Columna

Colosio-Bonilla: caras nuevas, intenciones rancias

En Chihuahua, la reciente reunión privada de dos hombres públicos ha pasado para algunos columnistas como una inocentada, una mera deferencia de cortesía que obliga la diplomacia entre pares. Pero no. Detrás del encuentro entre el alcalde Marco  Bonilla y Luis Donaldo Colosio Riojas revela mucho más sobre el estado que guarda nuestra democracia en el país, pero sobre todo de las formas inequívocas del tipo de relaciones que mantienen quienes ostentan el poder.

La única acción de Bonilla –el anfitrión– fue mostrar, como todo buen “influencer”, una fotografía de la visita del senador Colosio Riojas, miembro de Movimiento Ciudadano. Pero nada informó sobre lo que conversaron, lo cual, de muchos modos, le impone su condición de presidente municipal y, sobre todo, por asumirse como demócrata casi a diario, especialmente ahora que anda en campaña anticipada por la gubernatura, luego de su reciente destape en asamblea de su partido, el PAN.

Precisamente esa “diferencia” partidaria fue la que dio el motivo perfecto a Bonilla para publicar el encuentro en sus redes sociales y expresar sus convicciones personales y no las motivaciones importantes de una figura pública: 

“Tuve la oportunidad de recibir en Chihuahua a mi amigo Luis Donaldo Colosio, con quien comparto una convicción: México necesita un cambio generacional, pero sobre todo un cambio de ideas”.

Como se ve, Bonilla recurrió al rápidamente acartonado discurso inaugurado por la senadora con licencia Andrea Chávez, al autonombrarse “relevo generacional”. 

Chávez lo hizo desde que se integró a la política profesional con MORENA y sus viciados padrinos tabasqueños. El rápido aprendizaje de Chávez sobre las mañas y las viejas artes del antiguo PRI, acusadas hoy por sus renegados, han desgastado el sustantivo y el adjetivo tan ampulosamente utilizado por ella en cuanta oportunidad ha tenido.

Por cierto, hoy se podría saber si es ella o Cruz Pérez Cuéllar el candidato de MORENA a la gubernatura de Chihuahua, producto de una encuesta simulada y un disfraz de “coordinador”, hechos que no armonizan con la cháchara discursiva del “relevo generacional”.

Retomando, dijo Bonilla en sus redes sociales: “Una nueva generación de liderazgos tiene la responsabilidad de atreverse a pensar diferente, de romper inercias y de construir nuevas formas de gobernar: más cercanas a la gente, más innovadoras, más eficientes y con una visión puesta en el futuro”.

Son expresiones que, como dicen algunos amigos de nueva generación, “dan flojera”. Yo diría que no tanto, porque precisamente en sus expresiones está depositado todo lo que son (Lacan dixit), y agregaría que incluso cuando mienten y ocultan, o usan  deliberadamente frases efectistas para la ocasión, para la foto del Face. Y la ocasión hoy es, precisamente, eminentemente electoral, que para eso viven quienes desean con todas sus fuerzas (y con todo el erario a su disposición) mantenerse en la carrera por el poder político remunerado.

Aunque jóvenes en edad, Bonilla y Colosio no representan, en la práctica, ningún relevo generacional. Ambos responden a sus partidos, y sus respectivos institutos políticos siguen alimentándose de las viejas y arcaicas formas de hacer política. El PAN se ha delineado abiertamente como un partido de ultraderecha y MC mantiene una gerencia sempiterna con cargo al dueño, Dante Delgado, aunque el rostro visible sea hoy Jorge Álvarez Máynez.

En Chihuahua el PAN y MC han hecho comparsa en detrimento no sólo de la democracia local, sino de la vida pública de la ciudadanía con toda una serie de decisiones compartidas (o pagadas), votadas en conjunto en el Congreso con el duartista diputado Francisco Sánchez.

Sánchez ha votado las iniciativas más sensibles ordenadas por la gobernadora María Eugenia Campos Galván. Versiones periodísticas recuerdan que su primer voto en favor del PAN fue para aprobar en el Congreso local la reforma Constitucional que eliminó el concurso por oposición para las magistraturas del Poder Judicial en Chihuahua, a cambio de un cargo público para un familiar. 

Sánchez, quien fue hasta hace unos meses dirigente estatal de MC y le pasó en agosto la estafeta a su paisano de Parral, Alfredo el Caballo Lozoya, favoreció en su momento la iniciativa del panista Alfredo Chávez para modificar la Ley Orgánica del Poder Judicial del Estado que garantiza pensiones millonarias, por retiro anticipado, a la mayoría de los magistrados que fueron nombrados por César Duarte en su etapa de gobernador. A partir de septiembre Sánchez fue nombrado vicepresidente del Congreso local.

En sus declaraciones por las redes, se nota la incompatibilidad entre la retórica y la realidad. Dijo Bonilla: “Desde el norte de México sabemos que los grandes cambios comienzan cuando alguien se atreve a imaginar que las cosas pueden hacerse de otra manera”. 

Cuando estas palabras surgían de su ronco pecho al mundo de las comunicaciones digitales, el Cabildo ya le había aprobado a Bonilla la ridícula pero insultante venta de una calle, por 18 millones de pesos, a los dueños de Al Super Universidad.

Hasta ahora, en Chihuahua las cosas siguen haciéndose con el rancio estilo que impuso el PRI hace muchos años y que ningún partido ha podido sacudirse, porque hacerlo es perder privilegios de todo tipo.