En el corazón de la duda
En el proemio de mi nuevo libro, En el corazón de la duda, que se presenta hoy en Casa Chihuahua, ofrezco, entre otras motivaciones, un recorrido por los libros y las artes que en sus muy variadas expresiones forjaron hombres y mujeres a quienes admiro no sólo por sus talentos, sino por el portentoso legado que han entregado a todas y todos y sellado mi propio camino en la vida pública de nuestro terruño.
No quiero abundar más porque este texto introductorio contiene las razones de su existencia y los hondos argumentos de su publicación. Con ello comparto el adelanto del libro que, repito, se presenta hoy en Casa Chihuahua a partir de las 7:00 de la tarde, con un ensamble musical que empieza a las 6:00 p.m. a cargo de Nina’s Soul, una sorprendente banda de jazz conformado íntegramente por mujeres.
Pasemos, pues, al Proemio:
“Quizás estas palabras sobren. Sólo expresan el deseo de exponer, con extrema brevedad, los motivos personales de esta mi escritura: se contiene en este libro el ejercicio personal de un lector que reacciona a algunas de las lecturas que le han ocupado, y algo más. Son, en parte, críticas de un político que no ha dejado de serlo porque esta actividad humana es esencial, por más envilecida que esté.
Pienso que detrás de este racimo de textos está el valor y la fuerza de quien escribe, porque no concibo la actividad de la política escindida de la cultura. Mi quehacer en varias latitudes del país se manifiesta compartiendo análisis, crítica, notas y breves ensayos de obras de autores que han llamado mi atención por la hondura con que abordan problemas que nos atañen, aunque parezcan muy remotos. Dejo a la bondad o a la franqueza de los demás considerar si he logrado la meta.
Aquí hay opiniones sobre sociedades en transición que han marcado la vida de naciones enteras, que también han cincelado vidas personales, más allá de lo que podamos imaginar como políticos actuantes en la vida pública de México, pero que idéntico nos pasa. Sólo se cambia el dramatis personae de la obra, el drama, la tragedia o la comedia, y ya estamos viéndonos en el espejo.
Cómo no tener en cuenta la mirada visionaria del gran sociólogo y filósofo político chihuahuense José Luis Orozco, quien tempranamente nos anunció que venía la demencial era que hoy padecemos con Donald Trump y sus raíces en la sociedad norteamericana.
La riqueza del pensamiento analítico de John Gray nos habla, coincidentemente, en parte, de la amenaza de los nuevos leviatanes, que ya asuelan al mundo.
En este libro también son temas la pintura, la música, el cine, el teatro y la correspondencia que, en manos de Toltstói, cambió el mundo; y hasta la vida de la imprenta y el periodismo mexicano que alentaron al liberalismo, a la vez que manchaba de tinta las uñas de los operarios.
Este año, 2026, en nuestro país se conmemoran dos cincuentenarios luctuosos de grandes mexicanos que nos legaron su extraordinaria obra. Cada uno vivió en su mundo, y aun así sostuvieron un memorable debate. Hablo de José Revueltas (1914-1976) y de Daniel Cosío Villegas (1898-1976) , a quienes desde hace muchos años me encuentro en mi escritorio de lectura y a los cuales debemos una polémica ejemplar por las consecuencias que todavía son objeto de análisis a partir de la publicación de La crisis de México (1946), de Cosío Villegas, y que armó gran revuelo. Ese debate tiene vigencia. Aunque ideológicamente distantes, fueron ejemplo de cómo se asume la crítica en el campo de los intelectuales públicos. Sin embargo, ni uno ni otro estará en el panteón de la Cuatroté.
El último texto de este volumen los menciona y comenta, sin mayores pretensiones. Pero dos cosas de ellos llaman mi atención: la obra revueltiana, vasta y diversa, con todo y lo que significa para la izquierda mexicana, pasó negligida en su jubileo. Al gobierno de la Cuatroté no le interesó en la magnitud que era imaginable. Quizás el filo de sus críticas aún le duele al oficialismo actual porque el modelo de democracia que propuso Revueltas al final de su vida no haya embonado con la autocracia galopante que nubla la república, si así se le puede llamar aún.
Las ideas de Cosío Villegas tampoco, dada la pugnacidad enconada y polarizante por hacer del ideal del sistema democrático una caricatura que se abría paso para caminar en dirección a algo tan cretino y adverso a nuestra herencia liberal, con todas sus herramientas de control de poder y la centralidad que le reconocen las y los ciudadanos. Y hoy el liberalismo político tiene mucho que aportar.
Algo más. El libro se anuncia bajo la advocación de Michel de Montaigne, al que de un tiempo acá le quemo incienso en uno de sus templos. Por eso preciso: no porque sea un escéptico contumaz —a René Descartes lo alejé, desgraciadamente, de mi atención en mi temprana juventud— sino porque la obra de aquel me condujo a certidumbres tangibles: hacer hasta lo imposible, hasta el límite del último gramo de energía que como ciudadanos mexicanos tengamos a la mano contra la galopante destrucción del país. Y que conste en actas que sigo siendo de eso que se llama izquierda. Bajo su bandera le he pedido a miles de ciudadanos el apoyo para la construcción de un sistema democrático y no creo que sea el momento de abandonar el alto propósito. Siempre lo tengo presente cuando, como político, leo obras consagradas que sólo en apariencia nos son distantes.
Por eso no busco —ni desprecio— la sutileza del argumento, cuando lo haya. Llegó la hora de re-cordar (recordari, del latín “volver a pasar por el corazón”), de hablar con la firmeza al corazón de los demás y desde mi propio corazón. Dirán que es cosa de viejos. Y es cierto, pero no es menos válido”.


