Columna

La apuesta por la cultura

Este texto fue preparado para ser leído por su autor durante la presentación del libro En el corazón de la duda, sin embargo en el evento lo dejó de lado para improvisar algunas ideas contenidas en el mismo, y hablar directamente con el público. El texto íntegro se reproduce a continuación en abono a la memoria de esa ocasión:

Amigas, y amigos:

Agradezco la benevolencia y la paciencia por asistir al parto de En el Corazón de la Duda, una modesta obra escrita para ayudarme a comprender a las otras y a los otros. 

Aunque con esta obra no pretendo definir lo que es cultura, para mí es un recurso intelectual para provocar la deliberación, la escucha y, si se puede, contribuir a tejer consensos, hoy tan necesarios.

Con ánimo republicano recibo los elogios de mis compañeras y compañeros en esta tarde, y a la vez tomo nota de las críticas y disensos que han expresado. A quienes nos interrogan, esperamos estar a la altura y corresponder con las mejores respuestas.

Este libro es una apuesta por la cultura universal, de parte de alguien al que se ha visto cotidianamente en los espacios de la política, sobre todo la de raigambre ciudadana.

Entiendo por cultura todo aquello que nos hace ser lo que somos, la aportación humana que nos pone en contacto con la naturaleza para buscar los cambios necesarios y benéficos para la individualidad y el conjunto social. 

Es la cultura la que ha recomendado el arte de medir las propias limitaciones y alcances y abrir camino a las mejores opciones. Es la que nos ha hablado, también, del arte de gobernar, aunque esto no se haya alcanzado en la trama y urdimbre de la sociedad. 

Hoy la cultura política obliga a la sensatez y reconoce, a un mismo tiempo, la inteligencia humana y la osadía de las personas valientes, por más que a veces se les pretenda distanciar una de la otra. 

En la obra cultural vibran alternativas que en ocasiones ni la ciencia política, ni quienes se dedican a la política profesional, alcanzan a percibir, y eso daña a toda la sociedad. 

Por eso, en este libro encontrarán desde vivencias familiares de quien lo ha escrito, a la vez que sus experiencias frente a la obra artística, que tienen su origen en la música, el cine, la poesía, el teatro, la literatura, la plástica, la filosofía, y no se diga la comunicación, que además no le es ajena la política.

No pocas veces el futuro del hoy está en una estrofa promisoria en una novela, en una escala musical o en un lienzo sugerente. Lamentablemente, por su falta de sensibilidad, nuestros personajes de la política profesional están ajenos a esto y prefieren recurrir a lo insustancial, a lo superficial y banal. Se trata de una brecha que se ensancha y que es socorrida por el uso vacío de las nuevas tecnologías.

La cultura permite crear ciudadanía, mantenerla presente, activa y unida, aun en las discrepancias. La cultura detesta la destructiva política de adversarios y sabe lo costoso que esto ha sido en el mundo entero.

En un tiempo tenebroso, como el de ahora, se deshonra la palabra y se reduce al ciudadano a mero espectador, consumidor o cliente de partidos maltrechos o gobiernos de filantropía utilitaria. La cultura no quiere eso, y por eso es la apuesta de hoy.

Como se ha dicho antes, el ser humano se vuelve libre cuando las condiciones económicas y políticas le sean favorables, y la cultura proporciona la solidez de esta afirmación. 

Hoy la cultura recomienda dudar de verdades artificiales, construidas a modo y capricho. Por la cultura todas las mexicanas y mexicanos cabemos en este país, y esa certeza la genera una de las creaciones humanas, a veces vilipendiada hasta el crimen, pero jamás desmentida: la democracia, sustentada en los derechos humanos que hoy, como ideal, navega en una república en peligro y reclama el concurso de nuestros esfuerzos para salir adelante. 

Quien diga que todo está perdido, que se asome a la cultura y a la grandes creaciones humanas, que lo mismo están en nuestro pasado prehispánico que en nuestro presente mestizo, o en las grandes obras de artistas nacionales contemporáneos. 

Estas preocupaciones son las que palpitan en el corazón de la duda.

¡Gracias por su asistencia! Espero que hayan disfrutado esta velada.