Columna

Segundo Informe de Sheinbaum: MORENA a la baja

Se suele afirmar, no con exactitud del todo, que Nicolás Maquiavelo trazó una delimitación entre la ética y la política, como si fueran mundos absolutamente separados. La idea se repite y es muy frecuente escucharla hasta en prestigiadas instituciones académicas.

Cuando ese discurso se vulgariza y se usa como un lugar común, o como un cliché, se insinúa que ética y política son irreconciliables, que cada una va por su senda y que son líneas paralelas que jamás se juntan. La realidad es que la política tiene un sustento en la ética, sobre todo cuando se trata de civilizar el conflicto. 

Pero lo más ruin de todo es que, con el pretexto doctrinario, unos políticos, con o sin poder, se arrogan toda la ética para sí; son los buenos, los congruentes, los puros, y fuera de ahí el resto maldad y putrefacción, cuando lo correcto sería un juego entre ética, derecho y política que asigne adjetivos a quienes particularmente están en el ejercicio de la política, en estratos bajos, pero sobre todo en los muy altos.

Con la llegada al poder de MORENA y López Obrador a la Presidencia de la república, su administración, su partido y su movimiento se autopresentaron, como lo hacen las religiones, garantes de la pureza frente a un mundo abyecto y corrupto. 

Ellos concentraban lo mejor, eran los impolutos, los que no robaban, no mentían y no traicionaban. “No somos lo mismo”, era la frase complementaria para la construcción de un mundo bipolar en el que de un lado estaban los buenos (ellos) y del otro los malos (el resto). Ese discurso sirvió para ir construyendo una hegemonía que hoy se empieza a caer estrepitosamente. 

Conviene decir en este momento estas palabras precisamente en la oportunidad en la que la presidenta de la república rinde su Segundo Informe de Gobierno, agotando un tercio de su sexenio que no acaba de consolidarse con un nuevo sello, propio. La sombra de López Obrador y su pretendida dinastía pesan mucho en las espaldas de Claudia Sheinbaum, como lastre, porque la hacen ver en calidad de títere de palenque.

Los fracasos están a la vista: la profunda erosión institucional, particularmente la destrucción del Poder Judicial de la Federación, el control férreo del Congreso de la Unión, la mezcla entre partido y gobierno, y el hecho de que la economía no despegue y denote que no hay crecimiento real, y por ende una profundización de la crisis fiscal del Estado.

La política exterior mexicana ha alcanzado los niveles más bajos de su historia reciente; la defensa expresa de dictaduras en el continente avergonzaría a gobiernos menos ostentosos como el de la señora Sheinbaum. 

Y en el corazón de esto una evidencia: el crecimiento de un Estado policial que avanza en dirección de un totalitarismo en el que menudean frases como la siguiente: “Todo con MORENA, nada fuera de MORENA”, que nos recuerda los demagógicos y trágicos de Benito Mussolini, quien prohijó el fascismo en Italia a partir de los años 20.

Empero, sí se dejan sentir luces en la profundidad del túnel: MORENA llega a este momento con un deterioro y caída que tenderán a profundizarse, más en la medida en que se construya una ciudadanía libre y siempre presente. 

Los de MORENA dicen que “son diferentes”, pero mienten. La gran diferencia con el PRI y el PAN de antaño es que estos no se consideraban los dueños absolutos de la ética. Y en este plano, y con una buena lectura de Maquiavelo, podemos decir que cuando menos estos no presumían todo aquello de lo que carecían.

Por eso es óptimo ver la política no como un fenómeno de la naturaleza en donde suceden desastres, sino profesar una ética de la responsabilidad mediante la cual podemos saber qué uso dan los gobernantes a sus facultades y atribuciones. 

Todo esto se puede medir, pero la demagogia no tiene límites, y seguramente Sheinbaum seguirá con la cantaleta de que son los herederos de lo mejor de la historia del país, en esa comercialización que hacen del opio de la historia.