Columna

Centenario del ‘Calendario Galván’ con pronósticos al estilo de López Obrador

Todavía en mi infancia era frecuente encontrar al interior de las casas del vecindario el Calendario de Galván. La escasez de libros era superlativa, pero ese viejo almanaque menudeaba en los rincones de esas casas. Mis mayores lo consultaban con una dedicación religiosa, parecida al cotidiano rezo del rosario.

En un país carente de lectores, llama la atención cómo este calendario, impreso en un volumen de características rústicas, alcanzaba tirajes por decenas de miles, cuando los de obras de mayor calado intelectual apenas superaban el número de quinientos. La familia Galván enriqueció con la venta anual de este volumen. 

En tiempos en que la Cuatroté puede volver a colocarlo como best seller, veo pertinente dar una breve noticia:

Este año cumple cien años de su primera edición. Su utilidad se contraía a recapitular el santoral, hacer previsiones meteorológicas, fenómenos astronómicos como eclipses y fases lunares, hacer el cálculo de la Semana Santa, las efemérides, festividades cívicas y religiosas y oraciones católicas. Además incluía cómputos anuales, predicciones meteorológicas no científicas y estadísticas varias que se usaban mucho en el ámbito rural para sus actividades agrícolas.

Pero cuando se utilizaba para trazar mapas a la vida cotidiana, fallaba, a grado tal que se acuñó el famoso refrán de “eres como el Calendario de Galván: anuncia lluvia y sale el sol”. 

Recuerdo esto porque leí en estos días un artículo al respecto del escritor Manuel Gutiérrez Nájera (a decir de la crítica, el más grande poeta del siglo XIX mexicano) contenido en Obras, antologadas por José Luis Martínez, que cuenta con un estudio preliminar digno de leerse, cuya primera edición estuvo a cargo del Fondo de Cultura Económica en 2003.

Despierta el humorismo crítico de Gutiérrez Nájera cuando nos dice cosas como esta: 

“Cuentan que cuando el MÁS ANTIGUO escribía en su casa el Calendario (bien se entiende que es de hechura doméstica) pronosticaba, pongo por caso, un aguacero para el cuatro de junio.

—Papá —le decía alguno de sus hijos—, ¿qué santo es el 4 de junio?

—Día de Corpus.

—¡No, papá, que no llueva!… Acuérdate de que tenemos tamalada…

—Está bien.

Y escribía: Tiempo sereno”.

Cualquier parecido del Calendario Galván con la hechura de historia de López Obrador, es una muy desafortunada coincidencia, y se empata con sus predicciones de arribar a Dinamarca en materia de salud, que tampoco se cumplieron. 

La diferencia es que Galván no fue presidente.