Tiempo nublado
Los tiempos electorales de Chihuahua son tiempos nublados. Hablo de política y no del inclemente clima. El espacio público es el lugar donde se da el choque de proyectos, opiniones y planteamientos; sin embargo hoy, al observarlo bien, no permite ser el sitio para tomar la temperatura creciente de los conflictos que vendrán.
La mentira, la falsedad y la simulación se han apoderado de todo. Ni los gobiernos, ni los partidos políticos, y mucho menos los aspirantes a candidaturas le hablan claro a la gente, a su cuerpo ciudadano, con miras al proceso electoral importantísimo que tendremos en 2027.
Empecemos por la voz del gobierno estatal. María Eugenia Campos ya se la creyó de que es una lideresa de dimensiones nacionales, y entonces quiere marcar desde Chihuahua una agenda internacional con relación a los Estados Unidos, tarea que en el ámbito de las atribuciones sólo corresponde a la Presidencia de la república, en este caso a Claudia Sheinbaum.
Cuando Campos Galván cataloga al gobierno federal como un “gobierno de muerte”, omite decir que su estado, el que se supone que ella gobierna, está en los primeros tres lugares de crímenes violentos; que en la visión de los Estados Unidos, Chihuahua es un estado con su frontera en manos del narcotráfico y el crimen organizado; y se desentiende, por último, de que ella fue cómplice de Felipe Calderón y su criminal “guerra” con saldos sangrientos para la entidad. Pero nubla el espacio con sus mentiras. Cree que pasará a la arena nacional de esa manera.
Además, y congruente con lo que se supondría el objetivo central de 2027, no está haciendo la tarea de contención de la Cuatroté en Chihuahua. Se sigue autoconcibiendo como la reina, sin darse cuenta que el poder acaba, y el suyo ha entrado en una cuenta regresiva, aparte del fracaso y la crisis que ha caracterizado a su administración.
A su vez, Cruz Pérez Cuéllar, el alcalde de Ciudad Juárez con licencia, también nubla el panorama cuando ya despliega una campaña a todas luces ilegal, ostentándose como el futuro gobernador del estado, embonando este discurso en la creencia de que hay una onda social larga que ineluctablemente terminará con Chihuahua alineado en el morenismo.
Pérez Cuéllar es un delincuente, cómplice del duartismo, perdonado por Javier Corral por razones de compadrazgo religioso, y confía en que los que ostentan el poder en el estado hoy no lo verían mal para el sexenio que viene, cuenta habida de que es astilla del mismo palo panista. Ya ven que esas cosas son tan flexibles, que Javier Corral juega hoy de jilguero de la Cuatroté en el Senado. Tiempo nublado.
Al amparo de esto, vemos surgir en la espuma política –consistencia no hay– a una Mayra Chávez Jiménez como política en la frontera, aspirando a convertirse en la alcaldesa de Ciudad Juarez, sin más escoleta previa que haber formado parte de la servidumbre del PRI de César Duarte, con cuyo apoyo llegó a la dirección municipal de su partido y a la diputación en una de las peores legislaturas que ha tenido Chihuahua y que vio pasar la corrupción de Duarte sin pronunciar palabra alguna.
Hoy esta política cuenta con el apoyo de Ariadna Montiel (¿qué le vio?) para ponerse al frente de la delegación estatal de la Secretaría del Bienestar en Chihuahua, quiero decir, de la agencia electoral morenista en el estado. Tiempo nublado.
Andrea Chávez, por su parte, está manchada por sus vínculos con un senador que está ligado al crimen organizado de Tabasco y que en el escándalo se conoce como la Barredora. La senadora con licencia nos ha endilgado a un nonato como representante de todos los chihuahuenses (demagogia habemus). Ella es una persona sin experiencia, producto de las circunstancias. No digo que no sirva, lo que digo es que le falta cocción. Y ya ven que a veces a las puertas del horno el pan se quema. Tiempo nublado.
En el ámbito del municipio, donde tiene asiento la capital del estado, César Jáuregui se queja de “guerra sucia” en su contra, como si nunca hubiera habido tal en su partido, el PAN. Se escinde, sin romper, para pretender ser el candidato a la Presidencia municipal.
Al igual que la gobernadora, tiene las manos manchadas por la corrupción y complicidad con Duarte, y contribuye, con desmesura, a nublar más el panorama cuando habla de que él únicamente ha trabajado por Chihuahua, sin mancha alguna, y que lo demás que se dice en su contra es artero ataque y no crítica.
Él dice que habla por sus resultados. Como parlamentario que es, debiera saber que existe el sofisma de petición de principio; y entonces que nos demuestre dos cosas: esos resultados que presume y que no estuvo en falta por los sucesos de El Pinal, municipio Morelos y por los que tuvo que renunciar como fiscal general. Tiempo nublado.
A Marco Bonilla lo único que se le ha visto hacer en estos días es comprar paraguas, aunque tiene dos años autopromocionándose dentro y fuera del país.
Nubla también el espacio público que muchos poderosos hombres de negocios estén pactando con MORENA la sucesión del 2027. Ahí ni siquiera se puede decir que se les perdone porque no saben lo que hacen. Porque sí lo saben, y lo saben muy bien.
Y hablando sólo de nubarrones pequeños, pero que al proyectarse pueden ser altamente peligrosos, se observa el relevo fascistoide del diputado panista local Carlos Olson, opositor de cuanta demanda de las mujeres se haga presente para modificar una ley. Para él la vida de las mujeres se agota en las famosas tres “K” alemanas: Kinder, Küche, Kirche (kinder, cocina, iglesia). Y por otra parte, ya apareció en una manifestación pública del panismo de Olson una bandera de Israel, algo realmente insostenible a la luz de los crímenes que el gobierno de Netanyahu comete diariamente en la Franja de Gaza contra palestinos.
Como podemos ver, los nubarrones políticos son negros y densos. Más, cuando la ciudadanía está ausente y aplastada.
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Ilustración: Composición elaborada con IA.


