En MORENA es Cruz; y en Chihuahua, las rupturas por venir
Ayer, mientras en Chihuahua la gente estaba pendiente de los efectos que tuviera el huracán “Polo” sobre sus ciudades y la capital del estado se veía afectada por una tormenta que algunos medios calificaron por su cuenta como “tromba”, en la Ciudad de México se iban desgranando uno a uno los nombres de los siete candidatos y candidatas de MORENA que faltaban para cubrir todo el espectro de aspirantes a las gubernaturas de sus respectivas entidades. Hasta que llegó, al último y pasadas las once de la noche, el destape que más interesa por acá: el de Cruz Pérez Cuéllar.
El nombramiento del “coordinador” para Chihuahua, dado a conocer por Citlalli Hernández, presidenta de la Comisión Nacional de Elecciones de MORENA, y no por la dirigente nacional, Ariadna Montiel, como vino ocurriendo todo el lunes, cayó como un chaparrón para los seguidores de Andrea Chávez, apoyada por el PT pero con una dirigencia ausente en el templete, y despreciada por el PVEM, cuyo jefe nacional que acompañó toda la jornada, Arturo Escobar, le garantizó su apoyo, “al cien por ciento”, a Pérez Cuéllar.
Desde antes de su destape, algunos seguidores del alcalde de Ciudad Juárez con licencia gritaban “¡coordinador, ¡coordinador!”, en tanto la porra de su oponente, ya en la derrota, sostenían a voz en cuello, “¡Andrea!, ¡Andrea!”, cuyo destino hoy es incierto. Aquí, las formas del rompimiento fueron muy finas, pero serán esas incisiones con las que tendrá que lidiar –y resolver– de aquí a junio de 2027 el partido-movimiento creado por López Obrador y la propia Ariadna Montiel, que logró así imponer su impronta en la designación local.
En su discurso, Pérez Cuéllar recurrió, como es común entre el morenismo, a la instrumentalización de la historia para forzar una analogía y venderse, desde ya, como heredero de revolucionarios al estilo de Francisco Villa, garantizando además una “derrota ejemplar” para el “neopanismo” encabezado en Chihuahua por su excolega panista, María Eugenia Campos Galván, a quien acusó, nuevamente –al igual que Montiel– de “traidora a la patria”.
A lo largo de un mes, las designaciones de las nuevas “corcholatas”, como las selló en su momento López Obrador, o “coordinadores” estatales, como ha preferido llamarles hoy MORENA para saltarse las normas electorales, han producido inconformidades, abiertas y soterradas, en medio de gritos de “¡unidad, unidad!” que tanto resonaron en el PRI de antaño y que hoy desempolva, dentro y fuera, el partido del oficialismo de cara a sus discordias domésticas.
A manera de digresión debo aclarar que achacarle todo a una especie de “cultura priista” para ejemplificar el comportamiento antidemocrático de MORENA se ha vuelto ya un cliché, y me parece que eso ya debe estar superado, porque el partido de López Obrador en realidad ha ido construyendo y perfeccionando mediante recursos legaloides y chantajistas sus propias fórmulas decadentes de hacer política.
Eso se vio en la sospechosa designación “por consenso” de Elí César Cervantes Rojas como “coordinador” de San Luis Potosí. El profesor y senador Cervantes ni siquiera se inscribió para participar en la competencia en las encuestas y los aspirantes inscritos declinaron en su favor. En esa entidad el PVEM no irán en alianza con MORENA y es previsible que apoye las aspiraciones de Ruth González Silva, esposa del actual gobernador por el Verde, Ricardo Gallardo Cardona, a quien el nepotismo le representa el mismo orgullo que en los ochenta le resultó al presidente José López Portillo.
El caso de las rupturas en MORENA están documentadas por la realidad. Nada menos ayer, antes de la última selección de aspirantes, el jefe de la bancada morenista en la Cámara de Diputados del Congreso de la Unión, Ricardo Monreal, se anticipó llamando a los aspirantes a respetar los resultados de las encuestas que se darían a conocer más tarde.
La presidenta Sheinbaum hizo lo mismo esa mañana durante su conferencia matutina, apostando al diálogo frente a inconformidades que pudieran producirse por la designación de los “coordinadores” de su partido. Horas antes de que MORENA y los partidos que conforman la alianza anunciaran a los últimos siete “coordinadores estatales de la Defensa de la Transformación”, la presidenta se mostró cautelosa al declarar que no se metería en “asuntos de competencia partidista”, y expresó que, frente a tales inconformidades, “lo deseable es que haya diálogo entre quienes aspiraron al cargo para procesar las designaciones”.
Estas evidentemente provocaron damnificados y los iremos conociendo poco a poco. Sin embargo no está claro, por ahora, que MORENA vaya a hacer las reparaciones necesarias para no fracturarse más hacia el interior.
Fueron notorias las diferencias que resonaron en el World Trade Center de la Ciudad de México, justo después de algunas designaciones, como ocurrió, por ejemplo, cuando fue elegida como “coordinadora” la expriista Clara Luz Flores. Su principal contendiente, Tatiana Clouthier, visiblemente inconforme, sólo se limitó a decir, al ser cuestionada por los medios, que sólo apoya el proyecto de la presidenta Claudia Sheinbaum. Ni ella ni otros aspirantes aplaudieron la designación de Flores.
Lo mismo ocurrió cuando se anunció la designación del hijo exgobernador Leonel Cota Montaño, Manuel Cota Cárdenas, por Baja California Sur. La selección del diputado federal por el PVEM fue resultado de las negociaciones de este partido con MORENA. La senadora Guadalupe Chavira, simpatizante de Quiroga, gritaba inconforme, “¡tiempo de mujeres!”. Quiroga y sus simpatizantes abandonaron el recinto. En ese momento, Ariadna Montiel pedía unidad a los militantes, aduciendo que “el adversario quiere todo el tiempo manchar al movimiento”.
Otra “coordinación” para el Verde fue la de Nayarit, que recayó en la persona de Jasmine Bugarín, senadora de ese partido pero quien hizo la mayor parte de su carrera política dentro del PRI.
Ya en días previos, las designaciones de las “coordinaciones estatales” en Quintana Roo, Guerrero y Zacatecas causaron protestas entre las filas de los aliados de Morena, sobre todo del PT. Sin embargo, el domingo pasado, en el evento de la presidenta Claudia Sheinbaum en el Zócalo, el presidente del PT, Alberto Anaya, afirmó que no habrá ruptura con el partido guinda ni con la titular del Ejecutivo. Sólo que un día después, ninguno de ellos piso el templete que encabezó MORENA al lado del PVEM.
Con los siete nombramientos de ayer, MORENA concluye una etapa iniciada el 25 de agosto, cuestionada desde cualquier punto de vista democrático, rumbo al 2027.
Tras la definición de las virtuales candidaturas para las gubernaturas, MORENA tendrá ahora que establecer sus procedimientos para seleccionar candidatos a diputaciones federales y locales, presidencias municipales, entre otros cargos, y ahí este partido-movimiento va a tener que echarse otro trompo a l’uña, como se dice coloquialmente; aunque, como es previsible, serán los “coordinadores” estatales quienes resuelvan tales entuertos, dada su cualidad de “intendentes” que les otorga, como en la etapa virreinal, el poder central y no encuestas locales que nadie conoce. O seguramente los arreglos, al menos en el caso de Chihuahua, puedan pasar, como siempre, por el simple arreglo de las reparticiones del pastel.
El virreinato y las intendencias fueron elementos históricos que, por cierto, no tocó Pérez Cuéllar, aunque estos le encajan como un guante a su investidura actual.


