Para ígnaros, los diputados de Chihuahua
En un libro de Enrique Florescano sobre caracteres mexicanos, fue infaltable la figura del diputado. Razones sobran y son de índole negativa.
En primer lugar la inutilidad e ignorancia que les caracteriza. En segundo, que se creen depositarios de una soberanía de la que carecen, pues por lo general dependen de alguien más arriba en la jerarquía.
Pero hablando de cultura propiamente, o de vida cívica, son lerdos a más no poder. Hay dos ejemplos. Hace poco más de un par de años un pequeño grupo de ciudadanos le solicitó al Congreso del Estado de Chihuahua que se designara Ciudadano Distinguido al profesor Antonio Becerra Gaytán.
El asunto se turnó a la comisión correspondiente que encabeza el diputado Óscar Avitia, por cierto exponente de la Cuatroté en esta localidad. Pasaron los días, las semanas y los meses y no hubo absolutamente ninguna respuesta.
El profesor Antonio Becerra Gaytán, merecedor indiscutible de ese galardón, falleció este año y las únicas noticias que le llegaron a los peticionarios fue que el Congreso no tiene facultades para esa designación ¡Zas! Pero Avitia había ofrecido comunicarse en una semana, que ha sido tan elástica que ya va para veinticuatro meses y no ha ocurrido.
Hace unos días y con motivo de la denegación que le hicieron al poeta y editor Rubén Mejía para participar, en virtud de su reconocidísima trayectoria, por la Medalla al Mérito Cultural “Víctor Hugo Rascón Banda” 2026, pretendí hablar con un influyente diputado al respecto. No hubo oportunidad. Vive en el Olimpo parralense.
Hoy, a un hombre de mérito como Mejía, le han cerrado las puertas. Y es lógico: en materia de ignorancia, los diputados se pintan solos.
Quizá por eso, Florescano termina así su texto: “¡Qué traje tan gacho traes, hasta pareces diputado!”. Si sólo fuera por la vestimenta…


