempo que se desentierra y abre arrojando similitudes con el pasado de ambos países, poderosos en Europa, hoy golpeada por la guerra en Ucrania.

No hay duda que la derecha, heredera del nazismo, está avanzando electoralmente, administrando el descontento que las opciones democráticas no han podido paliar con la acción de reales alternativas en problemas como la migración y, sobre todo, la posibilidad de que se extienda más tiempo la guerra entre Ucrania y la invasora Rusia del dictador Putin.

El hecho es que la derecha representada por Alternativa para Alemania (AfD) viene creciendo cada vez más, lo que presagia un renacimiento del nazismo de los años treinta del siglo pasado. AfD ganó hace una semanas en Sajonia-Anhalt y ahora en Mecklemburgo-Pomerania Occidental, estados federativos que antes formaban parte de la República Democrática de Alemania, poderío de los comunistas apoyado por la extinta Unión Soviética.

Las elecciones en Pomerania elevó al ultraconservador AfD con 38% de los votos, dejando ligeramente abajo a la socialdemocracia con 35% y enviando a la otrora poderosa Democracia Cristiana a un pobre 4.9% y a un paso de no contar con curules en el Congreso estatal. 

De todas manera, AfD no podrá hacer gobierno ahí porque los comunistas y verdes son aliados y ya juntos lo impiden. Pero la situación es de latencia y la soberbia y poderío de la derecha crece y se envalentona.

El actual canciller alemán, Friedrich Merz, no ha dudado en catalogar el fenómeno como un crecimiento del autoritarismo. Por lo pronto, se empiezan a levantar cejas en las caras de los políticos más influyentes de la Europa actual.

Por otra parte, en Rusia continúa el atraso en materia democrática. Desde los tiempos de Lenin en que se clausuró la Asamblea Constituyente, que había sido electa sin mayoría comunista (bolchevique), no se ha podido consolidar democracia alguna.

Fracasaron la Glásnot y la Perestroika de Mijaíl Gorbachov y los gobiernos de Yeltzin, y el empoderamiento de Vladímir Putin, apoyado por gobernantes peleles, demuestra que el autoritarismo es difícil de desterrar, no así simular una vida democrática, de caricatura.

El partido Rusia Unida de Putin obtuvo el 57% de los votos para la Duma (poder legislativo), que sumados al 14% de los comunistas, afectos a Putin, le da una holgada mayoría al dictador ruso de un 71%. Control total. Elecciones “a la búlgara”, le decían allá en los viejos tiempos donde el partido del gobierno aspiraba a tener la totalidad de los votos.

Esa historia hoy se repite. La democracia en ese inmenso país se ve imposible. El Zar, Stalin, Brézhnev o Putin en esto es lo mismo: ausencia de sistemas democráticos. La de hace unos días fue una elección de Estado, “administrativa” le llaman donde Putin controla todo voto que se emite vía electrónica.

Las elecciones en Rusia fue bajo el bombardeo ucraniano. Los rusos se han cansado de la guerra, pero Putin continúa en el poder absoluto: “democrático”, policiaco y militar. Del otro lado, Alemania avanza a la historia que produjo a los matones nazis.

Hay desaliento en el mundo, triturado por los Trump, los Putin y los nazis que quieren regresar por sus siniestros fueros.