Maru Campos: usos y abusos de la prensa
Se duele del centralismo y de todo lo que se cocina en la Ciudad de México, pero la gobernadora de Chihuahua, María Eugenia Campos, no perdió la oportunidad, esta semana, de hacer una gira completa de medios en la capital de la república. Tuvo entrevistas a modo con Alejandro Cacho, Ciro Gómez Leyva, Joaquín López Dóriga, entre otros, que me hacen suponer que se desplegaron bajo los estímulos de la subvención. No sería la primera ni la última vez.
El manejo de estas entrevistas es levantar a una gobernadora que cae ante un auditorio nacional y obtener la ventaja de ir ocupando un liderazgo nacional del que inocultablemente carece el Partido Acción Nacional. Es la historia de siempre: un gobernante chihuahuense que brilla en la capital pero en su tierra es opaco, o como dice el conocido refrán, candil de la calle, oscuridad de tu casa. Asó lo hizo César Duarte, y asó lo replicó Javier Corral.
En Chihuahua hay una prensa al uso del antiquísimo régimen autoritario, que vive del presupuesto público y que se caracteriza por ser la voz oficial –casi única– en todo lo que tiene que ver la gestión pública, y sobre todo con la dirección política por la que se paga, y se paga bien.
Esta columna se publica en La Verdad Juárez porque este medio es una excepción en el ejercicio libre de la libertad de expresión, por su independencia y contenidos plurales y críticos.
Dejo esta constancia para contrastar comportamientos de las empresas periodísticas que cuidan sus propias arcas en franco demérito de las audiencias. Aquí incluyo lo mismo a prensa escrita que a radio, televisión y portales digitales.
Veamos algunos hechos: la gobernadora Campos Galván jamás da una rueda de prensa en forma ante los periodistas que la cuestionan, a pesar de que los reporteros (a quienes se les impide desplegar sus propios talentos) sean parte de empresas pagadas y censuradas para que nada más se escuche y lea la voz oficial local.
Esto significa que hay un desprecio rotundo que viene lastrando el desarrollo político de la entidad. Maru Campos no puede presumir que aquí haya libertad de expresión y mucho menos el componente de una opinión pública bien informada, rigurosa por el reconocimiento de los hechos, y libre por lo que se refiere a las opiniones que dichos hechos puedan provocar.
Ya hemos dicho que la gobernadora siempre se refugia teniendo a sus espaldas una puerta por donde escabullirse y darse la fuga para no contestarle a la prensa local prácticamente nada, siempre con un termo de café (eso se supone) en la mano, y lanzando meras puyas superficiales que denotan su beligerancia. Vayan unas perlas: que chinguen a su madre Los Tigres del Norte; Corral no tiene pantalones, se escuda en las faldas de MORENA; he resistido, mi causa es Chihuahua… etcétera, etcétera, etcétera.
En cambio, en la Ciudad de México se sienta en la mesa de los periodistas a explayarse en sus entrevistas y hasta se da el lujo de dirigir al set. Allá sí, acá no. Y declama como mantra “mi causa es Chihuahua, mi causa es Chihuahua…”. Quizás allá en la capital del país no lo sepan, pero aquí hay datos duros que denotan el atraso y mal gobierno que se ejerce en muy diversos campos, como la seguridad, el empleo, la quiebra financiera, y el inocultable desgaste de su forma de hacer política, que ha colapsado al PAN y a su raquítica clase política. Se puede decir que ni siquiera tiene idea de cómo estar a la hora de su sucesión, inminente.
Fraseología barata es la que se advierte allá, frente al silencio local.
El debate central se ha trasladado sin tener en cuenta lo esencial en relación a la acción de la CIA en el estado de Chihuahua. Se le cuestionó a la gobernadora si había incurrido en traición a la patria, y con ligereza y falta de respeto por las audiencias, Maru contestó que ni siquiera ha leído el Código Penal en esta delicada materia. Pero insiste en defender “su causa Chihuahua”, como si se tratara de una república aparte.
La semana pasada y con fines pedagógicos, pero también políticos, desglosé el tipo legal del delito que se refiere a la traición a la patria. Sin más pretensión que el desglose formal, encontré que hay un resquicio para sustentarlo y que corresponde a las autoridades competentes investigarlo y eventualmente fincar responsabilidades y sanciones.
Ahora quiero enfatizar el aspecto político trascendente de este asunto. Ningún estado de la federación mexicana (por más centralista que parezca ahora) debe ser la ventana por la que entren las agencias norteamericanas a territorio nacional, y eso debe preocupar al gobierno central, haciéndose cargo de la gestión contra el crimen organizado enquistado en la las administraciones de MORENA. Soberano es un país que empieza por resolver sus problemas internos, sin dar pábulo de que los gobiernos locales se tornen gestores del imperio.
La Constitución es clara en cuanto al procesamiento del juicio político, que la dirección nacional de MORENA pretende. Si ese juicio se va intentar, ya existen las condiciones institucionales; no se necesita de la obtención de firmas casa por casa, porque eso huele a electoralismo barato y, por si no lo han observado, al mejor caldo de cultivo para que gobernantes como Maru Campos brillen en el foro nacional, como ahora lo intenta en los medios.
La despreciada prensa local, a pesar de recibir el embute, calla y se autohumilla. Allá en México los Alejandros Cacho le prestan el servicio sin contextualizar hechos y con el sólo afán de proyectar falsos liderazgos como el que le construyen a la gobernadora de Chihuahua.
Esto calentará la caldera local, elevará la presión electoral y muy probablemente genere discordias, enconos propicios para que la política se degrade y no se le den oportunidades a la democracia ni a los mecanismos consagrados que la hagan posible.


