Academia policial en Querétaro: otra vez las traiciones y el doble discurso soberanista
De nueva cuenta se complican las relaciones bilaterales de México con los Estados Unidos. De suyo son complejas por la agresividad del gobierno de Donald Trump, pero se agravan por la ausencia de una definida y resuelta política exterior de nuestro país.
La cancillería ha fracaso en el primer tramo del gobierno actual y no se avizora que el nuevo secretario de Relaciones Exteriores pueda sacar adelante los difíciles temas.
En esto los “incidentes” parecen ser los motivos, pero hay otras razones de fondo. Por ejemplo, hace muy poco, por la intervención de la CIA en el municipio de Morelos del estado de Chihuahua, se desató toda una ola de debates y cuestionamientos que derivaron en la renuncia del fiscal local César Jáuregui Moreno, a la vez que la gobernadora Maru Campos se envolvió en la bandera, queriendo alcanzar el liderazgo nacional por su supuesta dirección para combatir al narcotráfico.
Ahora la disputa es porque al amparo del embajador de Estados Unidos, Ronald Johnson, el gobernador panista de Querétaro, Mauricio Kuri, colocó una primera piedra de lo que sería la Academia Internacional de Capacitación Policial en esa entidad, sin que se haya dado parte al gobierno federal, de acuerdo a la norma constitucional.
Extraña la reacción de la presidenta de la república porque durante la colocación de esa primera piedra estuvieron presentes altos oficiales del Ejército mexicano, en particular el comandante interino de la XVII Zona Militar, general brigadier de Estado Mayor, Aldo Raúl Gómez Quintero.
Esto nos lleva a pensar en varias hipótesis: que los gobernadores se están arrogando facultades que la Constitución General les niega, como lo dispone muy claramente el artículo 117 al estipular que los estados no pueden, en ningún caso, celebrar alianza, tratado o coalición con otro estado ni con las potencias extranjeras. Más claro, ni el agua.
Otra posibilidad es de que Washington, brincándose todas las trancas, se entienda con el secretario de Seguridad, Omar García Harfuch, y que éste sea el responsable, soterradamente, dada la muy estrecha relación que el aplaudido funcionario tiene con el gobierno del vecino país.
Y la más grave de todas: que producto de la militarización irresponsable y galopante que hay en México, las fuerzas armadas empiecen a actuar bajo el lema de china libre, y entonces ni siquiera enteren a su comandanta suprema, la presidenta Claudia Sheinbaum.
Por un lado tengo a bien que la presidenta puntualice el problema y lo subraye, pero, por otra parte, también hay que decir, firmemente, que este tema demuestra o evidencia su déficit de gobernanza en esta materia, lo que es particularmente delicado.
Si a este problema no se le pone punto final y el deterioro institucional nos habla de que cada vez será más difícil, cualquier gobernador o jefe de zona militar, naval o aérea se va a considerar con la facultad de ponerse al servicio de intereses extranjeros, en particular con Estados Unidos.
Además, ya es tiempo de que haya un mínimo de congruencia entre el discurso y los hechos, porque la presidenta ha solicitado –y la Cámara de Senadores lo ha autorizado– la presencia de fuerzas militares norteamericanas en Chihuahua, marcando un fuerte desmentido a la tan llevada y traída defensa de la soberanía nacional.
Y aquí cabe decir que la interferencia de Andrés Manuel López Obrador en temas de política internacional con los Estados Unidos es algo a lo que se le debe poner punto final, porque es una provocación de la que la misma presidenta puede ser víctima, dada su docilidad y silencio.
Geoestratégicamente nuestra vecindad con Estados Unidos requiere de un mejor desempeño del gobierno de la república en política exterior. A mi juicio, no es el tema de una escuela de policías en Querétaro, sino el desbarajuste por la interferencia de otras entidades, al margen de lo que dispone, con toda claridad, el referido artículo 117 de nuestra Constitución federal.
De no ponerse un hasta aquí y de no establecer claramente el ámbito competencial, se abrirá la gran avenida por donde Estados Unidos podrá intervenir a México, amparados en acuerdos con traidores que no faltan y, a mi juicio, gobernadores que están ahí sin principios ni límites, por la polarización existente en el país y la descarnada lucha por el poder.
Este es un tema de política internacional de primer nivel en el que se debe aplicar la Presidencia de la república. De no hacerlo, será corresponsable de las consecuencias.
No es una escuela de policías, es la real soberanía mexicana y su faceta de defensa nacional.


