El suicidio no debe ser materia de charlatanes
Si las buenas personas no son suficientes, las buenas intenciones tampoco. Las primeras existen, se notan en el trato y conducta hacia los otros; en cambio cuando de intenciones se trata, las puede haber genuinas, sinceras, pero también se prestan a la simulación.
Todo esto viene a propósito de que en el estado, tanto el poder político como los medios dicen estar sumamente preocupados por el lugar que ocupa Chihuahua en las estadísticas de suicidio. Y sí, se trata de un gran problema, y lo mejor es conducirse hacia él con profesionalismo, sensibilidad, con enfoques científicos y sin el más mínimo interés de lucrar.
Cuando esto último sucede obedeciendo a un resorte político, es todavía más despreciable, así fuera sólo porque esas estadísticas hablan de este padecimiento como lacerante, especialmente entre los jóvenes.
Históricamente debemos mucho a la obra de Emilio Durkheim, El suicidio, que marca un hito en la historia de la sociología; o a la muy valiosa de Jean Améry, Levantar la mano sobre uno mismo. Discurso sobre la muerte voluntaria. Hoy se puede considerar que esas obras han envejecido y que otras han ganado notoriedad por los nuevos enfoques y la actualización del problema, pero no está de más reconocerles un cierto aspecto fundacional en relación a este delicado tema.
En Chihuahua, en los últimos meses hay una fiebre del poder público y de algunas empresas privadas que han cobrado protagonismo apoyándose en el tema del suicidio. Pienso que están medrando con un fenómeno que los supera con mucho y en el que poco tienen qué hacer, cuando no sea simular que están pendientes de lo que sucede al respecto.
El gobierno del estado difunde en radio, televisión, prensa escrita y hasta en volantes supuestas políticas de prevención del suicidio que a partir de 1986 la Organización Mundial de la Salud (OMS) lo definió como “un acto con resultado letal, deliberadamente iniciado y realizado por el sujeto, sabiendo o esperando su resultado letal a través del cual pretende obtener los cambios deseados, ocupándose además de la circunstancia que se provoca en el individuo, su familia y sus seres queridos, cuando no alcanza su finalidad”.
En esta publicidad oficial se abordan los síntomas de comportamiento, los físicos, los cognitivos, los psicosociales, advirtiendo el tamaño del problema y los factores de riesgo para prevenirlos, y de ahí desemboca la divisa de restringir sustancias tóxicas, tener a la mano armas de fuego, padecer trastornos mentales y todo lo que tiene que ver con el mejoramiento a los servicios de salud.
Si el diagnóstico es limitado, los instrumentos para remediarlo son menos, y esto se traduce, ciertamente, en escalofriantes cifras.
Pero hay algo que falta: el reconocimiento de una sociedad fincada en el egoísmo, en el interés capitalista del éxito personal, la pobreza, la frustración, el vacío emocional, y tantas otras causas que se pueden sumar a este breve listado.
En todo caso, esta columna lo que recomienda es tratar el problema sin frivolidades, como la que hemos escuchado, coordinada con el gobierno del estado, para que algunas empresas hablen del tema a través de sus voceros sin el más mínimo conocimiento en la materia, diciendo barbaridades de todo tipo, que sólo puede dictar la ignorancia o el pago a persuasores que viven de esto o de cualquier otra cosa.
Por otra parte, he escuchado un sesgo particularmente oportunista de un sociólogo de la localidad que, medrando del tema, casi casi responsabiliza a la gobernadora de este fenómeno; todo sea porque hay que abonarle simpatías a la oposición, en este caso a MORENA.
Me reconozco ignorante del tema, pero sí puedo advertir que más que hablar del suicidio, en singular, habría que referirse a él en plural, porque lo que hay son suicidios de muy diversa causa, entre otras la que refiere Améry cuando afirma: “La vida ordena huir de una vida indigna, inhumana y sin libertad”.
Parecerá un exceso, pero quienes han padecido vivir en el totalitarismo reafirman esa convicción, y aquí en México estamos llegando a una etapa pariente de esta forma de control político-social.


