Los “problemas” que no dejaban gobernar a Giner Durán
Era la década de los sesenta y el PRI gobernaba a sus anchas. Eran los tiempos del autoritarismo represivo y aniquilador, y era también la época en que el dedazo brillaba en todo lo alto de un presidencialismo que no necesitaba tómbolas ni encuestas para elegir a su sucesor, sin “a”.
En 1962 transcurría el cuarto año del sexenio del carismático Adolfo López Mateos, vasconcelista y orador nato. Fue el tercero de la serie de mandatarios que no habían pertenecido a la milicia, pero que aun entonces le seguían entregando ciertos poderes civiles a miembros del Ejército.
Fue el caso del camarguense Práxedes Giner Durán, de ingrata memoria, pero con un historial de muchos contrastes, como pelear del lado de los rebeldes al gobierno de Porfirio Díaz, pasar por la División del Norte y al final luchar junto a Venustiano Carranza. Entonces alcanzó el grado de coronel, pero con el tiempo sería ascendido a general de división, años en los que ya compaginaba su carrera en la política, primero como diputado y enseguida como senador.
Con ese grado y con la venia del “señor presidente” fue que Giner Durán llegó como comandante de la Quinta Zona Militar en Chihuahua, en una especie de avanzada que era costumbre para los militares que a poco serían designados, al menos dos por sexenio, a las gubernaturas de sus estados.
Giner tomó protesta como gobernador, luego de “enfrentar” a su único oponente, registrado por el PAN, Cipriano Rubio Domínguez, nacido en Pearson (hoy Mata Ortiz), municipio de Casas Grandes.
El general Giner, abanderado del PRI, obtuvo el 76.96 por ciento de los votos, contra el 23.04 por ciento de Rubio González. Fue una elección “avasallante”, como todos los triunfos del PRI entonces: de 242 mil 748 boletas, el cien por ciento resultó en votos válidos.
No está demás recordar que el primer partido de Estado que ha tenido México se llevó 66 ayuntamientos. El ayuntamiento número 67, Gómez Farías, creado en 1951, no estuvo en disputa porque el Congreso local no renovó su alcaldía mediante el voto constitucional en esa jornada del 1 de julio de 1962.
Igual que todos los candidatos priistas de la época, en 1962 el PRI con Giner obtuvo “carro completo”, una nostálgica aspiración del oficialismo hoy en día, pero que comparativamente ese año obtuvo 23 por ciento más votos que López Obrador en 2018, y 17 por ciento más que Claudia Sheinbaum en 2024.
Los años sesenta fueron de revueltas y represión en la sierra contra los campesinos despojados de sus tierras por las grandes empresas madereras, protegidas por los gobiernos federal y estatal. Son años que pertenecen a la memoria de la infamia.
López Mateos instaló al camarguense en el poder en Chihuahua y dos años después llegaría a la Presidencia de la república el no menos autoritario Gustavo Díaz Ordaz. El general gobernador concluyó su sexenio justo un día después de la masacre del 2 de octubre de 1968, pero en Chihuahua ya había hecho lo propio en el asalto al cuartel de Madera en septiembre de 1965 y en años previos en las zonas forestales en disputa.
Hombre rudo y sin escuela, no le es justificable a Práxedes Giner su supuesto dicho al respecto: “¿Querían tierra? ¡Denles tierra hasta que se harten!”.
Con ese mismo talante, y con esa visión de entender su trabajo y su lugar en la historia del poder político de Chihuahua y del país, alguna vez el general respondió: “Es que los problemas no me dejan gobernar”.


