Columna

Maru endeuda a Chihuahua y se ampara en los exgobernadores

La semana que terminó nos dejó dos hechos de relevancia y atañen al universo de relaciones entre el PAN y el PRI, que de facto cogobiernan el estado de Chihuahua. El primero tiene que ver con finanzas y mala administración del gobierno de María Eugenia Campos Galván; el segundo, con política-política, por la reunión de los exgobernadores priistas en Ciudad Juárez, con la bendición de un obispo, para que se sepa que el Estado laico vale un comino.

Es una obviedad decir que no estuvo César Duarte porque les habría descompuesto la fotografía, aunque el obispo se hubiera complacido por aquello de que el ballezano consagró al estado de Chihuahua al Sagrado Corazón de Jesús. Pero veamos estos temas en su orden:

El jueves 21 de agosto el gobierno del estado y su Secretaría de Hacienda dieron a la publicidad, a plana completa e ilegible, una licitación de BANOBRAS, el auto llamado “banco del federalismo”, un refinanciamiento a la deuda chihuahuense hasta por 1 mil millones de pesos. 

Se está llamando a los bancos para solventar los “impagos” de este gobierno que no se sabe a ciencia cierta en qué gasta el dinero público. BANOBRAS llama para que se presenten bancos prestamistas, usureros, para resolver cinco instrumentos llamados “de cobertura baja” que no ha cubierto Chihuahua en el manejo de su deuda. Han sido créditos no solventados que se pidieron desde septiembre de 2023 y vencen en septiembre de 2025, el próximo mes.

Está claro que esta licitación pública muestra una mala administración del gobierno de Campos Galván. No paga sus compromisos, lo que significa que se tienen que destinar muchos millones de pesos en comisiones, asesorías (recordemos que el secretario de Hacienda, José de Jesús Granillo no es un experto en la materia), y sobre todo intereses. Se dicen “bajos” en los documentos, pero en conjunto son muy gravosos para Chihuahua. 

El estado ha permanecido en sus finanzas a merced de la banca usurera y eso denota que padecemos un mal gobierno, que a lo que se ve quiere refrendar su poder en las elecciones generales de 2027. Con estos precedentes le será muy difícil.

La engorrosa licitación.

Conexo a esto está la reunión de exgobernadores, obispo de por medio, en la que, con la supuesta convocatoria de Álvaro Bustillos, se congregaron para lanzar un mensaje de unidad para el proceso político que viene. En realidad esos exgobernadores tienen nula capacidad electoral. En la región sur, donde algún día fue fuerte el clan Baeza, hoy impera el PAN.

Por otro lado, personajes como Patricio Martínez García, es difícil pensar que mueva algún seccional del PRI. Ellos se encumbraron hasta las nubes y se desligaron de las tareas que hacen fuerte a un partido, y el desprestigio que se cargan –unos más, otros menos– no les brindan confianza ni convocatoria alguna. Al contrario, verlos en la escena causa recelo e invitan al disenso que les preocupa ante la posibilidad de que MORENA se haga con el estado. 

Ellos lo único que tienen es miedo, y como se sabe, en la guerra y en la política el miedo es el peor enemigo. 

Un establecimiento político como el de Chihuahua, que vive de prestado a los bancos, que heredará una deuda y que revive un pasado priista, sólo invita a dejarlo arrumbado en el pasado. 

Batallarán para entenderlo.