Campañas anticipadas: ante el silencio institucional, partidos violan las leyes
El pasado fin de semana los partidos políticos mostraron el siniestro rostro de su pragmatismo. El partido gobernante en Chihuahua, encabezado por María Eugenia Campos, se trasladó a la Ciudad de México a una reunión nacional que, se suponía, iba a lanzar iniciativas novedosas rumbo al 2027, que tendrá una gran cantidad de elecciones estatales y municipales.
El PAN nacional no cumplió con las expectativas que anunció y realmente no hubo propuestas de fondo que permitan hablar de un viraje, ofertar como cambio que este partido se abra a candidaturas ciudadanas. Pero no es la primera ni la última vez que se escucha esto como una promesa, que en automático se desvanece, si vemos a la clase política ahí instalada jugar el papel protagónico.
A lo sumo sería la pretensión de que se vaya en auxilio de un partido que está naufragando, por una complicación adicional: es muy probable que Vamos México obtenga su registro partidario, y en esa alternativa están involucrados panistas destacados, de renombre, algunos impresentables como Gustavo Madero, y es inocultable que le harán la competencia al PAN, debilitándolo; porque además, por tratarse de partidos en proceso de creación, carecen del derecho a aliarse porque tienen que pasar por el filtro de un número de votos indispensable para su refrendo y registro definitivo en la primera elección que participen.
Con la gobernadora acudieron a Ciudad de México los líderes que dependen de su mando y patrocinio, y algunos buscadores de poder. La clase política panista pasa por un momento difícil, de crisis, que afecta la gobernanza del estado cuando sus figuras, que están a la palestra, dividen su tiempo entre las responsabilidades públicas que francamente han abandonado y las tareas electorales para asumir candidaturas. Es el caso de Marco Bonilla, César Jáuregui, Gilberto Loya.
Pero lo relevante en el momento fueron sendos actos en MORENA. Uno que encabezó en la capital de Chihuahua el alcalde juarense Cruz Pérez Cuéllar; el otro de la senadora Andrea Chávez en aquella frontera. Ambos buscan la candidatura al gobierno del estado de Chihuahua en la elección del próximo año.
A diferencia de lo ocurrido con el PAN, en el refugio intramuros MORENA ha caído en una rijosidad y ambiciones malsanas que es muestra de las grandes divergencias que empiezan a salir a la escena pública. Eso por una parte; por otra, el desprecio profundo por la legalidad, ya que tanto Pérez Cuéllar como Chávez están realizando campañas abiertas, como si las elecciones constitucionales estuvieran a la vuelta de la esquina, cuando aún falta más de un año para que eso suceda.
Han iniciado sus campañas violentando el Estado de derecho y se muestran el filo de sus dientes cada vez que pueden los pretendientes a la preciada candidatura. Un pleito que puede ser de antología por sus resultados, por los disensos y por el ahondamiento de las divergencias que empiezan a aflorar.
Como ansiosos del poder, recurren ambos personajes a un lenguaje simbólico, representado por los políticos de fuera que real o virtualmente los acompañan a esta hora de definiciones. Andrea Chávez piensa que por rodearse de senadores, es decir de sus colegas, lanza un mensaje a los chihuahuenses, cuando en realidad el mensaje es al interior de su partido, en una etapa en la que la política bajuna es lo que puede definir su candidatura.
Andrea Chávez se asume como un “relevo generacional”, pero en esencia está recurriendo a la vieja y anquilosada política, al más puro estilo del viejo PRI, y rubrica la escena el que el poblano Ignacio Mier venga a levantarle del brazo. Mier tiene intereses propios de un hombre de negocios, con intereses empresariales muy específicos, que no ha mucho era un fiel militante del truculento PRI de Puebla. Bonito relevo generacional.
En la misma línea rondó el espectro del defenestrado senador y mentor de la novel política juarense, Adán Augusto López. Recibir además el aval del corrupto y camorrista Gerardo Fernández Noroña es empezar mal, sumado a que este inicio violenta la ley electoral.
En su oportunidad el chapulín Cruz Pérez Cuéllar mostró más músculo. También violó, como ya es su costumbre, la ley electoral, porque se presumió como un candidato en campaña abierta. “Destape informal” se recogió en la prensa, en donde se reportó el acarreo de juarenses hasta el Centro de Convenciones de Chihuahua donde ocurrió el evento. ¿De dónde sale el dinero para estas actividades?
Tanto este como Andrea Chávez le ven la cara a Chihuahua autonombrándose “futuros coordinadores de la Cuarta Transformación”, con cuya denominación quieren disfrazar sus candidaturas y campañas abiertas. Saben que violan la ley, pero insisten en hacerlo, en una coyuntura en la que, por otra parte, se empeñan en reformas electorales austeras, supuestamente.
El PRI, rezagado, también hace lo propio, jugando un rol marginal con Tony Meléndez y Alejandro Domínguez, y hasta copian estilos porque sus candidatos quieren presentarse en esta etapa como “defensores de México”, en un ejercicio de igual simulación.
Esta entrega no puede terminar sin hacer un comentario del tono y modalidad que va a emprender Cruz Pérez Cuéllar: la arenga fácil, la adulación a modo de su auditorio, pero sobre todo la desmesura de presentarse como un posible candidato que va a venir a luchar en contra de la corrupción en Chihuahua. (De risa).
Finalmente, el Instituto Estatal Electoral se muestra inerte, ve que la ley se viola cotidianamente y no hace absolutamente nada. Presagio de una crisis alentada desde el mismo poder.


