Columna

Cultura: somos pequeños y nos empeñamos en ser menos

El pasado jueves 23 de abril estuvo en Chihuahua Román Revueltas Retes, hijo del famoso escritor José Revueltas, para dirigir a la Orquesta Sinfónica del Estado de Chihuahua. El evento se realizó en la Sala de Ensayos anexo al edificio que ocupa la Secretaría de Cultura.

Contó con un aforo total, lo que habla del interés por escuchar parte de lo más notable de la música clásica. La asistencia demostró que hay una creciente audiencia de jóvenes y adultos que permite tener una visión de optimismo sobre los niveles culturales de la ciudad de Chihuahua.

Lamentablemente hay ausencias en términos de logística, organización y algo de rigurosidad a la hora de plantear los escenarios y la difusión misma de los eventos. Los músicos se desempeñaron con alto nivel de profesionalismo. Empero, hay un déficit que debe señalarse. 

En primer lugar, y dada la presencia del distinguido director invitado, el espacio lejos estuvo de ser el más idóneo, teniendo un par de teatros ubicados a unos cuantos pasos que hubieran hecho del concierto una experiencia más fecunda. 

Ahora ya no se entregan programas de mano que permiten a los asistentes al menos tener una noción biográfica de los autores de las obras, y sobre todo una guía para ir documentando el desarrollo del concierto y se aprecien cada una de las piezas que se van ejecutando. 

La excusa es que después de la pandemia los programas de mano se han dejado de lado y han sido sustituidos por un código QR que muchos buscaron pero nadie encontró; aparte de que un buen número de asistentes no llevan un celular, y cuando lo portan, son exhortados a que los mantengan apagados.

Entiendo que algunos de los melómenos son gente culta y conocen las obras de los diversos autores interpretados, pero no es la generalidad.

Al final del concierto indagué la autoría de las piezas que se tocaron y encontré que fueron estas: la Obertura Trágica, Op. 81 de Johannes Brahms, Finisterrai, concierto para trompeta y trombón de Ricardo Mollá, y Sinfonía número 1, Op. 38 “Primavera” de Robert Schumann.

Por mi parte, asistí a este concierto con el interés de saludar al director invitado, Román Revueltas Retes, entre otros motivos para comunicarle que aquí en Chihuahua realizamos un homenaje en días previos a su señor padre por el Cincuentenario de su fallecimiento. Tuve la oportunidad de saludarlo y expresó su gratitud por ese homenaje, y lamentablemente no hubo un espacio mayor para comentar más a fondo este reconocimiento. 

La omisión más grave, además, es que se pudo haber aprovechado el concierto para hablar de familias notables para la cultura mexicana, pues en el caso de don Román su prosapia alcanza a los Retes en la que figuran actores y directores de cine y teatro.

En otras palabras, se pasó por alto esta oportunidad, habiendo más que sobrados motivos. 

Por eso digo que somos pequeños y nos empeñamos en ser menos.