Columna

De artistas, intelectuales y poder en Chihuahua

Hablar de cultura y política en Chihuahua es referirse al lado oscuro de la realidad por que brillan por su ausencia artistas, creadores, intelectuales, periodistas, y se podrían agregar otras especies. Y por supuesto políticos, que son los que aportan mayormente el problema del poder, del control y los sujetadores sobre aquellos.

En medio de una crisis como la que vive Chihuahua en la disputa por el poder, no han dicho esta boca es mía, y desesperanzado, tampoco creo que lo hagan. No insistiré mucho en el tema, simplemente recordaré las palabras del pintor George Grosz, creador de entreguerras, que dijo: “Y nosotros, los artistas, ambiciosos como somos, nos ablandamos enseguida cuando nos acercamos al poder. Que ese poder fuese rojo, o de cualquier otro color, solía sernos indiferentes, mientras nos calentara como un suavecito rayo de sol”.

La creación de las secretarías de Cultura, en estados como Chihuahua, es una imitación extralógica de la que se instauró en el gobierno federal de Peña Nieto en 2015 y que copió aquí el ahora morenista, de ingrata memoria, exgobernador Javier Corral Jurado.

En realidad estábamos mejor cuando había CONACULTA o ICHICULT, respectivamente. Al menos era más barato y menos burocrático. Ahora cualquier solicitud pasa en primera instancia por los secretarios, que luego consultan, si se puede, con Gobernación y con Hacienda, y estas tienen que llegar a acuerdo con el Ejecutivo. Entre tanto pasan meses y hasta años.

Antes eran organismos autónomos con patrimonio propio e instancia única burocrática. Pero esto es una digresión, lo que deploro es la ausencia, en tiempos de crisis, de esos creadores que casi no se ven por ninguna parte en las calles de Chihuahua, no se diga cuando son fanáticos de los bandos políticos en disputa. En primer lugar está ese suavecito rayo de sol (llámese premio, medalla, beca…).

Y no es que espere que sean militantes o que tomen partido, como se exigía en los tiempos del totalitarismo extremo. Para nada. 

Por ejemplo Grosz fue irreverente con Thomas Mann, una de las glorias de las letras universales, y particularmente alemanas, por sustentar la peregrina idea de que la estancia en el poder de Adolfo Hitler no duraría ni seis meses. Y ya ven lo que pasó.

No exijo mucho, ni soy quién para hacerlo, pero ya es tiempo de que pasen lista de presentes.