Tribuna, periódico estudiantil de un solo número
Me ocupo ahora de un recuerdo muy grato: mis escarceos como periodista estudiantil. En los tiempos que pasé en la Escuela Preparatoria de la Universidad de Chihuahua, sepultada por el gobierno de Óscar Flores, hice una incursión en ese periodismo escolar con efímera fortuna. Formamos Tribuna con un conjunto de compañeros entre los que recuerdo ahora a Sergio Granados Pineda, Mario Lino Castillo, Daniel Cepeda y Avelino Salcido Robles.
Tribuna fue un periódico de una sola edición. Inició con el número 1 y terminó en el número 1. Fue de tamaño tabloide, impreso en offset, formado en frío o en placa, porque el plomo, que era en caliente, empezaba a pasar a la historia. La impresión de 1 mil ejemplares la hicimos en el taller del periódico Editorial, también de fugaz existencia que instaló don Pedro Muñoz Grado en la Vicente Guerrero, a una cuadra del entonces Supremo Tribunal de Justicia.
Le agradecimos al periodista su generosidad porque nos permitió trabajar en su taller como si fuera propio; él era un entusiasta comunicador con simpatías por la juventud, la cultura y la política.
En el único número de Tribuna no podía faltar una ácida crítica a un suceso que en realidad era de poca importancia y que ni siquiera recuerdo, pero que mostraba rijosidad. La parte sustancial la ocupó una plana en la cual publiqué un artículo sobre René Descartes que a la sombra de Olac Fuentes Molinar había leído y me había llamado la atención porque ví en el “dudo, luego pienso; pienso, luego existo” una máxima para combatir la herencia escolástica que permeaba por todas partes como filosofía principal, sobre todo en el ámbito académico. Guardo aprecio por ese texto, aunque está perdido para mí.
Como eran los tiempos de la terrible guerra de Vietnam, le pedimos al profesor Antonio Becerra Gaytán que nos diera la noticia de ese conflicto. Era el comunista del momento, el antiimperialista esclarecido y nos pareció que su opinión era fundamental. Y en efecto, su texto influyó en el ámbito escolar.
Hubo dos o tres artículos más, pero de ellos destaco uno de Avelino Salcido Robles que apostó por una presentación y crítica de la poesía de Pablo Neruda, deteniéndose escrupulosamente en el Poema 20; y quién no, en ese tiempo, todos éramos sensibles a esas estrofas. Fue, sin duda, el texto más penetrante, porque internacionalmente el poeta se encontraba en los cuernos de la luna.

Por entonces menudeaban concursos de declamación y en los pasillos de la escuela se escuchaban versos como estos: “Me gustas cuando callas porque estás como ausente…”. Pero con Tribuna en ese momento logramos colocar al menos dos: “Puedo escribir los versos más tristes esta noche” y “Aunque sea este el último dolor que ella me causa, y estos sean los últimos versos que yo le escribo”.
Con el tiempo, aquellos que nos aventuramos a crear Tribuna nos hemos desperdigado, en todos los órdenes de la vida. Nuestro crítico de poesía en ciernes se hizo abogado y después hombre de negocios.
Yo me convertí en abogado, pero continué mi marcha sobre la descarriada izquierda política.
En muchos momentos he buscado ejemplares de aquella prensa estudiantil. Tribuna no fue el único, pero en la universidad no son muy afectos a la archivística ni a la conservación de la memoria histórica. Qué lástima.


