Columna

José Miguel Insulza, exsecretario de la OEA, deplora que Latinoamérica no tenga una sola voz

Estuvo en Chihuahua el distinguido político, académico y diplomático chileno José Miguel Insulza Salinas, hombre clave en la historia de la Organización de Estados Americanos (OEA) de la cual fue secretario general de 2005 a 2015.

La Universidad Autónoma de Chihuahua (UACh) le dio hospedaje para que dictara una conferencia que organizaron coordinadamente las facultades de Filosofía y Letras, Derecho y Ciencias Política y Sociales. 

Aparte, el exsecretario general de la OEA tuvo una agenda privada en la que se reunió con los exgobernadores chihuahuenses Fernando Baeza Meléndez, Patricio Martínez García y José Reyes Baeza. En esta reunión estuvieron algunos alcaldes y es de conjeturarse que hubo un interesante intercambio de opiniones que repercutirán en el quehacer político local. De alguna manera los cuestionamientos en la conferencia sobre populismo, nacionalismo y autoritarismo así lo hacen suponer. 

El doctor Insulza Salinas dictó una brillante conferencia respaldada, en primer lugar, por su preparación profesional y en la experiencia que le ha dejado su paso en la política interior de Chile, donde ha sido un protagonista de primera línea; pero sobre todo por su vasto y directo conocimiento de las relaciones internacionales, particularmente las de nuestro continente latinoamericano y del Caribe.

No pudo ser más oportuno el título de su conferencia, “Relaciones Estados Unidos – América Latina en el contexto de la presidencia de Donald Trump”, ya que esta empezó recordando aquella declaración del mandatario norteamericano en el sentido de que Latinoamérica no le importaba, lo cual contrasta con la peregrina idea de López Obrador de solicitar que “vuelva el primer Trump”.

La conferencia abarcó una amplia gama de temas de esas relaciones que me limitan hacer una exposición más amplia en este espacio. Pero vale la pena recordar que expuso una visión del multilateralismo más realista, porque este, que siempre será una opción, sobre todo para economías como la mexicana, choca con el momento trumpiano en el que se desprecia absolutamente al derecho internacional, mostrando una realidad indiscutible: no todos los estados son iguales. 

O sea, el peso de los grandes prevalece en los organismos internacionales como la ONU, donde el Consejo de Seguridad, integrado por una élite de cinco países (Estados Unidos, China, Rusia, Francia e Inglaterra), tiene derecho de veto, y con ese mecanismo bloquea resoluciones fundamentales, especialmente para conjurar guerras y construir la paz entre los países. En este terreno se escucharon de su boca a Ucrania, Palestina e Irán. 

Y es cierto, para un presidente como Trump las consagradas reglas –prácticas y teóricas– del derecho internacional, no valen nada; han sido sustituidas por la amenaza y el chantaje. Y cuando digo amenaza me refiero a hechos consumados.

Se advirtió que hoy en el mundo existen solamente dos superpotencias: Estados Unidos y China. Se habló del rezago de Rusia (producto del derrumbe del Pacto de Varsovia), del campo socialista y de la otrora poderosa Unión Soviética, que redujo su poderío nuclear, herencia que obtuvo la federación rusa.

Aleccionadora me pareció la descripción que hizo Insulza de cómo trató el gobierno chino a Donald Trump durante su reciente visita a Pekín. Fue una diplomacia tersa en la que no se dijeron absolutamente nada, y la palabra “aranceles” estuvo ausente de la conversación. Dos agujas que no pueden picarse.  

Cuando abordó la agenda latinoamericana y del Caribe, el tema obligado fue Cuba y sus dificultades para insertarse en las cumbres americanas, sobre todo las que convoca Estados Unidos. Y tocó la llaga, que siempre se evade: en este continente, al sur del Río Bravo, hay dos gigantes económicos representados por México y Brasil; pero la región, sin despreciar a ningún estado, no tiene una sola voz, unificada, y está lejos de llegar a tenerla, no obstante las experiencias positivas que hay en otras latitudes, por ejemplo en la Unión Europea.

No se ha levantado el liderazgo de una voz que represente los intereses de Latinoamérica, y por eso la ligereza del lenguaje de Trump, para el que habría tiempos diferentes si el continente llegara a consensos, ahora que el mundo se divide en varias potencias, aunque existan dos hegemónicas. 

Para mi gusto, el doctor Insulza Salinas, al contestar las interrogantes de los directores de las facultades convocantes, fue más que diplomático; no se quiso meter en camisa de once varas en los tiempos que corren de gobiernos morenistas, aún cuando proviene de experiencias políticas cargadas hacia la izquierda.

Ojalá se sigan celebrando eventos como este en la UACh, donde a veces parece que reina el silencio.