Ariadna Montiel: de los dientes para afuera, no más corruptos
Por consigna de Andrés Manuel López Obrador y de Claudia Sheinbaum, asumió la dirigencia nacional de MORENA la señor Ariadna Montiel. Ahí quedó Andy López Beltrán, el junior guinda, como el garante de los intereses de la casa del jefe máximo.
Protestó levantando su mano izquierda, aunque MORENA esté con el caso Rocha-Insunza inmerso en hábitos de corrupción muy propios de la derecha política que no se van a desterrar por el simple hecho de acuñar una retórica en la que los corruptos, supuestamente, no pasarán. De ser cierto esto último, prácticamente la vida de MORENA habrá terminado.
En la mañanera de hoy ya resulta una obviedad que la presidenta haya cerrado filas con Rubén Rocha, bajo el consejo transmitido por Luisa María Alcalde, que en este caso actúa como boca de ganso de los dictados de Palenque.
La señora Alcalde ahora se pronuncia porque el caso Rocha y los que vengan sean confidenciales, que se respete el debido proceso, se respete la presunción de inocencia y se aporten pruebas, porque la soberanía, dice ella, así lo dispone, y la presidenta lo sanciona.
No les basta ver las evidencias que arrojan un estado de Sinaloa donde la muerte y la depredación reinan desde hace décadas pero intensificada hace dos años, donde el gobernador y sus hijos están tachados de colusión y colaboración con el crimen organizado. Ahora invocan hasta las convenciones internacionales que en otros casos han rechazado, siguiendo la arrogancia e insoportable ignorancia de López Obrador, quien proclamó en algún momento: “No me vengan con que la ley es la ley”.
Llaman al pueblo mexicano prácticamente a inmolarse por Rocha y sus amigos, y confunden los conceptos, porque ellos no representan a la patria desde ningún ángulo. Políticamente se pasaron al lado oscuro de la realidad y son delincuentes, delincuentes y nada más.
Como el deporte principal de los morenistas es retratarse con los jerarcas, porque en realidad no saben hacer otra cosa, Cruz Pérez Cuéllar apareció sonriente, y casi de cachetito, con la nueva dirigente nacional anunciando que “lo mejor está por venir”.
Lo que habría de decir de inicio es que así como la señora Montiel hizo escoleta al lado del famoso René Bejarano, mejor conocido como el Señor de las Ligas, el saltimbanqui Cruz Pérez Cuéllar pasó por la escuela de César Duarte, quien lo convirtió en esquirol, adversario del proyecto morenista en 2016, cuando fue candidato de un servil MC que lo postuló a la gubernatura, y sobre todo que lo refaccionaba económicamente para sus aviesos fines.
Quizá en mérito a esas acciones MORENA lo recogió y ahora nos lo quiere catapultar a gobernador del estado. Igual o semejante historia tiene Mayra Chávez, la hoy delegada de la agencia electoral llamada “Bienestar”, que tuvo su pasado reciente con el PRI y su complicidad con la corrupción, pero que ahora también MORENA la quiere empoderar en Ciudad Juárez.
MORENA, en tiempo récord, reprodujo la historia de 70 años del PRI, pero ni siquiera de los mejores tiempos de este partido, sino de los peores.
Esta columna irá documentando el peligro que representa la prolongación de la corrupción política en el estado de Chihuahua. Toda una batalla por venir.


