Columna

Disputa MORENA-Maru no le da oportunidad a la política ni a la democracia

Ariadna Montiel, presidenta nacional de MORENA, empezó su gestión con el pie izquierdo en Chihuahua. El análisis de los sucesos del fin de semana no se puede quedar en la guerra de cifras de los asistentes. Habrá de todo: quienes minimizan y quienes los elevan exponencialmente.

Conviene, en honor a la verdad, ahondar en un análisis cualitativo. En lo particular no desprecio los números, aunque de ellos se desprendan conclusiones que no dejan lugar a dudas.

No olvidemos que Ariadna Montiel recién ha descendido de la poderosa Secretaría del Bienestar, instrumento principal del clientelismo al servicio del oficialismo actual. Por sus manos han pasado los padrones de cuantos reciben algún beneficio asistencial o pecuniario y que además se emplean como eficaz instrumento para las movilizaciones.

Por otra parte, en manos del morenismo, por su calidad de movimiento anclado en la administración pública federal, y por tanto del Estado, está una fuerza de relaciones sociales de gran magnitud.

Ambos criterios, aunados al esponteneísmo (salir a la calle de manera libre y desinteresada porque se participa de una causa) me sirven para decir que la movilización sabatina se quedó muy por debajo de las expectativas que propagandísticamente crearon en derredor de una movilización que se pensó para dar el mensaje de que Chihuahua, cuna de insurgencias electorales y de otro corte, sería la preciada manzana que caería en 2027 en manos de MORENA.

No fue así, y de manera innecesaria, a mi juicio, la señora Montiel empezó con el pie izquierdo, aunque este concepto le resulte muy agradable, pero no en este caso.

Los discursos estuvieron precarios para un evento como el que se prefiguró. A la señora presidenta del partido le hacen falta unos cursos en la materia, y fue una falta de pericia, abrumadora, hacerse acompañar del junior Andy López Beltrán. Pero, a final de cuentas, cada quien hace las cosas a su manera.

De paso, pero muy importante, habría que recomendarle a la senadora con licencia, Andrea Chávez, que estudie un poco más la historia de los movimientos sociales en nuestra entidad para que tenga un buena vara con la cual medir las manifestaciones de Chihuahua. Le recordaré tres o cuatro ejemplos que harían palidecer la marcha del pasado sábado:

El gran apoyo que recibió la Revolución cubana al inicio de su triunfo en La Habana en 1959; las grandes movilizaciones estudiantiles que hubo desde 1968 a 1973; el histórico Primero de Mayo de 1972, cuando el CDP de entonces desplazó a los “charros» sindicales en las calles de Chihuahua; la enorme movilización para rescatar al profesor Antonio Becerra Gaytán de una desaparición forzada por Díaz Ordaz; el llamado “Verano caliente del 86”; y no me quiero ir muy lejos: cualquiera de las últimas tres movilizaciones del 8 de Marzo superan en número, espontaneidad, indignación, vibración y energía a lo que Chihuahua vio el sábado pasado. Quizás esto lo vea la senadora por encima del hombro porque no está en la causa de las mujeres.

También hay déficit: no es correcto, desde ningún ángulo, obstruir el libre ejercicio de la manifestación pública, ni emplear las paredes de los edificios gubernamentales con mensajes del propio gobierno y desde una posición partidista. Mucho menos la discriminación, el racismo y el clasismo con que los defensores de la gobernadora Maru Campos actuaron contra el morenismo.

Todos los mexicanos tenemos derecho a manifestarnos en cualquier punto de la república en favor de las propias convicciones. También se llevó a escena un regionalismo trasnochado y desprecible.

Bien pensadas las cosas, había otras formas de encarar el desafío que se lanzó. Pero insisto, cada quien hace las cosas a su manera.

No olvidemos que lo que vimos de uno y otro lado es altamente preocupante. Es fácil siempre recurrir a catalogar como “fascista” lo que hacen estos bandos en presencia. Pero también vimos agresiones desmesuradas que nos hacen pensar que no se le está brindando a la política ni a los mecanismos democráticos la mejor de las oportunidades. Hay desesperación que lleva a la violencia. Pero lo que sí podemos hacer es ver cuándo inician estos procesos pero no cuándo terminará en tragedia.

Quienes han impulsado la polarización son los principales responsables del encono que se tradujo en violencia, como la que observamos cuando un morenista patea, frente al edificio de un diario, a un disidente, al parecer de la tercera edad.

El país vive una erosión de las instituciones, inocultable y de consecuencias muy graves hacia el futuro. La presidenta Sheinbaum ya se arrogó un tribunal inquisitorial para catalogar de “mentiras periodísticas” a la crítica y al disenso que de manera natural concita su ejercicio gubernamental. Algo que ya se veía venir con López Obrador, e inadmisible en una persona que se dice y asume como científica y que como tal ha de amar la verdad.

La erosión institucional es más que evidente. La posibilidad de iniciar el desafuero de la gobernadora María Eugenia Campos por la intromisión de agentes de la CIA en Chihuahua, tiene cauces a los que se puede recurrir constitucionalmente: hacer la petición formal, turnar al Congreso local, aportar las pruebas y evidencias, y por la naturaleza del caso, emitir un fallo que, si bien debe estar ajustado al derecho, tendrá una naturaleza esencialmente política. Por eso a esa instancia se le llama así, “juicio político”, institución que, dicho sea de paso, no ha tenido la vigencia o positividad que todos piensan que puede tener.

Pero la señora Montiel piensa de otra manera. Quiere levantar firmas casa por casa para pedir ese juicio político, cuando MORENA tiene a los senadores que pueden desencadenar ese juicio ya, en este instante. Y aquí volvemos al principio de este texto: tiene los padrones del Bienestar en sus manos y por tanto la posibilidad de ir armando un golpe preelectoral contundente para alfombrar el camino al 2027. Insisto, cada quien hace las cosas a su manera, pero paga las consecuencias.

A mi juicio otro de los saldos que dejó la movilización morenista del sábado fue que demostró la pobreza de los liderazgos de Cruz Pérez Cuéllar y Andrea Chávez, que aspiran a ser “coordinadores de la cuarta transformación” en el estado, subterfugio con el que denominan a candidatos reales en campaña desde hace dos años.

Ambos actores demostraron que si algo tienen es ausencia de capacidad de convocatoria. Y no me pregunten por una Brighite Granados, que siendo la presidenta estatal de MORENA, simplemente está ausente del desempeño de su papel regional. Cada quien a su manera.

La lección y reto que nos deja la marcha que se comenta, es construir una alternativa ciudadana para encarar una difícil circunstancia en la que una clase política podrida sólo sabe disputar por el poder, bajo la divisa siempre oculta de que trata de medrar del patrimonio de toda la sociedad.