Óscar Enríquez Pérez
Una estrella de cinco picos marca la ubicación de Ciudad Juárez sobre una línea roja que visualmente nos lleva a delimitar la frontera chihuahuense respecto del vecino país. Aunque es amarilla, la estrella y la línea roja conforman el sencillo logotipo del Centro de Derechos Humanos Paso del Norte (CDHPN), pero también representa el símbolo inequívoco de las abiertas filias políticas de su fundador, el sacerdote católico Óscar Enríquez Pérez, autodefinido como “un hombre de izquierda”, con posturas abiertamente anticapitalistas y antineoliberales, convicciones que, según ha externado en entrevistas, “están profundamente vinculadas con su comprensión del Evangelio”.
El padre Enríquez, como le llaman sus conocidos y colaboradores, es el típico sacerdote nacido a principios de la década de 1940 influenciado en su juventud por los jesuitas y la teología de la liberación. No podía ser de otra manera: vivir en la reflexión permanente del ejemplo de pobreza del nazareno bíblico que mantenía su cercanía con los marginados y manifestaba su confrontación con los poderosos, lo llevaron a sostener esa opción pastoral desde que se recibió como sacerdote en 1966 en su natal Madera, Chihuahua, en plena efervescencia social, dentro y fuera de la Iglesia.
Ese año, en Michoacán y Durango ocurrían algunos de los primeros movimientos estudiantiles y las primeras represiones que desembocaron en Tlatelolco de 1968. También eran los días del Concilio Vaticano II, que apostaba por una iglesia de corte social y que, entre otras grandes reformas, planteaba afrontar los retos de la modernidad en lugar de lanzar condenas dogmáticas desde el púlpito.
Por esa época se creó la Diócesis de Ciudad Juárez y el obispo Manuel Talamás Camandari, que pertenecía a ella, empapado de las tesis de la teología de la liberación, resultó una influencia para Enríquez Pérez, quien fue enviado a esa frontera en 1973, luego de haber sido maestro en el Seminario de Chihuahua, donde estudió, y estar asignado por cuatro años en varios templos de Nuevo Casas Grandes.
Una biografía somera del padre Óscar Enríquez nos revela que durante sus primeros años en Juárez, luego de transitar por varias parroquias y motivado por sus convicciones, se dedicó a organizar la participación activa de la feligresía y a reflexionar sobre la realidad social de la frontera a través de las llamadas Comunidades Eclesiales de Base.
Después de veinticinco años “los cambios en la orientación del obispado privilegiaban entonces el trabajo pastoral tradicional por encima de la organización de estas comunidades”, y eso motivó a Enríquez Pérez a enfocarse en la defensa de los derechos humanos. Así nació, hace 25 años, el CDHPN, se afirma en un boletín divulgado por el mismo Centro este 2026.
Luego de una larga trayectoria comprometida con las preocupaciones sociales y en la acción directa para afrontarlas y acompañar a las víctimas en el caso de los migrantes, de las muertas de Juárez, de las y los desaparecidos y de las madres buscadoras, el sacerdote jesuita Óscar Enríquez Pérez, ha mostrado debilidades en su salud. Aun así, estará presente en el homenaje que se le prepara para el próximo sábado 5 de septiembre en aquella ciudad fronteriza.
En una entrevista publicada por el Centro a propósito de su aniversario, Óscar Enríquez Pérez resume su pensamiento: “Creo que el llamado del Evangelio para todos los cristianos no consiste en ritos, sino en tener esa mentalidad profunda de servir a los demás y de tratar de que se desarrollen en la vida como personas, independientemente de su religión, de su fe; simplemente ayudar al prójimo, y con más razón a las víctimas”.
Va nuestro reconocimiento a una vida fecunda.


