Columna

Maru ya se agotó, incluso para el PAN

Nos encontramos en la precisa frontera en que se configura la contienda electoral de 2027 con los perfiles de candidaturas prácticamente definidas. Ya sabemos que defraudando la ley, por esta temporada no se llamarán “precandidatos”, pretendiendo engañar a todo mundo de que no estamos en una desgarradora disputa sumamente adelantada.

El PAN ya se decantó por Marco Bonilla y hoy se desempeña en la dualidad de alcalde en ejercicio y candidato único de ese partido a la gubernatura. Él es partidario de ir en alianza con el PRI, pero es algo en lo que no se ha dicho la última palabra, aunque algunos líderes ya lanzaron mensajes cifrados a favor.

El novísimo partido Somos (antes Somos México) tendrá como candidato simbólico a Julián Lebarón, que mediáticamente puede llamar la atención pero no estará en la real competencia. MC, si decide hacer el ridículo, tendrá a Alfredo “Caballo” Lozoya como portador de su estandarte, y en el diputado Francisco Sánchez su fiel escudero.

MORENA, por último, decidirá entre Cruz Pérez Cuéllar, alcalde de Ciudad Juárez con licencia, y la también senadora en receso, Andrea Chávez. 

Es cuestión de días y ya prácticamente se va a configurar el escenario fundamental, preservándose como una contingencia delicada la reyerta panista en el municipio de Chihuahua, que dicho sea de paso, ha lesionado a ese partido y orillado a que de manera franca y abierta María Eugenia Campos Galván asuma un cuestionado papel en el proceso que viene y en el futuro político inmediato.

Realmente esa es la nota y lo que he dicho hasta ahora es un mero apunte. Tenemos que el PAN y la gobernadora han propalado que ésta será candidata a una diputación federal; obviamente no se ha dicho si en un distrito, por tierra, o por palomeo en la lista plurinominal. No hay un desmentido al respecto. Por el contrario, cuando la gobernadora, por otra parte, ha anunciado que realizará la “ruta por Chihuahua”, lo que nos está indicando es que será un acto político en franca campaña electoral.

Requiere una lectura especial este tema. Que Maru tenga ambiciones, va acompañada del derecho a concretarlas; pero de ahí a que se le quiera proyectar como una figura nacional con vistas al 2030, hay un buen trecho. 

Empiezo por señalar que la votación de Chihuahua no alcanza ni el 2 por ciento a nivel nacional, lo que quiere decir que se está sobrevalorando y está fuera de competencia en ese ámbito. Y además, a querer y no, le haría sombra a su propio candidato; se le vería como el segundo de a bordo que tendría que luchar vis a vis en su contra, de tal manera que su liderazgo tendería, ante los electores, a adelgazarse. 

En otras palabras, lo que sostengo es que Maru ya dio lo que iba a dar, si es que dio algo, porque se ha mostrado como absolutamente falta de pericia para mantener la concordia en su propio partido, y es difícil que quien no puede con lo menos, pueda con lo más.

El síndrome presidencial Maru exhibe una miseria política del PAN. Es su crisis no reconocida, que se reduce a unas cuantas palabras: la ausencia de un profundo liderazgo concentrado en una personalidad individual, en tiempos en los que el carisma juega un papel importante, y hay que decirlo, pernicioso.

Sin embargo para reducirme a la escena local, la incursión de Maru en una campaña electoral, que la obligaría por ley a abandonar el cargo en tiempos de rendición de cuentas, se ve como una maniobra para evadir responsabilidades y usar recursos públicos indebidamente. 

Pero no sólo eso, sería el anuncio de que aquí en Chihuahua, como lo estamos viendo a nivel nacional, habría sendas puertas para ir a tocarlas en busca de soluciones y produciendo así el efecto de duplicidad de poderes y debilitamiento de la opción que representa su incursión electoral de última hora.

Pero estoy claro de que cada partido apuesta con las cartas que tiene en la mano y, por lo que veo, no se estaría gestando para los intereses del viejo panismo la mejor de las opciones.

Maru ya se agotó para su propio partido y en su propia tierra.