Miguel Etzel: ¿De parte de quién?
Si algo hay en las fiscalías y oficinas de jueces y magistrados son casos olvidados, penales y civiles, de todo tipo. Los que no se olvidan son los que involucran a personajes notables, con nombre –para bien o para mal–, influyentes por su poder o negocios. Pero con la muerte también se especula. Los miles de ejecutados anónimos siguen discriminados aún después de muertos. Que de ellos se ocupe Dios si los anfiteatros y funerarias no tiene cupo y los hornos crematorios combustible.
¡Ah!, pero que no sea un distinguido miembro de la clase política porque entonces el crimen continúa acaparando atención y páginas enteras en los periódicos.
No se permite que “los muertos entierren a sus muertos”, como dicta el Evangelio de Lucas. Es el caso del homicidio de Miguel Etzel Maldonado, asesinado hace 16 años, a finales del gobierno de Reyes Baeza y en pleno interregno, pues recién llegaba César Duarte, rebosante de soberbia. Era “el César”. (Échense ese trompo a l’uña).
Ahora los dueños del Diario de Chihuahua, que no mueven una pestaña si no lo ordena la gobernadora Maru Campos, ha desenterrado el caso Etzel Maldonado y lo cataloga de “crimen en olvido e investigación abandonada”.
¿Qué pretenden esos siniestros socios de la corrupción y el engaño social? ¿Culpar a Reyes Baeza de incuria? ¿Que César Duarte, no obstante ser el último político que lo vió, también lo abandonó? ¿Poner una cortina de humo para que no veamos el desastre que es la administración de Campos Galván? ¿Deshacerse del cogobierno PAN-PRI de la peor manera, entre acusaciones? ¿Crear un santo-mártir donde no lo hay?
Todos podemos tener nuestra propia hipótesis para explicar quién mató a Miguel Etzel, pero eso, con ser importante, no es lo más importante. Que nos diga El Diario de dónde viene esta “nueva” noticia y de parte de quién. Lo que se nota es que la falta de justicia continúa.
Maru Campos, en lugar de ordenar impresiones de El Diario, debiera rendir cuentas. ¿Qué ha hecho ella por el caso Etzel? Al parecer, sólo abrazarse del muerto, en compañía del gángster a sueldo, Osvaldo Rodríguez Borunda.


