Columna

Inquisición 4T

Ahora que el oficialismo quiere cerrar la pinza para coartar la libertad de expresión y ser dueño de la verdad única, no muestra fortaleza sino debilidad. Sabe que por más que haga no logrará sus nefastos propósitos. La llamada “Santa Inquisición” tardó siglos y ni así lo logró.

El hecho me recuerda lo que una vez le leí a Julián Marías, un filósofo español del siglo pasado, que nos dijo, a propósito de la Inquisición:

“Lo característico de los aparatos represivos es que cuando están sólidamente instalados, apenas tienen que ejercerse. Su mera presencia y su disponibilidad aseguran su eficacia. Al cabo de algún tiempo, nada tienen que prohibir ni castigar, porque nada o muy poco se intenta. Su lenidad no consiste en otra cosa que en la convicción de que ni siquiera es necesaria la violencia. Pero, además, todo el mundo sabe que está ahí, dispuesta y preparada a ejercerse tan pronto como haga falta”.

Pero esto, no lo olvidemos, se logra con oficio, y los de la Cuatroté son toscos, no saben cómo hacer las cosas y se decantan por lo áspero. Pero, ¡cuidado!, ni de chiste pensemos que podamos llegar a esa sutil barbarie.