Primero de Mayo: los rituales que no cambian
El Primero de Mayo es el Día Internacional del Trabajo por una decisión que tomó la Primera Internacional en la que participaron activamente Carlos Marx y Federico Engels, apoyados por organizaciones obreras de varios países, centralmente del fuerte crecimiento sindical que se dio en Alemania a fines del siglo XIX.
Al igual que el 8 de Marzo, se escogió ese día por ser emblemático y un símbolo de resistencia que, en el caso de los Mártires de Chicago, significó la represión extrema a líderes obreros, básicamente de orientación anarquista. Era la época más feroz del despliegue del capitalismo en los Estados Unidos, que contaba con un Estado, policías y jueces caracterizados por su ferocidad, como se pudo demostrar con hechos que se sumaron a crímenes detestables.
En México la primera conmemoración del Primero de Mayo fue en 1913, en la Ciudad de México, que había precedido la tragedia del cuartelazo de Victoriano Huerta, que asesinó al presidente Madero y al vicepresidente Pino Suárez, con la complacencia y complicidad del embajador norteamericano, Henry Lane Wilson, quien prestó sus oficinas para tan ruines planes y conspiraciones contra el país.
Durante muchos años, a lo largo del siglo XX, el Primero de Mayo se convirtió en un poderoso caballo de batalla para luchar por la autonomía e independencia de la clase obrera. Muchas marchas, mucha resistencia, y el saldo es que hasta ahora la autonomía sindical no se ha logrado a cabalidad. El PRI durante muchos años, y ahora MORENA, mantienen postrados a los trabajadores en materia del respeto a su independencia. Cambios van y cambios vienen, pero a los trabajadores se les sigue tratando con un ominoso tutelaje.
Aquí en Chihuahua el Primero de Mayo tiene dos momentos emblemáticos: 1972, cuando una gran demostración obrera, popular y estudiantil ganó la calle y demostró que había un desplazamiento de los trabajadores hacia posiciones democráticas y socialistas. Fueron los tiempos inaugurales del CDP, el de entonces, no el de la satrapía en que se convirtió con los líderes venales.
El otro momento fue en 1986, justo en el Centenario de la gesta de Chicago, cuando los trabajadores de Aceros de Chihuahua tomaron la vanguardia de la demostración masiva con la autorización de las organizaciones sindicales. La historia registra una represión ordenada por el gobernador Saúl González Herrera, que la contuvo con toletes, gases y apaleamientos. La represión se impuso y ese recuerdo marcó a ese gobierno.
Hoy lo que vemos, de nuevo, es un desfile de pleitesía al poder, con “charros” sindicales, líderes vendidos, políticos oportunistas y en general apegados a un anquilosado ritual a través de un evento oficial descolorido.
De todas maneras enviamos un saludo a los trabajadores en su día, con el deseo de que algún día alcancen sus más altas metas.


