Columna

Pérez Cuéllar, el centralista

Cruz Pérez Cuéllar afirmó el fin de semana que, de ser gobernador de Chihuahua, terminará con el “pleito” con la federación. Lo que no dijo expresamente, pero está implícito en su declaración, es el anuncio de la servidumbre centralista que están prestos a asumir en su potencial condición de procónsules de la Presidencia de la república, pues es la obediencia debida que obliga a quien llegaría señalado para una candidatura a gobernador por el viejo sistema de recibir la venía del poder dictatorial que ha traído el régimen morenista, inaugurado por el jefe de jefes, Andrés Manuel López Obrador y continuado con instrucciones precisas por la señora Claudia Sheinbaum.

Pérez Cuéllar está dispuesto a lo que sea con tal de que lo hagan candidato a gobernador (aunque el dispendio de recursos públicos y sus giras desde hace dos años maquillen ese propósito), y es ahora el más claudista que podamos imaginar. Hoy por hoy se ostenta como el que más sabe “donde duermen las huilotas” (refrán rústico que lo pinta de cuerpo entero) a las que cree conocer como el que más, y por eso el mensaje zalamero y abyecto que significa que el estado quedaría a merced de la inquilina de Palacio Nacional o el padrino de Palenque. Nada que no hayamos visto en nuestro país, federalista de palabra pero centralista en los hechos.

Pero eso es parte de la vida torcida que hemos tenido hasta ahora. El fondo es lo que debiera preocupar, y bastante. Cruz Pérez Cuéllar lo que está anunciando es el entreguismo más burdo imaginable, y más allá de esto, la raquítica noción que tiene de las relaciones entre entes públicos que cuentan en su haber con facultades expresas y limitadas a las que todos se deben ceñir.

No se trata de “pleito” porque por esa senda siempre perderá la entidad federativa, más si tomamos en cuenta que los que llegan designados no levantarán la voz en ninguna circunstancia. En esta visión, pleito o amistad daría lo mismo.

Tenemos un poder presidencial desbordado, no imaginado luego de una ardua lucha por acotarlo y desligarlo del viejo hábito patrimonialista. Todo lo que no está en manos del poder federal corresponde al estado, y si el estado lo encabeza un gobernador claudicante, nada más queda por resolver autónomamente desde nuestro territorio propio.

Si a esto agregamos que hay un colonialismo interno con el que las fuentes tributarias principales las tiene el gobierno federal a través de la llamada “coordinación fiscal”, todo está dicho: no somos más que un departamento de la Presidencia de la república disfrazada de cuarta transformación y soportada en una pandilla de inexpertos y entreguistas como Pérez Cuéllar que se nos presenta con la vergonzosa tesis de no “pleitear” con el centro, sino buscar amistad y servilismo para que nos den lo que por ley le corresponde a Chihuahua y en general a cualquier entidad federativa que se precie de tal.

Cruz Pérez Cuéllar cree que siendo “amistoso” obtendrá ventajas, pero lo que se requiere es tener un Ejecutivo local con talante, porte y decisión para luchar por lo que nos pertenece. Chihuahua no vive de limosnas. Lástima que la pasta humana de los candidatos no dé el ancho, porque a todos incluyo.

Bien mirado y llevando esto a todas sus consecuencias imaginables, es seguir pensando que sólo la institución presidencial es el ropaje falaz de un tlatoani supremo que vive y despacha en Palacio Nacional como si fuera el gran teocalli.

Así de rústico Cruz Pérez Cuéllar. Hay que impedirle el paso.