Sartre y Beauvoir: otras ausencias de abril
Las conmemoraciones que se realizaron esta semana en varias partes de México por el Cincuentenario Luctuoso del escritor José Revueltas puso en segundo término el recuerdo de otras fechas importantes, como la de Simone de Beauvoir y de Jean Paul Sartre, pilares del feminismo y del existencialismo, respectivamente.
Sartre murió el 15 de abril de 1980 y Beauvoir seis años después, casi el mismo día, el 14 de abril de 1986. Indudablemente formaron una pareja fuera de lo ordinario, aún para nuestros tiempos. Su pacto de sostener una “relación abierta” no afectó su relación emocional y, mucho menos, la intelectual.
Las biografías de cada uno son intensas. Quienes estén enterados de la trayectoria de ella recordarán que Simone vivió en una familia tradicional y conservadora. Su padre, machista de la época, lamentó que Simone no hubiera nacido varón, pero poco a poco sustituyó ese sentimiento por otro igualmente patriarcal: el orgullo, al grado de apodarla “cerebro de hombre”, debido a su “intelecto precoz”.
Por influencia de su madre, tan creyente, Simone vivía fervorosamente el catolicismo y hasta pretendió en algún momento ser monja. Muchos años después, se convertiría en una de las feministas más influyentes de la segunda mitad del siglo XX, apoyando la legalización del aborto en su país, Francia, donde llegó a confesar que ella misma se había practicado uno, exponiéndose a ser denunciada penalmente.
La vida de su pareja, el filósofo y marxista francés Jean Paul Sartre, columna y exponente del existencialismo, está lleno de anécdotas. Una de las más famosas es la de no acudir a recibir el Premio Nobel de Literatura en 1964 bajo el argumento de “no comprometer” su independencia y acusar al comité organizador de “premiar sólo a escritores occidentales y no a revolucionarios”.
Otro dato curioso, quizá menos conocido, es cuando acudió a una cafetería y solicitó una mesa para dos, a pesar de llegar solo. Intrigado, el mesero le cuestionó al respecto. Y Sartre le respondió que la ausencia es tan significativa como la presencia, y la silla vacía le recordaba lo que ya no estaba.
Su respuesta, tan lacónica, era en realidad un reflejo de su pensamiento sobre el ser y la nada, título de una de sus obras filosóficas más influyentes.
Se trata de dos personajes que asumieron un compromiso con su propio quehacer y han trascendido hasta nuestros días por su pensamiento, su obra y sus propuestas e ideas que aún siguen siendo objeto de estudio no sólo en las academias sino en los círculos intelectuales informales.
No sólo por su legado y su ausencia en abril, sin duda se trata de un par de efemérides que no han de pasar desapercibidas para la humanidad.


