Artículo

Mientras el crimen crece, Jáuregui y Loya en campaña

Con un fiscal general del estado en campaña electoral y un Gilberto Loya haciendo lo mismo, empeñado en lograr la inasible candidatura al gobierno del estado, la inseguridad pública en Chihuahua crece de manera alarmante. De por sí, con raíz profunda el tema de la inseguridad, lo es más si los encargados de combatirla ocupan gran parte de su tiempo en una lucha ilegal y deshonesta por cargos de elección popular.

Del Poder Judicial, ni qué hablar. Ahí se pelean hasta por la silla en la que pueden sentarse, so pretexto de que las jerarquías están por encima de todo, y que ruede el mundo.

Pero volvamos al tema inicial. En la última semana hemos tenido noticia de que de entre diez ciudades de la república, dos son de Chihuahua y están entre los paradigmas ominosos de violencia.

Además, y de manera reiterada, ya vimos cómo los delincuentes bloquean la carretera en la zona de Aldama que lleva a Coyame y Ojinaga, demostrando que lo que se vive en la región del Bajío se empieza a reproducir en todo México. Hoy cobra una característica especial: el último bloqueo reportado se ejecutó justo a la entrada de la pequeña ciudad de Aldama, que cuenta con un cuartel de la Guardia Nacional, exponiendo a la población abierta a una situación de grave peligro.

Entre las pequeñas soberanías del crimen organizado, vemos que prolifera el narcomenudeo a ciencia y paciencia de las autoridades de todos los niveles, y la violencia, la extorsión, el robo, el lenocinio, crecen exponencialmente, y la clase política no es que duerma, sino que anda en busca de cargos.

Y lo mismo se ve en la frontera norte con el gobierno del expanista, exemecista, duartista y ahora morenista Cruz Pérez Cuéllar. Realmente no hay ni una ventana hacia dónde voltear.

La militarización del estado también crece y frecuentemente se convierte en una agresión a los ciudadanos comunes y corrientes que nada tienen que ver con el crimen organizado, sino que son detenidos arbitrariamente por las fuerzas conjuntas del Ejército, la Guardia Nacional y las policías municipales y del estado. La Comisión Estatal de Derechos Humanos está muda.

La política policiaca de “prevención” la padecen los que no tienen ningún vínculo con la delincuencia; y entre tanto, en la escena local, la política de seguridad de María Eugenia Campos Galván ha caído al fondo de un fracaso más que estrepitoso.

Apostar simplemente a la construcción de una torre, con una tardanza sexenal, es en sí una desmesura; más si vemos que realmente no se justifica, a la luz de la tecnología actual, ni el lugar donde se edifica, ni el tamaño, ni el tiempo que se tardarán para concluir la obra.

Pero peor si nos hacemos cargo de la horrenda tesis de que Cruz Pérez Cuéllar se convierta en candidato, y eventualmente en gobernador, porque la despache con el ánimo que se inauguró con la suspensión del aeropuesto de Texcoco, ya que el señor, en sus pugnas con la gobernadora, con la cual forma una cofradía de origen panista, ya dijo que esta torre es “un mugrero”. Y ya sabemos qué destino tienen los mugreros.

Bien miradas las cosas, la Torre Centinela será un elefante blanco con el que el gobierno actual nos ha entretenido, augurando, ahora sí, el buen combate a la delincuencia, así sea que se tarden todo el sexenio, para cuando ya no estén al frente de las instituciones.

Esto, sin escudriñar el negocio que está detrás de la obra misma, por una parte. Por otra, que el complejo prácticamente se pretende entregar a la DEA como una muestra de las buenas relaciones con los Estados Unidos, y en el caso de Campos Galván, con el voraz y racista gobernador de Texas, Greg Abott.

La delincuencia tiene a Chihuahua en llamas, y mientras esto sucede, Jáuregui y Loya ocupan su tiempo en campañas electorales, resultando grotesco que el aspirante a ser el Bukele chihuahuense, o sea Gilberto Loya, haya sido sorprendido en Guadalupe y Calvo enviando a sus brigadas nocturnas a pintar bardas para su campaña, cuando esa región está que arde, como lo demuestran los recientes sucesos violentos en la comunidad de El Ocote, con saldo de dos muertos en un enfrentamiento entre supuestos grupos criminales que atemorizaron al pueblo.

Quizás ambos funcionarios estén pensando que cuando estén ellos apoltronados en el poder, otra cosa será. Pero Chihuahua no vive de sus ilusiones, a pesar de que ellos no se dan cuenta.