Columna

Lula y las lecciones brasileñas

Luiz Inácio Lula da Silva ganó la elección presidencial de Brasil en segunda vuelta. Por la gran importancia que tiene este país, no tan sólo en América sino en el mundo, se puede ver en el resultado electoral una importante contención al crecimiento exponencial que lleva la derecha política.

Había recibido la dura lección de perder ante Bolsonaro la primera vuelta, y esto hacía previsible que el junior brasileño iniciara una nueva etapa de predominio en la saga de derrotas de la izquierda latinoamericana.

Pero no fue así, y eso merece un examen (ya se están realizando algunos muy importantes) de la alternativa que representa la izquierda democrática en la era de Donald Trump, quien actúa e interviene como un mandamás mundial. 

Sin duda la primera vuelta ha de marcar una enseñanza a atender por el presidente que se preserva en el poder y para su partido. Imaginemos que en México hubiera segunda vuelta y que el partido MORENA perdiera en la primera y refrendara en la segunda. Eso hablaría muy claro, al menos, de dos cosas: que la vía democrática es civilizatoria y que las polarizaciones y hegemonías a modo están fuera de sitio, por una parte. 

Por otra, que los países no caben en un solo partido ni en una versión del monolitismo que aquí en México se respira a diario. La Cuatroté no pierde oportunidad en defender el “carro completo” que, si bien puede ocurrir, no es de ninguna suerte que sea símbolo de un porvenir plural y tolerante.

Además es conveniente hacer una crítica a esos que con motivo del triunfo de Lula no han dudado en gritar “¡ganamos!”, como si alguna cosa hubieran hecho al respecto, cuando en la realidad no han mostrado una vocación de internacionalismo democrático, respaldado por actitudes al interior de los propios países.

Por ejemplo, sería muy conveniente, como una primera lección, que en la nueva etapa que iniciará la presidencia de Lula, nos hable claro de cuáles serán sus compromisos con un pasado ominoso y reciente que se vive en Latinoamérica con la herencia que dejó en Venezuela Hugo Chávez, o con las dictaduras de Díaz Canel en Cuba y de la pareja presidencial Ortega-Murillo en Nicaragua.

Sin embargo, por encima de todo eso, hay dos lecciones más sobre las que debemos reparar quienes profesamos el credo de la izquierda, concepto que, como las monedas que circulan mucho, empieza a perder sus caracteres.

En primer lugar, que luego del duro consejo histórico en Brasil, la izquierda no haya dudado en apostar por la vía democrática. Del fallido periodo de Tancredo Neves (murió antes de asumir el cargo en 1985), quien fuera el primer presidente electo después de la dictadura militar (en realidad lo fue José Sarney tras la muerte de Neves), a este momento, la izquierda no ha dudado en competir democráticamente, ganando y perdiendo, pero siempre atento de que la soberanía radica en el pueblo y se expresa a través de las urnas.

La izquierda latinoamericana, representada por el castrismo, el chavismo, el ortega-murillismo, y en general por toda la escuela que empezó con el régimen soviético, ha sido renuente a las consultas que se vinculan del propio escrutinio popular. En esto Lula es un ejemplo, al calor de elecciones competitivas y legales, ha refrendado que su proyecto cuenta con el apoyo mayoritario, a diferencia de los que una vez que se hacen con el poder ya no lo sueltan para nada, hasta que son derrocados o mueren.

Si bien ese es un excelente ejemplo de que la izquierda puede hacer las cosas de manera diferente, no está de más señalar que, a la sombra de Lula, no ha crecido un liderazgo que se constituya en relevo o en un activo fuerte y sucesorio. 

Con esta sería la cuarta ocasión que Lula asume el alto cargo, y hay un matiz que empleo ahora para subrayar la importancia de esto. En todos estos momentos ha ganado en competencia abierta, legal, transparente y fuera de toda duda, sin conflictos poselectorales. 

Ha habido dictadores comunistas que han ganado varias elecciones, pero claro que a través de un partido único, incontrastable y con reformas electorales previas a modo, al grado del absurdo que representa el despropósito de Daniel Ortega, de proponer la abolición de las elecciones para que la oposición no tenga la más mínima oportunidad.

Por lo que sucede en nuestro país, y tomando en cuenta que el morenismo cree que triunfa cuando triunfa Lula, sería conveniente empezar a hacer contrastes, y ahora me resulta importarte subrayar al menos un aspecto: 

Brasil es una potencia económica audaz, abierta al mundo, que no toma pleitos gratuitos con Portugal, como México con España; que ha hecho alianzas económicas, comerciales, culturales y políticas mundiales de carácter estratégico, apostando por el multilateralismo, a diferencia del provincianismo que padecemos aquí, a partir de la peregrina idea lopezobradorista de que más allá de Palenque todo es desierto. Esta es una imbecilidad de la que México se va a doler durante un largo periodo, a menos de que le demos la segunda vuelta a la Cuatroté.

Ante la derrota, el junior Bolsonaro se fue a vivir a Estados Unidos, pero no crean que sólo a rumiar sus penas, sino a suplicarle a Marco Rubio, secretario de Estado, le abra las puertas de la cueva del cavernícola Donald Trump.

Primera Vuelta 4 octubre : Lula – 45.16% y Bolsonaro 47.03%

Segunda vuelta 25 octubre , remontada histórica, Luiz Inácio Lula da Silva  51.79%

Flávio Bolsonaro 48.215

Lula gana para un cuarto mandato hasta 5 de enero de 2031 Partido del Trabajo

Partido Liberal de Bolsonaro