Crisis en el IMMS echa por tierra la ilusión del “Dinamarca” lopezobradorista
Una de las tareas fundamentales del Estado es garantizar una vida con seguridad y salud. Cuando una falla o las dos colapsan, el establecimiento estatal entra en crisis y hasta puede precipitarse hacia una catástrofe mayor. Los estados totalitarios se derrumbaron, en muy buena medida, por algo similar a lo que está pasando aquí en México.
En los hospitales soviéticos, por ejemplo, no había medicamentos, ni personal suficiente o insumos, y la gente empezó a morir por enfermedades altamente curables, a condición de una atención oportuna y eficaz.
Las comparaciones hoy en México son inevitables. La salud en el proyecto de la Cuatroté de Andrés Manuel López Obrador, fue una bandera seductora para millones de mexicanos porque el país iba a pasar a obtener niveles como el de los países escandinavos, simbolizados en la palabra “Dinamarca”, que tanto se popularizó durante el sexenio pasado.
Se despreció un modelo existente y, como aprendices de brujo, los dirigentes de la Cuatroté destruyeron lo que había y fueron incapaces de reemplazarlo por algo mejor. Ni el diseño institucional, ni el respeto de las instituciones mismas es su fuerte; erosionarlas ha sido su habilidad.
A la hora de los parches, López Obrador hasta llegó a ofrecer una “mega farmacia” nacional, pero a estas alturas y viendo la historia del tratamiento que se ha dado a los programas de vacunación y la atención de la pandemia del Covid-19, no queda duda de que la llamada “cuarta transformación” resultó en un fracaso colosal que hoy ha lanzado a las calles a los médicos, personal de enfermería, trabajadores administrativos y manuales del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS).
Reclaman en la plaza pública y en las calles lo que debiera ser una prioridad nacional: la atención de la salud de millones de trabajadores, asalariados, incluso de no derechohabientes que han transitado a lo que se llama “IMSS-Bienestar”, otro parche más en este fracaso.
Los esquemas se reproducen. Zoé Robledo, actual director del IMSS, es un político que poco o nada tiene que ver con los grandes problemas que encara México en materia de salud pública y salubridad. Político que además llegó del PRI a un área neurálgica que produjo la crisis que ya reventó en estos días.
Hay aspectos que están a debate en la agenda del día de hoy: la deficiencia en los servicios ya tiene tiempo de ser un secreto a voces; las carencias en los hospitales, los quirófanos y las farmacias es enorme. Quienes reciben los reclamos no son los integrantes de la alta burocracia, sino precisamente el personal médico de enfermería y ambulancias los que torean el reproche y hasta los malos tratos de los usuarios; ellos son el eslabón que ata al IMSS con los los beneficiarios y donde se da el roce más áspero en lo cotidiano.
Simultáneo a esto, los incrementos salariales no se corresponden con el nivel que debe tener el grado de profesionalismo, que es la materia central de la institución. Ofrecer de aumento salarial 6.8%, y además dividido en dos partes, no ha sido aceptado por la base laboral; así como tampoco el que, con malabarismos, presenta de otra manera Zoé Robledo para justificar que la oferta salarial está por encima de la inflación.
La realidad es que precisamente esa crisis salarial es la que mantiene en la calle a los trabajadores, y nadie acomete esto si no hay un real agravio.
En paralelo, y porque todo a la hora de las crisis se junta, hay un malestar con las estructuras sindicales que prevalece idéntico desde los tiempos del corporativismo priista. Así como los secretarios generales del sindicato en la época de la hegemonía tricolor ocupaban diputaciones y otros cargos parlamentarios, igual ahora el secretario general del sindicato en el país es diputado por MORENA, o sea, es juez y parte.
Por eso, en todos lados la impugnación de Rafael Olivos Hernández se escucha porque no se aboca a la defensa profesional de los trabajadores que dice representar, sino en hacerle el juego al oficialismo del que es un apéndice en el Congreso.
No olvidemos que el IMSS es parte del Estado y que el líder sindical no es más que otra versión del “charro” de antaño, el vendedor de contratos colectivos; de alguna manera, el mejor abogado del interés de la parte patronal, por así llamarlo, por más que se trate del gobierno mismo.
El conflicto actual tiene una enorme trascendencia porque se ha convertido en el más grande mentís al discurso oficialista que coloca a México a la altura de un sueño realmente inexistente.
Hay que decirlo enfáticamente: los gobiernos de la Cuatroté son, en las últimas décadas, los que tratan de peor manera a sus trabajadores, porque así como el desprecio que vemos hoy contra miles y miles de empleados del IMSS, lo mismo observamos en la Comisión Federal de Electricidad, y no se diga en la burocracia general, que es tratada como la infantería en materia electoral.
Va desde aquí un modesto apoyo a los trabajadores del IMSS que hoy vestirán de dignidad muchas calles del país, centralmente las de la Ciudad de México.


