‘Navi’ Pillay, mujer y jurista premiada con el Nobel de la Paz
En materia de premios Nobel, es tiempo de mujeres. En la edición correspondiente a este año, dos se llevaron el prestigiado galardón: la poeta canadiense Anne Carson y la jurista sudafricana Navanethem “Navi” Pillay, ambas notables en sus disciplinas. Sin embargo, hoy sólo haré un comentario sobre la segunda, por la cercanía que pueda tener con temas de índole jurídico y de derechos humanos.
La señora Pillay nació en Durban, Sudáfrica, en 1941. Vivió en su temprana juventud la gran experiencia para desterrar el racismo y el apartheid que encabezó, principalmente, el notable líder del siglo XX, Nelson Mandela. Ella atestiguó cómo una lucha tan dispar y enconada, a la postre logró sus metas, convirtiéndose en uno de los hechos históricos más relevantes de la posguerra.
Como se sabe, el apartheid es una palabra en afrikáans que significa “separación” y que, en los hechos, fue un sistema de segregación racial institucionalizada e impuesto en Sudáfrica y en otros países del continente africano por el Partido Nacional desde 1948 y hasta inicios de los noventa, y fue un efecto nefasto del colonialismo.
Al igual que Mandela –y antes Gandhi– la hoy premiada tuvo en la ciencia jurídica el instrumento que modeló la lucha profunda por los derechos humanos a lo largo de un ciclo que la alcanza hoy con 85 años de edad.
En un mundo tan enrarecido como en el que vivimos, una noticia de esta dimensión contribuye a refrendar las esperanzas de que no todo está perdido en la hora de los déspotas y arrogantes que emblematiza en el mundo el presidente norteamericano Donald Trump, que obviamente, de la mano del premier israelí Benjamín Netanyahu, y no muy lejos de ellos el cubano Marco Rubio, secretario de Estado norteamericano, denostaron tanto a la premiada como a la Academia Sueca.
Para fortuna, todos sus dichos caen por tierra ante la evidencia que sólo ellos no ven, por ignorancia o por ceguera propia. En cambio, en ambientes progresistas causó júbilo, y no es para menos.
Dentro de sus múltiples síntesis biográficas, destacan estos datos que van a manera de resumen y semblanza.
El premio Nobel de la Paz 2026 lo obtuvo, según la Academia Sueca, por “sus esfuerzos para promover la paz y el derecho internacional”.
Estudió en la Universidad de Natal y obtuvo títulos de posgrado en la Universidad de Harvard.
Pillay nació en una familia de origen indio y tamil y fue la primera mujer no blanca en abrir su propio bufete de abogados en Sudáfrica. Desde ahí defendió a activistas contra el régimen del apartheid, incluyendo a miembros de la oposición y presos políticos como Nelson Mandela. También fue la primera jueza no blanca en el Tribunal Superior de Sudáfrica.
Fue jueza en el Tribunal Penal Internacional para Ruanda, del que luego sería su presidenta. Desde ahí contribuyó a sentar precedentes históricos al reconocer que las violaciones y la violencia sexual pueden constituir actos de genocidio. También fue jueza de la Corte Penal Internacional (CPI) y de la Corte Internacional de Justicia (CIJ).
Entre 2008 y 2014 se desempeñó como Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, impulsando la rendición de cuentas por crímenes de guerra y violaciones graves a los derechos fundamentales a nivel global.
El premio le fue anunciado el pasado 9 de octubre por el Comité Noruego del Nobel, argumentando “su defensa de un orden jurídico mundial inclusivo y su lucha contra la impunidad en crímenes internacionales”.
Ante un mundo que no se ha sensibilizado lo suficiente por las atrocidades en Palestina, la Premio Nobel de la Paz lanza un mensaje de gran aliento por un mundo mejor, y es de reconocerse que encuentra en el derecho, como ciencia, un soporte muy sólido, concretamente en materia de genocidio, término acuñado contra la barbarie nazi por el jurista judío polaco Raphael Lemkin en 1944.
No está de más recordar que Pillay ha estado en México en el desempeño de su encargo como alta comisionada de la ONU para los derechos humanos y en cercanía con nuestro drama de violencia que no cesa.
Esta mujer nunca nos será extraña.


