Jáuregui no debe ser candidato a nada
Cero y van dos. El cuestionado exfiscal de Chihuahua, César Jáuregui Moreno, reapareció después del escándalo de la presencia y muerte de los agentes de la CIA en el municipio de Morelos, y en un video deliberadamente artesanal lanzó el desafío de ir por la alcaldía de la ciudad capital del estado.
Había estado en receso obligado luego de practicarse el hara-kiri al renunciar a su cargo y así lavarle la cara a la gobernadora Maru Campos por los hechos por demás conocidos, no nada más aquí sino en la república entera. Este caso de paso también provocó la caída de su subalterno, encargado de Operaciones Estratégicas, Guillermo Arturo Zuany Portillo.
Como animal político hay que reconocerle que porfía para salir adelante de la telaraña en la que él mismo se metió. A la vez, si eventualmente obtuviera la candidatura del PAN y triunfara en la elección, todos los que vivimos aquí en este municipio estaríamos con la zozobra que implica el tener una autoridad que estaría caminando en las arenas movedizas de un posible enjuiciamiento penal que desestabilizaría a la sociedad capitalina.
Seguro estoy que a él eso no le importa. Su pragmatismo raya en el más burdo utilitarismo de equiparar poder y éxito, como si tal cosa tuviera sostén en la ética que se desprende, al menos, de la Constitución. Lejos está su comportamiento de apoyarse en el discurso de Gómez Morín, cada vez más desteñido héroe ideológico del panismo. A final de cuentas esto le importa poco menos que un comino.
Jáuregui Moreno es el prototípico hombre que exhibe cómo un partido con tradiciones democráticas y de honestidad se pudo convertir en el arma más poderosa para obtener puestos, privilegios, dinero ilícito. Bajo esta circunstancia, durante la época de César Duarte, amigo suyo, contribuyó como pocos a convertir al PAN en una pieza indispensable de la corrupción del priista.
En la misma cancha jugó la actual gobernadora de Chihuahua, lo que le valió empedrar, primero, el camino al poder municipal de la ciudad de Chihuahua, y después a la gubernatura del estado. La sumisión del Congreso local en esa etapa así lo acredita, y sobre todo dejar hacer y dejar pasar cuanto despropósito hubo en el diseño de los presupuestos públicos y en la aprobación de las cuentas públicas.
César Jáuregui, al igual que María Eugenia Campos, en el tiempo que ocuparon sus escaños en el Congreso local, disfrutaron de sendas dietas, de un generoso presupuesto asignado a la fracción parlamentaria del PAN, que manejaron con absoluta discrecionalidad, y convinieron con César Duarte un artero golpe al Poder Judicial a cambio de colocar a dos de sus amigos en un par de magistraturas del Tribunal Superior de Justicia, amén de otros puestos que se extendieron a un sinnúmero de recomendados que afectaron, por ejemplo, al Instituto Estatal Electoral, al Tribunal Estatal de Elecciones y a la Comisión Estatal de Derechos Humanos.
Pero insaciables, siempre exigieron más. Fue la época en la que recibieron millones de pesos de ilegales prebendas que se recibían en los sótanos de las oficinas públicas. Sé de cierto que al menos recibieron un poco más de 10 millones de pesos de manos de Jaime Ramón Herrera Corral, secretario de Hacienda, por órdenes directas de Duarte. Tuve los recibos autógrafos en mis manos, los vi auténticos, aunque luego, por otras triquiñuelas se desvanecieron, pero en realidad ahí están.
La impericia y oportunismo de Javier Corral para manejar este caso derivó en que se malograra la acción penal. El manejo faccioso y utilitario de la lucha anticorrupción que escenificó en este caso Javier Corral, defenestró por un lado a su favorito Gustavo Madero y entronizó a la gobernadora actual.
Hasta ahora no se ha hecho justicia por este delito; César Jáuregui logró derribar la barrera legal y obtuvo los premios de ser nombrado secretario de Gobierno y luego fiscal general del estado. Hasta aquí, cero y va una.
Ahora, luego de que se ha acreditado la ilegal presencia de agentes de la CIA en territorio chihuahuense, causa que se está investigando y por la cual ya declaró ante la FGR, nos permite deducir que Jáuregui está sujeto a una investigación que aún no se ha resuelto en definitiva, salvo que ya se haya pactado el famoso “aquí no ha pasado nada”. Como dijimos, tuvo que renunciar al cargo porque, al menos, algo no hizo bien, lo que le obligó a un impasse momentáneo en su búsqueda de la candidatura a la alcaldía de Chihuahua.
Recordemos que Jáuregui, al calor de la construcción de un seudo liderazgo en torno a la figura de Maru Campos, salió a la calle sin pudor alguno, a la usanza duartista, a apoyar a su gobernadora de los embates morenistas; y más allá de eso, a pesar de la evidente violación a las leyes, electorales incluso.
Es obvia la violación al Estado de derecho. Y quien viola la ley una vez, y otra más, hace tendencia de conducta para su futuro desempeño. Por eso los ciudadanos deben tener absoluta claridad de que Jáuregui puede alcanzar la candidatura, pero nunca la legitimidad para ser el gobernante de un municipio.
Por eso digo, cero y van dos.


