Columna

Homenaje a León Chávez Teixeiro

A sus 90 años, hace unos días León Chávez Teixeiro recibió un merecido homenaje en la Ciudad de México, el territorio en que su obra ha florecido. Seguro estoy que él no no lo buscó, pero para sus amigos casi fue un imperativo.

Lo acompañaron músicos como Guillermo Briseño y Francisco Barrios, mejor conocido como “El Mastuerzo”, antiguo fundador de Botellita de Jerez, además Leticia Servín y María Emilia Martínez, entre otros. Todo un elenco que compendia una parte de la cultura que, no obstante ser ajena al oficialismo, tiene gran hondura y promoción social. Diría que autogestionaria, y de la buena.

León Chávez Teixeiro ha sido un hombre polifacético. Su creación artística lo mismo la podemos encontrar en las artes plásticas que en la música, en el cine y en la fotografía. La política y el activismo social también han sido parte fundamental de su vida. 

Militó en un pequeño partido de raigambre marxista (Partido Mexicano del Proletariado) fundado por Guillermo Rousset Banda, al que pertenecieron personajes como el doctor Roberto Vázquez Muñoz, Rubén Lau Rojo y Gustavo Gordillo, entre los que ahora recuerdo.

Los documentos de esa organización, debo decirlo, me influyeron para un deslinde con lo que entonces se consideraba como “izquierda amaestrada”, y todo lo que tuviera tufo inerte a la academia de ciencias de la URSS. 

En 1972 se levantó en Chihuahua un portentoso movimiento social que incluyó, con innovadoras modalidades organizativas, a los estudiantes de todos los centros educativos de nivel medio y superior, sindicatos industriales, maestros, obreros independientes, campesinos, amas de casa, profesionistas y todo un movimiento inquilinario que autogestionaba la obtención de viviendas mediante la invasión a propiedades y grandes extensiones ociosas de tierra urbana que básicamente continuaban detentando los herederos del cacique porfirista Luis Terrazas.

Fueron tiempos en los que las calles de Chihuahua estuvieron repletas de ciudadanos, hombres y mujeres libres, que se levantaron contra los crímenes cometidos por Óscar Flores Sánchez, gobernador del estado por esa época, y sus funcionarios Ambrosio Gutiérrez, inspector de la policía, y Antonio Quezada Fornelli, procurador del estado, con todas sus reservas policiacas y el apoyo de la entonces Dirección Federal de Seguridad. Estos fueron los responsables del asesinato de Diego Lucero Martínez y otros más de sus compañeros por la triple expropiación bancaria del 15 de enero de 1972.

Fue, en parte, un movimiento espontáneo, pero también organizado de manera dúctil, con programa político y social, que logró influir en estados como Nuevo León, Zacatecas, Puebla o Durango. Hoy se registra esa experiencia como Comité de Defensa Popular (CDP), que nada tiene que ver con la versión que usufructuó, posteriormente, Rubén Aguilar Jiménez, en aquellos años un dirigente limpio.

En ese escenario chihuahuense llegaron activistas, intelectuales, artistas, notables académicos y periodistas de varias partes del país, centralmente del entonces llamado Distrito Federal. Fue una experiencia que ha dejado testimonio de un momento brillante de lucha social e independiente en la entidad.

Dentro de ese racimo de personas un día llegó León Chávez Teixeiro, un tanto cuanto motivado por Rubén Lau Rojo, su camarada en el PMT. Llegó acompañado de María Novaro, quien después de convertiría en la gran cineasta que es, y sin más instrumentos que un periódico marginal en sus manos, si no mal recuerdo denominado “Brecht”, en recuerdo del gran escritor alemán, además de su guitarra y su canto. 

Permaneció en la ciudad algunos meses, observando el despliegue del movimiento y construyendo lazos de amistad con compañeros como el periodista y activista Ignacio Rodríguez Terrazas, asesinado en El Salvador; el extraordinario activista Luis K. Fong; el melómano y pintor David Hernández; el estudiante de Medicina, Roberto Vázquez Molinar; el también estudiante y joven comunista Tomás Oropeza; el que esto escribe, y seguramente entre otros más.

León Chávez nos dejó como enseñanza y experiencia que quienes desean cambiar este país deben asomarse de manera directa a las insurgencias que se van levantando en las regiones, porque todas dejan lecciones muy valiosas para encontrar sendas de liberación.

Aquí en Chihuahua la faceta que más conocimos de Chávez Teixeiro fue como cantante (entonces le llamábamos “de protesta”), y se hicieron famosas sus canciones en los escenarios populares piezas como “Se va la vida, compañera” y la de “Cipriano Hernández Martínez” (que nos habla del esquirol sindical que nunca falta), todas ellas auténticas crónicas de la vida cotidiana de los trabajadores asalariados por los que León sentía enorme empatía y que quería ver levantados con un programa anticapitalista.

Sostuve en esos días largas conversaciones con él. Advertía en su talante su gran vocación de artista, y la idea de trabajar por la liberación de la sociedad a partir de una fuerza motriz fundamental por la que todo se apostó y que llamábamos abstractamente “el proletariado”.

Nos dejó sus rudimentarios discos Extended Play, que conocíamos como de 33 o 45 revoluciones, que era frecuente tocarlos en los mítines y asambleas populares. 

Como todo aventurero, un buen día se fue como vino. Su presencia nos abrió otros caminos y continuó, como buen revolucionario, su propia senda en la que ahora se encuentra con 90 años de vida fecunda, con la solidaridad de sus colegas y la vitalidad siempre presente en aquellos que con modestia hacen grandes contribuciones sin buscar jamás el reconocimiento de los otros.

Por eso digo que recibió un homenaje que jamás buscó, y al que me sumo, aunque él no lo buscara. 

Necesitamos más leones como estos. Enhorabuena.