Cuando Pinochet se disfrazó de mujer
Ahora que visitó Chihuahua el derechohumanista nicaragüense Uriel Pineda para exponer la dramática situación represiva que atraviesa su país en manos del clan Daniel Ortega-Rosario Murillo, recordó un viejo chiste que nació al calor de la dictadura de Augusto Pinochet.
Resulta que un buen día, en el contexto del famoso plebiscito por el “NO” que se dio en Chile en 1988, el dictador decidió palpar directamente lo que la gente pensaba de él, saber de primera mano cómo andaba su popularidad.
Pero quiso hacerlo directamente y para ello se disfrazó de mujer, salió a la calle y se metió a un cine, donde se proyectó un discurso propagandístico suyo –en fin dictadura–, y ocurrió lo inevitable: la gente se paró entusiasta y aplaudió frenéticamente.
Pinochet se emocionó al borde de las lágrimas y se dijo para sí mismo, “¡El pueblo me ama!”.
De pronto recibió un codazo que lo despertó de su autoensueño de parte del hombre que estaba sentado a su lado que lo amonestó así:
—¡Vieja tonta, párate y aplaude, o te van a matar!
La moraleja que extrajo Uriel Pineda de esta terrible broma es: “Cuando hay represión, hay inhibición de la libertad de expresión”.


